Asamblea de la agrupación socialista de Gijón, con lleno hasta la bandera. El asunto a debatir: la postura de los socialistas ante el más que probable intento de investidura de Rajoy. Algo más de medio centenar de intervenciones, por encima de treinta a favor del ‘no’ y veintitantas proclives a la abstención. En el bando de la abstención estuvieron dirigentes cualificados, como Álvarez Areces, Antonio Trevín o Santiago Martínez; sosteniendo el ‘no’ miembros de UGT y dirigentes nacionales, como María Luisa Carcedo, y ex cargos públicos, como Faustino Blanco. La intervención más emocional, la de María Luisa Carcedo, que reprochó las formas utilizadas para echar a Pedro Sánchez. Carcedo restó todo valor a la abstención porque no garantiza la continuidad de la legislatura. Rajoy, según ella, aprovecharía cualquier disculpa, como el rechazo a los presupuestos, para convocar a los electores.
Ella estuvo en primera fila presenciando el tumulto del Comité Federal, pero por las informaciones que nos llegaron la conducta de los oficialistas fue tan impresentable o más que la de los críticos, al obstaculizar todas las decisiones durante la reunión e inventarse una votación con urna clandestina. Hasta Borrell o Hernando les dejaron en la estacada. Es cierto que la abstención no despeja los interrogantes sobre la estabilidad parlamentaria, pero omitió decir que el ‘no’, por sí solo, implica la pérdida de diez a veinte escaños para los socialistas. Ni Carcedo ni ninguno de los indignados seguidores de Pedro Sánchez se atreven a decirle a ninguna asamblea de militantes que su respuesta negativa a Rajoy supone una inyección de escaños para el PP. ¿Cómo va a ser un acierto para los socialistas tomar una opción que coloca al PSOE como tercera fuerza nacional con menos diputados que nunca y acerca al PP a la mayoría absoluta? Carcedo, Blanco y compañía dan a entender que tienen problemas éticos insalvables para abstenerse. Si Felipe González y Carrillo hubieran sentido ese prurito, jamás hubieran pactado con una derecha que había firmado penas de muerte dos años antes. Ellos pensaron en los intereses de los españoles y se atrevieron a hacer política, lo que produjo enormes beneficios colectivos, de los que participaron Carcedo, Blanco y todos nosotros. Es hora de pedir a los dirigentes del PSOE que se olviden de sus cuitas particulares y no pongan obstáculos para sacarnos del atolladero.