Asombra la parsimonia con que la dirección nacional del PP se toma el trabajo de poner fin al vacío de poder en la organización asturiana. En Génova no les preocupa que el PP asturiano esté sin presidente ni secretario general, dándose por satisfechos con que la representación del partido en las instituciones autonómicas y municipales cumpla con su cometido. Durante largos meses era un secreto a voces que en Madrid estaban a la espera de lo que ocurriera en el juicio que se seguía contra todos los concejales del Ayuntamiento de Aller, del mandato 2007-2011, entre los que se encontraba Teresa Mallada. Conocida la sentencia y exonerados de culpa los ediles, dejó de tener sentido el compás de espera. Hace unos días, algunos de los miembros del equipo de Pablo Casado han dicho a la opinión pública que la decisión es inminente y parece que solo depende de las agendas de tan importantes personajes. En cuanto tengan un hueco se trasladarán a Asturias para nombrar presidenta a Mallada. No hay hoja de ruta alternativa. En Génova han descartado la realización de un congreso, que sería la fórmula más adecuada y la más democrática para poner fin al periodo de interinidad. El congreso se hará el año que viene. En 2011 ocurrió lo mismo; el dedo de Rajoy puso a Mercedes Fernández al frente del partido, y más tarde ‘Cherines’ se dio un baño de legitimidad ganando un congreso.
Con otros presidentes del partido, anteriores a Casado, también la gestión de los asuntos del PP regional fue muy deficiente. Asturias nunca fue un territorio interesante para la dirección nacional del PP porque desde las primeras elecciones autonómicas solo estuvo en el poder tres años, 1995-1998, y se pasó treinta y cuatro en la oposición. Cuando gobernó con ministros asturianos, entonces hubo más atención para nuestra tierra. Con estos antecedentes la labor que le espera a Mallada, como futura ‘lideresa’ del partido, es ardua. Durante décadas, el PP tenía el monopolio de la oposición, pero en la actualidad hay cuatro partidos repartiéndose el voto del centro-derecha en el Principado y en los ayuntamientos. Es urgente reforzar las organizaciones locales, pero es más fácil hacerlo cuando se cuenta con decenas de alcaldes que desde la oposición.
El objetivo de la futura dirección del PP asturiano pasa por romper con la inercia. El PP es un partido de gobierno en todas las regiones, menos en Cataluña y en el País Vasco. En Asturias todavía no estuvo en el poder durante una legislatura completa.