En el último informe del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones sobre el Ingreso Mínimo Vital (IMV) se constata que hay más de 15.000 menores en Asturias que viven en familias cuyo sustento es el IMV, lo que supone un aumento del 11% sobre la cifra del pasado año. Desciende el número de menores y crece sensiblemente la cantidad de los que viven en familias vulnerables. A falta de explicaciones oficiales, sólo veo como posible causa el fuerte incremento de inmigrantes. Nos congratulamos de que vengan y se incorporen a puestos de trabajo que los autóctonos rechazan, nos alegramos de que coticen a la Seguridad Social, que buena falta le hace a la hucha de las pensiones, nos parece estupendo que contribuyan a invertir la curva del declive demográfico, pero también vienen con un saco de problemas, entre los que está la pobreza en sus diferentes manifestaciones. El IMV, con los 672,4 euros (la media de las percepciones) que garantiza en Asturias, no basta para sostener a una familia, pero es una ayuda inestimable. Lo que hace falta es una Administración diligente que les abra la puerta de la formación y que contenga estímulos para que se incorporen al mercado de trabajo, si no lo han hecho ya.
En el estudio aparece que Asturias es la provincia del norte con más familias en situación vulnerable. Es fácil decir el motivo en unos casos, pero en otros, no. El informe aporta cifras absolutas y, por tanto, es lógico que haya más familias vulnerables en nuestra región que en Cantabria, Álava, Guipúzcoa, Orense, Lugo u Orense, por el tamaño de sus poblaciones. Pero resulta anómalo que, en La Coruña o Vizcaya, con más de cien mil habitantes por encima de Asturias, haya un 8% menos de familias vulnerables. La comparación también resulta desfavorable con Pontevedra. Es probable que el desempleo sea la causa de la mayor vulnerabilidad asturiana, aunque en los últimos años se está reduciendo en términos absolutos y relativos, por la caída demográfica.
El IMV, como prestación social, empezó a ofertarse en el 2020, el año más crudo de la pandemia. Desde entonces no ha parado de crecer. En la actualidad se pagan 18.570 nóminas, 2.139 más que hace un año. Ahora bien, hay que distinguir entre perceptor (titular de la nómina) y beneficiarios (familia). Los beneficiarios son ya más de 44.000. La factura del IMV es de 13,1 millones al mes. Una cantidad muy estimable que no tiene otra alternativa que la incorporación al empleo. Con la tasa más baja de población activa, hay mucho campo de mejora.