El acto central del Día de Asturias es la ceremonia de entrega de medallas y distinciones a las personas e instituciones premiadas por el Principado. Quince galardones (más que en anteriores ediciones) que abarcan distintas actividades y trayectorias meritorias que hicieron historia en nuestra región. Tienen en común la asturianía y la ejemplaridad. Años de brega, de logros y de fracasos, colectivos e individuales, que agregan valor añadido a nuestra tierra. Adrián Barbón afirmó que los quince aportan «lo mejor de Asturias, de lo que me siento orgulloso». El presidente del Principado señaló que «representan la Asturias plural, unida, capaz de tender puentes».
Es importante destacar la unidad y la pluralidad. No siempre se supo en el devenir de la región compatibilizar ambas cualidades. Unas veces, más que pluralidad lo que hubo fue antagonismo, y en otras la unidad resultó meramente formal porque venía impuesta por el autoritarismo. Hay un hecho, muy fácil de detectar, que nos muestra si hay verdadero pluralismo y unidad: la paz en la que se asienta la convivencia de una sociedad democrática. Es bueno destacar la paz porque la historia nos enseña que es un logro frágil y provisional. No hay en todas las comunidades autónomas la pluralidad y la unidad que tenemos en Asturias. En algunos territorios, no lejanos al nuestro, llevan décadas enfrentados, separados por banderas, lenguas, apellidos y relatos falsos impregnados de xenofobia. Que disfrutemos de muchos 8 de septiembre con una sociedad tan sana como es la asturiana en 2026.
El otro foco de atención en la fiesta regional es la misa en la basílica de Covadonga oficiada por el arzobispo, Sanz Montes. Desde el choque del prelado y Adriana Lastra (julio 2024), la cúpula del socialismo asturiano no asiste a la ceremonia religiosa, salvo alguna excepción. Una costumbre que se mantenía desde los tiempos del presidente Rafael Fernández y su famosa genuflexión. El vacío socialista quedó compensado por el cierre de filas de instituciones y políticos. El arzobispo se sintió reconfortado: «Aquí estamos una buena representación de la sociedad asturiana; una muestra preciosa de una sociedad plural».
La homilía estuvo centrada en el drama de la ocupación de Ceuta. Sanz Montes habló sin ambages, empleando palabras duras, pero de muy difícil refutación. Todo lo que dijo es cierto, aunque pocas veces de una forma tan clara, como en la crisis de Ceuta, compiten la mentira y la verdad por convencer a los ciudadanos.