El número de candidaturas electorales inscritas fue sensiblemente mayor de lo que se esperaba. Hasta la fecha, en casi tres décadas de etapa autonómica, el récord de concurrencia estaba en 12 listas y para los comicios del 22 de mayo se han apuntado 18 candidaturas. No se puede decir que haya un mayor interés por la política que hace cuatro, ocho o doce años, pero algo tuvo que pasar para que haya más aspirantes a diputado que nunca. El cansancio de la política tradicional y el desdén por los políticos profesionales pueden estar en la base de tanta candidatura amateur, pero no hay pruebas sólidas para afirmarlo. Lo cierto es que hay más candidatos que nunca para los mismos puestos de representación institucional de siempre y que la experiencia indica que los grupos pequeños (pocos militantes y escasos recursos económicos) tienen escasísimas probabilidades de entrar en la Junta General del Principado.
En los primeros años de la democracia se utilizaba con asiduidad el nombre de “extraparlamentarios” para designar a los partidos o coaliciones que no tenían diputados. Se trataba de grupos que convocaban manifestaciones, participaban en actos de protesta, se interesaban por cuestiones culturales, publicaban artículos en los periódicos y eran conocidos por el público, aunque apenas contaban con votos. Tenían un cierto protagonismo social aunque carecían de escaños. Cuando la democracia adquirió la mayoría de edad, los grupos extraparlamentarios perdieron protagonismo y desde entonces sólo salen a la superficie en épocas electorales. Hace mucho tiempo que quedó comprobado que no hay vida política fuera de las instituciones. Cuando la política se repartía entre el Parlamento y la calle, los partidos sin diputados tenían un papel que jugar. Con el rodaje democrático, la política quedó circunscrita a las instituciones y fuera de ellas hay muy poco que hacer.
Dieciocho candidaturas competirán en las urnas el 22 de mayo. Trece o catorce de ellas no obtendrán ningún escaño en la Junta General del Principado. La mayoría de sus protagonistas ya lo saben por anticipado, pero renunciar a ese ejercicio de libertad política es sinónimo de jubilarse. El mosaico de siglas es, en buena medida, fruto de la dialéctica entre oficialistas y disidentes. La pugna entre el poder y la rebeldía ensancha las opciones electorales.