En el Parlamento de la Comunidad Autónoma de Madrid, en respuesta a las críticas al viaje de Ayuso a México, la presidenta madrileña hizo alusión a la coincidencia de su viaje con el de Barbón, y afirmó que las inversiones de México en Asturias equivalen a lo que consume un mexicano tres días en la capital. Un sarcasmo, propio del debate parlamentario, que podría haberse ahorrado, porque más allá de la cuantía de las inversiones en Asturias y de lo que consumen los mexicanos en tres jornadas madrileñas, late el aire de superioridad entre comunidades autónomas que siempre fue típico de los políticos nacionalistas –catalanes y vascos–, aprovechando cualquier ocasión para comparar sus regiones con Andalucía o Extremadura. Madrid, como las grandes capitales europeas, siempre fue una ciudad abierta, donde el sincretismo ahorma la convivencia.
Adrián Barbón aprovechó la ocasión para impostar la voz y realizar una defensa de la región, como si hubiera sido víctima de un terrible ultraje. Le dedicó largos párrafos en las redes sociales y, más tarde, ante los micrófonos, dijo que las palabras de Ayuso no son solo «una burla y un ataque» con los que falta a la verdad, son también «un insulto a los asturianos», ante los que no puede quedar callado porque su obligación es defender a Asturias. Afirmó que Ayuso tiene «una cierta obsesión con Asturias». Tras unos días de estar a la defensiva, tratando de evitar que la Cámara apruebe mayoritariamente la responsabilidad política de sus exconsejeros de Industria en el ‘caso Cerredo’, encontró Barbón en las palabras de Ayuso la cortina de humo que necesitaba para tapar el papel de los consejeros con reproches de salón.
Llama la atención que hable Barbón de obsesiones, cuando Ayuso es el blanco preferido y repetido de todos los dirigentes socialistas, sin excepción. Por cada vez que Ayuso cita a Barbón, el presidente asturiano la nombra veinte veces. Desde la etapa del confinamiento, con Iván Redondo de ‘spin doctor’ de Sánchez, cuando extendieron la especie de que Ayuso estaba mal de la cabeza (decían que en las videoconferencias de los presidentes tenía miradas extrañas), no ha dejado de ser objetivo de caza mayor de la izquierda. En España, sólo Pedro Sánchez recibe tantos improperios como Ayuso. Barbón levanta la voz para defender a Asturias de Ayuso, pero calló ante los grandes repartos de recursos, oficiados por María Jesús Montero, donde Cataluña salió beneficiada a costa de Asturias y otras regiones de la España vacía.