El presidente del Gobierno se desplazó a Infiesto para clausurar la II Estrategia Nacional para la Equidad Territorial y el Reto Demográfico. Detrás de ese largo enunciado se esconde el declive demográfico que padecemos, especialmente, en las regiones del noroeste español, aunque en los tres últimos años disfrutemos de una tregua con la llegada en masa de inmigrantes, que huyen de países, como Venezuela o Colombia, donde la vida y la comida son inciertas.
Pedro Sánchez señaló la conectividad, tanto digital como física (transporte), como elemento clave para garantizar la equidad entre la vida rural y urbana. Suministró un dato revelador: el 85% de la gente del campo no es usuaria habitual del transporte público, porque no existen suficientes líneas que comuniquen los pueblos con las ciudades, villas, hospitales o centros de enseñanza de referencia o lo hacen en horas inapropiadas.
Ahora bien, cuando se pasa de los discursos a la realidad cotidiana habría que preguntarse cuánto costaría ofrecer medios de transporte a los 6.900 núcleos de población que hay en la región. El líder socialista puso como objetivo mejorar el acceso a servicios esenciales y reducir el aislamiento. Si el teletrabajo es una herramienta suficiente para ganarse la vida, el cuadro estaría completo, pero me temo que no es tan fácil convertir toda la actividad presencial en trabajo a distancia.
La exposición del presidente tuvo una dimensión utópica, al afirmar que nadie tiene que elegir entre «sus raíces y el futuro». «Quedarse (en el pueblo) o volver al pueblo no tiene que ser un reto heroico». Desde los tiempos más lejanos la gente se desplaza en búsqueda de trabajo. Tras la revolución industrial la movilidad aumentó exponencialmente. En este siglo solo una reducida minoría nacerá, se reproducirá y morirá en el mismo lugar. En los cinco continentes hay un fenómeno imparable de crecimiento de las grandes ciudades.
En España hay diecisiete aglomeraciones urbanas que contienen la mitad de la población de la nación. No dibujemos escenarios ilusorios. Pedro Sánchez habló del cambio de tendencia, gracias al esfuerzo conjunto del Gobierno central y algunas comunidades autónomas, como Asturias. El aumento de población no es el fruto de estrategias políticas, sino de la llegada de inmigrantes. En los dos últimos años creció el censo en 5.500 personas, pero hay 1.500 menores menos por debajo de quince años. La tendencia se ha invertido por la inmigración, que está en función del empleo.