Victoria del Partido Popular en las elecciones, sin derecho a euforia. El PP logró 26 diputados, la cifra más baja de la horquilla que anunciaban los sondeos (entre 26 y 29). El PSOE confirmó el batacazo de las encuestas, al volver a sacar 18 escaños, lo mismo que en los comicios de 2015, su peor resultado en la etapa autonómica. Si el PP ganó aritméticamente las elecciones, el ganador, en términos políticos, es Vox, que dobló el número de diputados que había tenido en 2023. Quedó en el tercer puesto a 40.000 votos del PSOE. El resultado de Vox convierte en amarga la victoria del PP. El otro ganador de la noche es la Chunta Aragonesista, que también dobla los escaños, de tres a seis.
Si observamos los datos desde la perspectiva de la política de bloques, la derecha (PP, Vox) saca quince escaños a la izquierda (PSOE, Chunta, IU- Sumar). En 2023, la distancia era solo de ocho. La traslación a la política nacional de los resultados –que era la principal consecuencia de estos comicios– muestran un PP que gana claramente, pero no acaba de despegar, porque el hundimiento del PSOE, tanto en las elecciones del pasado mes de diciembre en Extremadura, como ayer en Aragón, se traduce en un gran crecimiento de Vox. La estrategia de Feijóo de programar elecciones anticipadas en varias comunidades autónomas para lograr holgadas victorias que facilitaran su llegada a la Moncloa no se puede escenificar, porque Vox, su competidor en el campo de la derecha, ya es un partido imposible de obviar, como pretendió hacer Feijóo desde que lidera el PP. A la fuerza, toca cambiar de estrategia.
El PSOE confirma su caída electoral en la mayor parte de España, con la excepción de las comunidades autónomas de impronta nacionalista. Obtuvo su resultado más bajo en Galicia, Extremadura y Aragón. Dentro de un mes toca Castilla y León. La política de Sánchez, llena de concesiones y favores hacia Cataluña y el País Vasco, creando una sensación de agravio en el resto de regiones, espanta al electorado. No parece que le importe mucho, a juzgar por el trato que dio a Pilar Alegría, presentando un sistema de financiación autonómica que coloca a Aragón en el último lugar de todas las regiones en capacidad de gasto por habitante, o con la regularización exprés de medio millón de inmigrantes. A Sánchez solo le preocupa Sánchez. En la izquierda radical, IU-Sumar triplicó de largo en votos a Podemos, pero solo obtuvo un escaño.
¿Cómo queda la gobernabilidad de Aragón? Más difícil que antes. Es decir, en manos de Abascal.