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Juan Neira

LARGO DE CAFE

LAS COLAS DEL SOCIALISMO

En la agenda política asturiana la cuestión más debatida son las prestaciones sociales (sanidad, servicios sociales). No incluyo la educación, pese a ser una prestación social, porque en la Junta General del Principado no se habla de ella desde que subió la edad media de los diputados. Hace unas décadas sus señorías eran padres primerizos y mostraban sensibilidad por el tema. Ese es el rigor político e intelectual de nuestros representantes.

Las prestaciones sociales son de rigurosa competencia autonómica, por eso no es extraño que la oposición pregunte por ellas. Adrián Barbón y los portavoces de la izquierda elevan el rango de dichas prestaciones y las presentan como el «escudo social». Un escudo es una defensa, así que alguien las ataca. ¿Quién es? La derecha.

Cuando se miran los datos, resulta que tanto en la Dependencia evaluada por la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, como el informe Pisa testado por la Organización y Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE), o la Sanidad valorada por el Ministerio de Sanidad, no se ven diferencias entre la gestión de izquierdas o de derechas. El escudo social es un asunto debatido, mucho más que el paro, gran preocupación de los años ochenta y noventa. Dando por buena la primacía de lo social quiero fijarme en un solo aspecto: las colas.

Las interminables esperas cuando se quiere acudir a la consulta de un médico especialista o se pretende ocupar una plaza en un geriátrico. Las esperas son tan dilatadas que, a veces, muere la persona que optaba a una plaza en una residencia o que pretendía caminar con una prótesis de cadera. Cuando la expectativa se prolonga durante años equivale a decir que en Asturias no se hacen operaciones de cadera o que los geriátricos han cerrado.

Titular de EL COMERCIO el pasado viernes, página 15: ‘Cerca de 3.000 personas murieron en Asturias mientras esperaban por una cirugía o una consulta’. Son muchas, ¿verdad? Es el resultado de tener a 176.150 personas haciendo cola ante el quirófano, el médico especialista o el escáner. Casi el 20% de la población dando golpes con los nudillos en la puerta del escudo social.

La consejera de Salud, Concepción Saavedra, quiso ver el lado bueno de las cifras y dijo que «hay nueve de cada diez que no han fallecido estando en una lista de espera sanitaria». En eso debe consistir el Estado del Bienestar, que noventa de cada cien sigan vivos, aunque no los atienda el médico. Concepción Saavedra sacó a relucir la disculpa más manida cuando se trata de analizar las esperas: «los procesos no demorables (sic), como los oncológicos, no tienen demora». Como los pacientes con riesgo vital no forman parte de la cola, el resto pueden aguantar indefinidamente a que les llamen.

De lo anterior se deduce que la consejera no ve tras las interminables demoras la degradación de la atención sanitaria. Admite que un ciudadano necesite ir al oftalmólogo y le citen para marzo de 2027. No pasa nada. Además, ya quedó claro, sólo mueren en la cola el 11,4% de los pacientes. Que pase el siguiente.

En la red de Establecimientos Residenciales para Ancianos (ERA), donde están los geriátricos públicos y concertados, el 60% de los aspirantes a una plaza se quedan en la calle. Hace diez años lograban entrar en las residencias el 79% de los ancianos. Como la tercera edad es la única edad que crece cada año, la cola ante las residencias se alarga. La consejera de Derechos Sociales y Bienestar, Marta del Arco, no suministró datos muy precisos, pero sabemos que el año pasado murieron 1.245 personas esperando una prestación del sistema de Dependencia. Entre unos (Sanidad) y otros (Dependencia), cerca de 5.000 asturianos mueren cada año sin beneficiarse del escudo social.

El Gobierno tiene una mayor insensibilidad con la falta de alojamiento para los ancianos en las residencias del ERA, que con la tardanza en atender a todo tipo de públicos en la Sanidad. ¿Por qué hago esta afirmación? Por el comportamiento de la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar. Me explico.

En vez de trabajar para que haya más plazas, más habitaciones, más camas, se dedican a implantar el modelo minimalista de atención al anciano que consiste en implantar ‘unidades de convivencia’, con un máximo de quince personas. Todo eso está muy bien, pero lo primero es evitar que la gente más vulnerable de nuestra sociedad se quede en la calle o solos en su casa, que también es otra forma de morir sin molestar.

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por JUAN NEIRA

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