Desde Argentina Adrián Barbón realizó las oportunas gestiones con la dirección federal del PSOE para que avalaran a Adriana Lastra como cabeza de la candidatura socialista en los comicios del 29 de noviembre. En el Comité Ejecutivo Autonómico, la vicesecretaria general de la Federación Socialista Asturiana y delegada del Gobierno, tuvo un apoyo «amplísimamente mayoritario».
Cuando se informa de una votación en una asamblea u órgano de un partido lo que procede es comunicar los votos a favor, en contra y las abstenciones. Cuando se sustituyen las cifras por adverbios y se inventa un superlativo que no tiene acomodo en el Diccionario de la Real Academia Española, es que se quieren tapar los recelos, quejas o críticas con una falsa unanimidad entre los miembros del Comité.
Barbón dio unas explicaciones prolijas sobre las virtudes que atesora Lastra para representar a los votantes socialistas asturianos en el Congreso de los Diputados. La primera razón es el «bagaje acumulado durante su etapa como delegada del Gobierno». No sé cuánto bagaje habrá podido acumular en dos años y dos meses en el cargo. Se refirió el presidente al conocimiento de Lastra del territorio, su capacidad de gestión y de diálogo con empresarios, sindicatos y colectivos sociales. En ese diálogo no entró el arzobispo de Oviedo. No sólo Lastra renunció a estar presente en la basílica en la tradicional ceremonia del Día de Covadonga, sino que arrastró a Barbón a secundarla. Desde entonces, los socialistas no se acercan al Real Sitio. En los últimos años sólo recuerdo presente en el acto a Juan Cofiño.
El segundo mérito de Lastra, según Barbón, para representar a Asturias es el «profundo conocimiento del Congreso de los Diputados». Ahí sí le doy la razón a Barbón. Fue portavoz parlamentaria, tiene contactos en todos los grupos y conoce el terreno que pisa.
El tercer argumento para que lidere la lista al Congreso de los Diputados, siempre según Barbón, es su alto grado de conocimiento público. Es lo suficientemente conocida para estar en los carteles electorales. Otra cuestión es el grado de aceptación que suscita en la opinión pública. Los políticos que participan en las polémicas tienen muchos incondicionales, pero también un amplio grupo de detractores.
En cualquier caso, Lastra encabeza la lista por decisión propia, ya que tiene poder para ello. Barbón cubre el expediente.