De los cuatro pilares públicos del Estado de Bienestar asturiano: sanidad, educación, pensiones (Seguridad Social) y Dependencia, ésta última es la que presenta unos resultados más alejados de lo previsto cuando se diseñó la prestación para las personas con falta de autonomía física, mental o sensorial. Sobre las pensiones pende la amenaza de la insostenibilidad, pero ya se sabe cómo evitarla, solo hace falta que en España se deje de gobernar de manera demagógica y no se traspase a las generaciones venideras la solución de nuestros problemas. Lo que ocurre con la Dependencia es más frustrante.
Basta leer los datos de la memoria de Establecimientos Residenciales para Ancianos (ERA) de 2024, publicada por la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar, para comprobar que cuestiones centrales de la Ley de Dependencia no funcionan. En la última década se quintuplicaron las peticiones de plazas en geriátricos públicos y concertados sin atender. En 2024, sólo se pudo satisfacer el 40% de la demanda. La perspectiva del problema se agrava si tenemos en cuenta que el número de plazas no crece. En 2024 había 46 plazas menos que en 2023.
El principal objetivo del Principado en los geriátricos no es aumentar las plazas, sino implantar un nuevo modelo de cuidados de larga duración que pasa por reformar los centros y crear unidades de convivencia de quince plazas, lo que implica una reforma radical del inmueble, consumiendo mucho tiempo y dinero. Me parece loable caminar hacia un modelo más confortable, donde el residente esté muy bien atendido, pero lo más urgente es evitar que la gente que está a la cola no tenga una plaza en los geriátricos.
Las unidades de convivencia, la residencia entendida como suma de pisos, está muy bien, pero para los próximos proyectos. Las actuales residencias no se tocan, salvo si es para ampliarlas. A ver si en el Gobierno impera el sentido común en un asunto tan sensible. De los 33.854 beneficiarios de la Dependencia que hay en Asturias, solo 3.996 están en una residencia pública o concertada, mientras 13.375 están en su casa auxiliados por un familiar (cuidador no profesional) que cobra un dinero. Está todo al revés de como se preveía en la ley. La prestación considerada en su día como excepcional, el cuidador familiar no profesional con sueldo, es la que tiene más éxito, mientras las residencias sólo atienden al 10% de los beneficiarios. Como la tercera edad es la única edad que crece, pronto sonará la alarma y empezarán los disparates.