Hace tres años, cuando conocimos los resultados del Informe PISA 2022, hubo unanimidad en el diagnóstico. El retroceso se debía a los efectos del covid, que interrumpió el curso escolar a mediados de marzo. Recuerdo la circular de inicio de curso de la Consejería de Educación, conminando a maestros y profesores a reducir la materia hasta dejar el contenido reducido a las cuestiones esenciales del programa. Una vez que volviese la normalidad, se recuperarían los conocimientos orillados.
Esta semana, con la publicación del Informe PISA 2025 la hipótesis de partida se derrumbó. No hizo falta sufrir los rigores de una pandemia para que el resultado sea mucho peor que en 2022. Hagamos una aclaración. Los resultados de Asturias son los terceros del pelotón autonómico, solo por detrás de Madrid y Castilla y León; de ahí se deduce que casi todas las comunidades autónomas están peor que nosotros, pero no que Asturias esté bien.
Con respecto a 2022, Asturias perdió 26 puntos en Matemáticas y Lectura. Veintiséis puntos equivalen al aprendizaje de un curso completo más un trimestre. Seguimos teniendo mejor puntuación que la media española, como ocurría en 2022, pero perdemos más puntos (tres más que la media española en Lectura, cuatro más en Ciencias y diez más en Matemáticas).
Digamos que, desde 2012, en cada edición del informe el resultado es peor que el anterior
Para tomar conciencia del desastre digamos que, desde 2012, en cada edición del Informe PISA el resultado es peor que el anterior. Siendo esta una sostenida tendencia, señalemos que nunca se perdieron más puntos que en PISA 2025.
¿Qué ocurrió en los últimos años para que bajara tanto el aprendizaje de los alumnos de 15 años? Se trata de señalar las causas del problema. Un sector influyente en la sociedad culpa a las pantallas (móviles, tabletas, ordenadores). Dicen que los chicos se distraen más, se concentran menos.
La crítica a las pantallas es inconsistente. Singapur, Japón, Corea del Sur, Taiwán o China obtienen unas puntuaciones en PISA muy superiores a las nuestras (nos llevan tres cursos de diferencia: un japonés de 12 años es tan competente como un asturiano de 15) y los alumnos tienen más horas de pantalla que en España. En Europa, el país que sale mejor parado en el Informe PISA es Estonia que lidera la digitalización en la empresa y en la educación. Oponerse a las pantallas es el mensaje más retrógrado que se puede difundir en la sociedad.
La causa del hundimiento de Asturias (no digo ya del resto de España) en PISA 2025 es la Lomloe, más conocida por Ley Celaá. Era la primera vez que los quinceañeros instruidos en ella se encontraban con la prueba de PISA y el fracaso fue superlativo. Casi un tercio de los alumnos no alcanzan el mínimo exigible en Matemáticas (dos sobre seis) y más de una cuarta parte tampoco lo logra en comprensión lectora.
La Lomloe cortó la transmisión de conocimientos, puso el énfasis en los sentimientos (la feminidad en las Matemáticas), arrinconó cualquier intento de plantear exigencias a los alumnos y se centró en la equidad. Dentro de los dislates que llevó al BOE está que en la Educación Secundaria Obligatoria (12 a 16 años) los alumnos puedan pasar de curso con todas las asignaturas suspensas. Es más, nada les impide obtener el título sin aprobar. En solo cinco cursos se degradó la educación hasta unos niveles jamás vistos. PISA es un detector de males y captó el desastroso estado de la educación en España.
Hay dos formas de lograr la equidad: elevando a los peores o hundiendo a los mejores. Se optó por el menor esfuerzo. Al rebajar al máximo el currículo, de la evaluación brota automáticamente el aprobado general. También esa es la causa de que apenas tengamos alumnos excelentes (4%, 5%).
La comunidad autónoma de Madrid, la que sale mejor parada en PISA 2025, es la única que se opuso a la Lomloe. Amplió los contenidos del currículo estatal, siguió valorando el trabajo de los alumnos con números (3, 8, 9), puso obstáculos a la promoción de curso por inercia. Gracias a todo ello capeó mejor el temporal de la Lomloe, como registra el Informe PISA.
¿Qué va a hacer el Principado tras conocer los resultados de la prueba internacional en educación más prestigiosa del mundo? Tiene muy fácil sacar pecho, decir que vamos mejor que casi todas las regiones del PP (las excepciones son Madrid y Castilla y León), reafirmar las ventajas de una educación centrada en la equidad, etc., o encararse con el problema y tomar medidas urgentes para que no se degrade más la educación en Asturias. Volver a los principios y centrar la escuela en la autoridad del profesor y la transmisión de conocimientos.