Tras vencer en la batalla de la implantación en Siero de la cadena internacional de hipermercados, Costco, Ángel García, ‘Cepi’, se lanza a ofertar suelo para que se ubiquen en el cuarto municipio asturiano (cuarto por población, pero en extensión gana Siero a los tres primeros) las universidades privadas. El alcalde socialista más liberal de Asturias, más empeñado en generar actividad económica para que aumente el empleo, asegura que tiene 15.000 metros disponibles «para mañana mismo». La parcela se encuentra al lado del polígono de Bobes, donde está situada la superficie logística de Amazon. Si en Siero hubiese un alcalde socialista convencional, Amazon no se habría instalado en ese polígono. No digo que ‘Cepi’ se haya bastado él solo para traer a la empresa líder mundial en comercio electrónico a su municipio; el entonces vicepresidente del Gobierno, Juan Cofiño, jugó un papel clave, también colaboraron las cámaras de comercio, pero con un alcalde socialista tradicional se aplicaría el procedimiento (proyecto técnico, estudio de impacto ambiental, autorización ambiental integrada, estudio de seguridad y salud, informa de compatibilidad urbanística, etc.) varias veces, con largos silencios y rodeos. En conclusión: nunca se hubiera instalado Amazon.
Pese a la cuña que ha metido la Universidad de Oviedo para impedir el desembarco de las universidades privadas reclamando al Gobierno regional un análisis de los proyectos porque pueden causar un «perjuicio» a la Universidad de Oviedo (por cierto, es muy curioso el tándem que forman el equipo rectoral del alma mater, con IU, contra el intento de ampliar la oferta académica), lo cierto es que, como recordaba el alcalde, «si vienen es porque hay demanda».
Ese es el elemento central de la controversia. Si las universidades privadas son caras y la Universidad de Oviedo es gratuita (es más cara que nunca para los ciudadanos que la financian con sus impuestos), no se entiende que triunfen por toda España. El argumento de la facilidad con que se sacan los títulos en las privadas no rige en estos tiempos donde hasta el Consejo Social de la Universidad de Oviedo vela por que los suspensos no superen un determinado porcentaje. Tampoco se entiende el doble discurso de los responsables académicos de la universidad pública, diciendo por un lado que las privadas tienen una calidad muy baja, pero, a la vez, utilizan todos los recursos a su alcance para que no puedan competir. Cualquier cosa menos perder el monopolio.