Cuando se conocieron las primeras iniciativas de crear universidades privadas en Asturias (al final, se constituyeron centros adscritos a esas universidades para sortear problemas burocráticos y exigencias de infraestructuras) el rector de la Universidad de Oviedo, sabedor de que las titulaciones que iban a ofertar eran, principalmente, Medicina y Enfermería, pidió que los alumnos de esos centros no pudieran realizar prácticas en los hospitales públicos. Con la petición trataba de dificultar la llegada de las universidades privadas a Asturias, pero estas lograron firmar contratos con centros privados (Hospital de Jove, Hospital de la Cruz Roja) y convenios con el Principado (Hospital de Jarrio, Hospital Álvarez-Buylla) a cambio de pagar una cantidad por cada alumno que realice prácticas, en el caso de los centros públicos. La gestión privada salvó escollos públicos.
Una situación parecida se presenta, ahora, con otro tipo de enseñanzas universitarias, como es la educación. El decano de la Facultad de Formación del Profesorado, Celestino Rodríguez, está preocupado por los 1.500 alumnos de su centro que hacen prácticas obligatorias y necesitan pasar por las aulas de los colegios («hay muchísimos alumnos de las universidades privadas en Asturias y la presión está ahí, encima de la mesa»). Se refiere, sobre todo, a universidades online. Como solución el decano pide que se blinde a los alumnos de la Universidad de Oviedo.
El blindaje está de moda en el debate público. Que la población tiene carencia de viviendas, el tema se soluciona blindando las casas. Que aumenta el paro, el remedio es blindar el empleo. Políticos y gestores públicos respiran tranquilos cuando la causa de sus desvelos (vivienda, trabajo) se eleva a categoría constitucional. Si la vivienda o el trabajo se incrustan en la Constitución desaparecen los problemas; eso, al menos es lo que creen o lo que dicen. En la reciente visita de Pedro Sánchez a Gijón anunció, como primicia, que introduciría las pensiones y su revalorización según el IPC en la Constitución. Si un día no hay dinero para pagar las pensiones el blindaje se caerá como la tirita de la herida.
Si hay muchos más alumnos que plazas para hacer prácticas de educación, habrá que hacer una prueba de selección o guiarse por las notas. Prohibir que las hagan los que vengan de universidades privadas sería una aberración tan grande como impedir que se presentaran a las oposiciones para obtener un puesto de trabajo en la Administración.