Aunque no estaba en el guion de la legislatura los desencuentros entre el Principado y el Ministerio de Transportes constituyen un elemento central de la misma. En los 43 años transcurridos desde las primeras elecciones autonómicas –una etapa gobernada por el PSOE, con la excepción del mandato de Marqués y los meses que estuvo Cascos al frente del Gobierno– no ha habido nunca un choque semejante entre el Ejecutivo asturiano y el Gobierno central, ambos socialistas. En ese tiempo hubo tensiones, enfados, vetos, imposiciones, caídas en desgracia, pero, o no transcendieron, o los socialistas asturianos agacharon la cabeza. Durante las cuatro décadas la presión de Ferraz sobre la Federación Socialista Asturiana (FSA) acalló cualquier queja. Lo mismo cabe decir del PP asturiano en su relación con el aparato central, con la digna y honrosa excepción de Sergio Marqués.
Estamos en una situación desconocida en la que juega un papel decisivo el ministro, Óscar Puente, un político que se encuentra cómodo en la disputa. La última demostración es la personación del Ministerio de Transportes en el expediente sancionador abierto por el Principado a Aucalsa, empresa concesionaria, por seguir cobrando el peaje del Huerna pese a estar la vía en obras y los coches obligados a transitar a velocidades reducidas (50 Km/h. de velocidad máxima). Que el ministerio se convierta en abogado defensor de una empresa que ha logrado pingües beneficios gestionando la autovía, frente al Principado, es una anomalía nunca vista.
Ante esta situación, parece que en el seno de la FSA hay opiniones encontradas. No todo el mundo está por la labor de reivindicar la nulidad del peaje. Los discrepantes consideran que hay que recuperar la interlocución con la dirección federal. Apuestan por que Barbón se entreviste con Sánchez y otros dirigentes de Ferraz. Esa estrategia de apaciguamiento es imposible porque el aparato hace tiempo que rompió amarras con la FSA, aunque la cúpula del socialismo asturiano lo oculte. Para los discrepantes, la gota que colmó el vaso fue la presión política y judicial sobre el peaje. Creen que la presencia de Barbón en la manifestación de Oviedo (‘Asturias unida, fin del peaje del Huerna’) también fue motivo de la ruptura con el ministerio. Si a nueve meses de las elecciones, Barbón cede y asume la legalidad del peaje y aplaude la conducta del Ministerio de Transportes, las urnas lo enviarán a la oposición. Detrás de la discrepancia hay alguien queriendo moverle la silla.