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Juan Neira

LARGO DE CAFE

CUESTIONAMIENTO DE LAS PEONADAS

Representantes de trabajadores del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) han denunciado la falta de control de las peonadas (jornadas vespertinas voluntarias para aumentar la actividad asistencial y reducir las listas de espera). Algunos sindicalistas consideran que se dan situaciones «claramente inmorales», como solicitar la media jornada, compatibilizándola con trabajar por las tardes (peonadas). También han observado que algunos profesionales realizan las mismas pruebas o consultas en la jornada ordinaria de la mañana, de siete horas, que en la peonada de tarde de cuatro horas.

Todo lo que tiene que ver con el control del trabajo es un tema delicado. Es una materia donde hay un enfrentamiento clásico entre empresarios y trabajadores, los primeros remisos a aceptar reducciones de jornada y dispuestos a incentivar la tarea si se aumenta la producción. Los trabajadores, o sus representantes, pugnan por rebajar las horas de trabajo y por elevar los sueldos sin trabajar más tiempo.

La denuncia sobre la forma de trabajar en el HUCA es un asunto de distinta naturaleza. No hay empresarios; su lugar lo ocupa la Administración pública. No es habitual que unos sindicalistas censuren la manera de actuar de compañeros de trabajo, pero tampoco se puede decir que sea un caso único. Las peonadas se han revelado como la única manera de reducir las listas de espera en la sanidad pública. No es un objetivo cualquiera porque la demora en la asistencia sanitaria (intervenciones quirúrgicas, consultas con médicos especialistas, pruebas diagnósticas) es el principal déficit de la sanidad pública.

Las peonadas se han impuesto porque se dan dos circunstancias: una parte importante de las instalaciones hospitalarias está infrautilizada durante media jornada y los médicos tienen unos sueldos manifiestamente mejorables. A partir de ahí los gestores de la sanidad tienen la última palabra; si quieren recortar las listas de espera ya saben lo que hay que hacer; en caso contrario, pueden ensayar otras estrategias que sólo van a servir para que empeoren los resultados.

Las peonadas, como cualquier otro plan de trabajo, debe ser controlado. Si se producen abusos hay que erradicarlos, pero sin ser excesivamente puntilloso. Lo digo porque la denuncia sobre las cuatro horas vespertinas que son tan productivas como las siete matutinas podría extrapolarse a multitud de situaciones de la Administración pública. El que no quiera hacer peonadas que se quede en casa.

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por JUAN NEIRA

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