En los últimos cinco años se ha triplicado el número de funcionarios del Principado que piden permiso para desempeñar un segundo empleo. La tendencia al pluriempleo es un asunto relevante que merece una reflexión. En España hubo mucho pluriempleo de trabajadores públicos y privados mientras fue un país más o menos pobre: los sueldos eran bajos y había que hacer doble o triple jornada. En los últimos cuarenta años esa tendencia había caído en picado. La multiplicación de funcionarios que quieren simultanear el trabajo que sacaron por oposición con otra tarea podría deberse a la pérdida de poder adquisitivo, pero en ese caso todo el sector privado estaría pluriempleado porque el ajuste económico de la crisis de 2008 y de la actual, causada por las consecuencias de la pandemia, se hace básicamente sobre sus espaldas.
El Principado afirma que cada empleado público debe tener un solo trabajo. Considera que una segunda actividad les resta independencia y dedicación. Como las leyes obligan a todos, los funcionarios tienen derecho a optar a una segunda actividad, perdiendo parte de su sueldo al renunciar a la dedicación exclusiva. Que todo el mundo luche por mejorar es un rasgo de una sociedad dinámica. Nada que objetar. El único asunto que debe quedar claro es que el segundo trabajo a realizar no puede tener ninguna relación con la Administración autonómica ni pueden solaparse los horarios. ¿Dónde está el problema y cuáles son las razones de la actual tendencia?
El problema estriba en que la Administración no está en condiciones de controlar las segundas actividades de los empleados. El único control sobre la propia actividad funcionarial se reduce a la rutina de fichar al empezar la jornada y al finalizarla. Hay grupos amplios de la Administración que ni siquiera están sometidos a ese trámite. Como para saber el trabajo que realizan a las tardes. Cuando algunos políticos hablan de empezar a pagar una parte del salario en función de la productividad incurren en sarcasmo. Si los funcionarios pretenden trabajar a la tarde es porque se sienten en condiciones de hacerlo: energías intactas y motivación. A ello hay que sumar una práctica que acaba de incorporar el Principado: el teletrabajo. Con ella se elevarán a la enésima potencia los segundos y terceros empleos. La caída de la productividad global se compensará con nuevas ofertas de trabajo. Cada vez hay más funcionarios, mientras desciende el número de administrados. Átenme esa mosca por el rabo.