El mes de agosto no fue una balsa de aceite para el Gobierno asturiano. En veinticinco días se produjeron ceses, dimisiones y renuncias en la Consejería de Sanidad, la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar y la Consejería de Educación.
Con Barbón las salidas del Gobierno son ambiguas. No cabe hablar de caídas en desgracia porque, a veces, acceden a puestos más golosos (al menos con mayor sueldo). Barbón, oficialmente, jamás cesa a nadie, son los consejeros los que eligen ir a otros destinos o, por circunstancias personales, renuncian al cargo. Yo creo que cesó a unos cuantos (más bien, unas cuantas), pero lo hizo con formas amables y cumpliendo la promesa de que no quede nadie sin trabajo. No hubo otro presidente del Principado que tuviera más habilidad para convertir el drama del cese en una vida plena para los exconsejeros.
El cambio más importante es la salida de la consejera, Marta del Arco, sustituida por Nerea Monroy, gerente de Establecimientos Residenciales para Ancianos (ERA). El departamento vivía en estado de alarma, con abandonos de personal directivo, casi todos con el justificante del médico de cabecera. Una epidemia de bajas, que, al final, también alcanzó a Marta del Arco.
En los siete años que lleva Barbón de presidente, ninguna consejería resultó tan caótica como la de Derechos Sociales y Bienestar. A los dos años de gobernar, con Melania Álvarez de consejera, ya se había organizado el escándalo del retraso de las ayudas al alquiler de vivienda. Se hizo una convocatoria de subvenciones, publicada en abril de 2021, y dos años más tarde, de 3.600 potenciales beneficiarios, el 70% u 80% no sabían nada de la ayuda. A los siete meses de empezar la segunda legislatura, Melania Álvarez abandonó el Principado para incorporarse al Senado.
En el actual mandato los problemas de gestión se agudizaron con un sistema de atención a la Dependencia saturado. Entre las solicitudes de la Dependencia y las demandas de salario social hay 10.000 expedientes apilados. Más de 7.300 corresponden a personas con problemas de autonomía que esperan ser valorados o disfrutar de una prestación. En la red de geriátricos crece la cifra de personas esperando plaza.
Problemas de difícil solución que se multiplicaron al cruzarse la incompetencia con la informática. Al introducir en el sistema la llamada Historia Social Única Electrónica, las bases de datos quedaron afectadas, convirtiendo la consejería en una Torre de Babel que precisó de un parón técnico de tres meses. El percance se declaró secreto oficial. Nadie se enteró.
A todo ello hay que sumar la problemática de los menores de edad, pariente pobre de la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar. En este mes hemos conocido dos episodios graves, uno en el centro de menores de Sograndio, con peleas, vigilantes heridos y ocho internos huidos. De 53 internos, 23 son mayores de edad. El otro suceso aconteció en el barrio de La Florida (Oviedo) con el vecindario movilizado al saber que se iba a crear un piso de menores tutelados.
A esto tendrá que enfrentarse Nerea Monroy, destacada sindicalista de la Unón General de Trabajadores (UGT).
En vísperas del inicio del curso escolar, la consejera de Educación, Eva Ledo, depuró su equipo directivo mandando para casa a Paula Fernández. En junio de 2025, al ser nombrada consejera, Eva Ledo hizo los dos principales nombramientos: Paula Fernández, directora general de centros y red 0-3, y Dolores Bueno, directora general de inclusión educativa y ordenación. Esta última sustituía a David Artime, mano derecha de Lydia Espina.
La forma de arrancar de Eva Ledo era muy distinta a sus dos inmediatas antecesoras; optaba por personas de mayor prestigio en el mundo educativo. Ahora, sin previo aviso, prescinde de Paula Fernández, inspectora de Educación, una de las personas que mejor conoce los centros escolares de Asturias y de probada capacidad de trabajo. Con ella también despide a César González, director general de personal.
¿A qué se deben los cambios? La falta de transparencia en el Principado impide responder con certeza a ese interrogante. Me inclino a pensar que Barbón ajusta su equipo para la batalla electoral que se avecina.
El 3 de agosto conocimos el cese de Aquilino Alonso como director-gerente del Servicio de Salud del Principado (Sespa). La consejera, Concepción Saavedra eligió para sustituirlo a Juan José Alonso Ordiales, hasta hace unos meses concejal socialista del Ayuntamiento de Gijón.
Y dicen que en verano no hay actividad política.