La maquinaria administrativa del Principado ha dado el primer paso (estructura, criterios generales, procedimientos, plazos) para confeccionar los presupuestos regionales de 2021. El 25 de septiembre es la fecha límite en que los distintos departamentos deben remitir sus propuestas a la Consejería de Hacienda. Se trata de una labor rutinaria que se repite anualmente. Para que los presupuestos pasen de ser un anteproyecto a transformarse en ley es preciso negociar una mayoría parlamentaria que apoye la propuesta de cuentas. Una tarea que siempre entraña dificultades o sorpresas, o las dos cosas a la vez, como sucedió el año pasado cuando el proyecto de Adrián Barbón fue aprobado gracias a que una diputada de Ciudadanos sacrificó su carrera política enfrentándose al aparato de Madrid que ordenaba rechazar las cuentas, y a que el grupo de Foro Asturias se partió en dos, con el portavoz (Adrián Pumares) dispuesto a dar luz verde a los presupuestos con su abstención. Una peripecia difícil de prever ya que la alianza PSOE-IU solo necesitaba de un escaño para alcanzar la mayoría absoluta.
En esta ocasión, el mayor escollo no estará en la fase de negociación, sino en la propia elaboración de las cuentas. Lo lógico es que los presupuestos se empiecen a confeccionar por los ingresos, aunque siempre hay políticos que primero se comprometen con determinado nivel de gastos y terminan por cuadrar las cuentas apuntando unos ingresos artificiales para simular que los gastos se pueden financiar. Los que utilizan ese método dejan, forzosamente, una parte del presupuesto sin ejecutar.
En cualquier caso, para el año 2021 las dificultades vendrán por ambos lados: los ingresos provenientes del sistema de financiación autonómica se han reducido, fruto de la caída de la recaudación fiscal por IRPF, IVA e Impuestos Especiales (tabaco, alcohol, hidrocarburos), y los gastos aumentan, sobre todo en el capítulo sanitario por culpa de la pandemia, y también las prestaciones sociales fruto de la caída de la actividad económica. Se impone el realismo y apostar por los presupuestos posibles. Para ello hay que descartar gastos que en el pasado se podían financiar. Es preciso tener muy claras las prioridades y dejar a un lado todo lo demás. Hay partidas que tendrán más recursos que nunca y otras que serán relegadas para poder financiar las primeras. La demagogia siempre es despreciable, pero más aun en tiempo de crisis. Dejen el politiqueo para cuando haya vacuna.