Tras siete años en el poder Adrián Barbón solo puede interpretar el personaje de Adrián Barbón. Con los sondeos electorales dando la victoria a la derecha, el presidente del Principado tomó dos decisiones para el debate sobre el estado de la región: un discurso muy largo que le permitiera no dejar ningún clavo sin remachar y atacar a la derecha en cada párrafo.
Inició los cien minutos de lectura con el bable, entreverado de eonaviego. Pronto recurrió al castellano porque lo habla con soltura, y, sobre todo, le entienden mucho mejor.
Apenas había dicho que en el septenato se había producido un cambio acelerado, intenso y positivo, cuando sacó a relucir a Rubén Rosón y a su compañero de fatigas, Jorge Fernández. Los citaría otra vez y una tercera de forma elidida.
Con los golpes recibidos por los dos activistas podía hablar de homofobia, extremismo ultra, la situación de Alemania y, cómo no, llegar a Vox. Todo el discurso exige ser leído en clave electoral.
Aportó cifras. En un recorrido rápido por el Estado del Bienestar, señaló, por ejemplo, que el gasto sanitario (lo llama inversión, pero es gasto) por habitante creció en siete años en 743 euros y el de Bienestar Social en 63. Tanto esfuerzo en sanidad y tan deteriorada la asistencia. En Bienestar Social, no hubo un gran aumento del gasto y la gestión fue desastrosa hasta el punto de pedir Barbón perdón por anticipado. El Plan Agiliza para reducir las ayudas a la dependencia fracasó con estrépito.
El presidente del Principado leyó el discurso a velocidad AVE, apoyándose en trucos («les pongo tres ejemplos», «quédense con este dato»), que le ahorraban entrar en argumentos. Más que un discurso parecía el índice o guion de un discurso. Excepto la parte final que fue apoteósica.
En Educación, tras hacer loas de la gratuidad en la Universidad de Oviedo (pagamos los contribuyentes, no los beneficiarios, aunque sean multimillonarios), hizo una referencia sobre el informa PISA muy ecuánime. Me sorprendió.
En vez de presumir del tercer puesto de Asturias en PISA, por delante de casi todas las regiones, dijo que por su parte «complacencia cero». Tiene razón, comparadas con el resto de comunidades el resultado de Asturias es sobresaliente, pero mucho peor que hace tres años.
Habló de reforzar la capacidad lectora. Es la primera vez que la educación tiene un tratamiento riguroso en el debate sobre el estado de la región ¡Chapeau!.
Conocimos las novedades fiscales para la clase media, de las que se estuvo hablando todo el verano. En las declaraciones individuales del IRPF se elevan de 35.000 a 36.750 el tope de ingresos para poder acogerse a las deducciones. En declaraciones conjuntas, el límite aumenta de 45.000 a 54.000. Una novedad es poder acceder a un porcentaje, sin determinar, de la deducción. Esta modalidad alcanza a las declaraciones conjuntas de 54.000 a 73.500 euros.
Desaparece el límite de renta para la deducción destinada a personas celiacas. Una vez más, la vía fiscal asturiana se convierte en un reparto desigual de beneficios. ¿Por qué Hacienda decide que se pueda bonificar a un celiaco y no a un paciente oncológico, un cardiópata isquémico o un anciano con Alzheimer? Hacer de capricho ley es muy poco edificante. Como toda la intervención fue una petición al voto, por fin Barbón se acordó del Impuesto de Donaciones, para aplicar el tipo cero en los primeros 150.000 euros del precio de la primera vivienda.
Para seducir a los gijoneses anunció una inversión de 150 millones en la ampliación del hospital de Cabueñes, el mismo mes en que se cumplen once años del anuncio de la ampliación, y tras siete años en los que el Gobierno de Barbón no fue capaz de sacar adelante la licitación de la obra.
Al hablar del agro el presidente del Principado puso énfasis en el Pacto por el Medio Rural. La idea fue de Ovidio Zapico (IU), que la lanzó en una entrevista en este periódico, «hay que lanzar una alianza por el campo asturiano» hace más de dos años.
De pronto cambió el tono y tropezó en la lectura: «nunca olvidaré» el 31 de marzo de 2025. Cinco muertos en la mina de Cerredo. Es el talón de Aquiles del mandato socialista. Tras anunciar que investigarían «hasta el final», hicieron todo lo posible por exculpar a los altos responsables de la Administración. El dictamen de la comisión exigió responsabilidades políticas para cuatro exconsejeros; el Gobierno lo ignoró.
En la parte final del discurso, Barbón hizo un ejercicio de contorsionismo electoral. Empezó a hablar sobre el deporte. Cada vez habrá más dinero para todos y para todo. En las estaciones de esquí recurrió a Churchill, «nunca se hizo tanto y con tanta visión sobre el futuro» («nunca tantos debieron tanto a tan pocos», Cámara de los Comunes). De ahí pasó a trabajar al colectivo LGTBI con Neruda; luego anunció un viaje inminente a Argentina para defender el derecho de los nietos.
Hizo un hueco para la Ley de Cultura e Identidad. Anunció que en la próxima legislatura el bable será oficial, sin haber ganado el escaño. Dio un volantazo a la derecha y empezó a ponderar al sector moderado: Antonio Landeta. Regado el voto de deportistas y familias, homosexuales, lesbianas, etc, ganado el exilio y neutralizado el PP, avisó: Asturias es pieza caza mayor (Vox).
Una vez más, ni una sola vez pronunció la palabra productividad. Eso queda para la derecha. Lo suyo es el progreso.