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Luis Arias Argüelles-Meres

Panorama Vetustense

Recuerdos de Oviedo: El Mundial del fútbol del 82 en el Carlos Tartiere

La imagen puede contener: 1 persona, practicando un deporte y exterior

“Un corazón se rompe más silenciosamente que un vaso de vidrio, no causa el estruendo con que se despide de la vida un objeto precioso: se va en silencio y deja silencio al desaparecer. Deja estupefacción porque no sólo ya no es lo que era, sino que ya no es lo que iba a ser”. (Rosa Chacel).

Antes de que se supiese con certeza si Oviedo sería o no sede del campeonato mundial de fútbol del 82, en mi memoria llevaba pocos campeonatos de esa naturaleza: el del 66 en Inglaterra, el de Méjico en el 70, el de Alemania en el 74 y el de Argentina en el 78. Muy triste el de Inglaterra, con España eliminada, y, sobre todo, con el lamento gestual del delantero portugués Eusebio en un partido que había perdido su selección. Confieso que aquel futbolista luso, al que llamaban la Pantera Negra se convirtió, para mí, en el héroe de aquel Mundial. Muy gratificante el recuerdo de los mundiales del año 70 en Brasil, por el juego que desplegó Pelé y también por aquel partido épico de semifinales entre Alemania e Inglaterra. El Mundial del 74 en Alemania fue el de las televisiones en color, con los bares llenos de gente. Y, en cuanto a los mundiales del 78 en Argentina, también fueron tristes. Para mí, fue un Mundial sin héroes en un momento en el que aquel país, tan cercano a nosotros en lo sentimental, sufría una terrible dictadura.

Y, volviendo al mundial de fútbol del 82 en España, precedido de polémica en Oviedo, por si había que construir otro estadio o reformar el que de Buenavista, he de confesar que no seguí toda aquella escandalera con demasiada pasión, si bien es cierto que me alegré de que nuestra ciudad, al fin, fuese sede del campeonato más importante entre selecciones.

Junio del 82. Por un lado, como siempre, la delicia de un fin de curso, delicia acompañada de su no sé qué de nostalgia. Un adiós a las aulas como alumno universitario. Unas tardes que daban muchísimo de sí, otro verano que ya llegaba. Y, como en todos los campeonatos mundiales, los bares llenos de gente viendo el partido de turno.

Se comentaba un numerito en un partido jugado en el Carlos Tartiere cuando un aficionado salió al campo driblando a los encargados de sacarlo de allí. Y lo cierto fue que siempre tuve la impresión de que aquel Mundial que había pasado por Oviedo no dejó huella indeleble en la ciudad, ni siquiera entre los más futboleros. Las glorias futbolísticas que atesora el Real Oviedo siempre pondrán el listón muy alto.

No obstante, aquello dio vida a una ciudad que, en verano, apenas tenía flujo turístico. Un antes y, sobre todo, un después de cada partido, aquel después en el que la noche comenzaba, noches agradables para disfrutar de las pocas terrazas que había entonces en Oviedo.

Y, ante todo y sobre todo, los mundiales siguieron, con mayor protagonismo aún, a través de los televisores. España, eliminada, mientras que Italia se iba abriendo paso hacia el triunfo, al tiempo que su Presidente, Sandro Pertini, se estaba convirtiendo en un personaje querido en este país. (Entre paréntesis: ¡Qué diferencia entre la bondad del estadista italiano y el espectáculo cutre y sórdido que está dando en los actuales mundiales de Rusia Maradona!)

Atravesar el Campo de San Francisco a media tarde, dando cuenta de un helado. Ver el final de algún partido en la cafetería que tocase, verlo sin pasión a partir del momento en el que España había sido eliminada.

Verano del 82, a muy pocos meses vista de que el PSOE liderado por Felipe González obtuviese una irrepetible victoria electoral. Y, en aquellos meses previos, todo invitaba a pensar que el periodo de UCD tocaba a su fin.

Oviedo por las noches, Oviedo por las tardes. Los mundiales del 82 tenían también sus sedes en los bares, a pesar de que en la práctica totalidad de los domicilios ya había televisiones en color.

Algunas conversaciones para desmontar tópicos, planteando que el fútbol, en contra de ciertos lugares comunes que aún estaban en boga, no era el opio del pueblo, que se podía disfrutar de ese deporte sin que ello supusiese no tener otro tipo de inquietudes.

Un día de junio de 1982 a última hora de la tarde en una conocida sidrería de Oviedo. En aquellos tiempos, no había tanta gente joven como ahora en las sidrerías, pero sí se notaba que nos íbamos incorporando. En la televisión, vimos el final de un partido decisivo que ganó Italia: la alegría que exteriorizó Sandro Pertini, los comentarios subsiguientes de la clientela habitual. Como escribí más arriba, el dirigente italiano se había ganado el afecto de la gente en nuestro país.

Fútbol y televisión, antes de la telebasura. Oviedo, sede del mundial, vísperas de grandes cambios en nuestro país, cambios que no fueron como se esperaba.

Y, en algún momento, entre partido y partido, entre conversación y conversación, la imagen de uno mismo corriendo tras un balón, disfrutando del juego, al tiempo que nos imaginábamos una voz radiofónica y unas imágenes televisivas que hablaban de nuestras jugadas, de nuestros regates, de nuestros goles.

Cercanos estaban los sueños de la infancia, sueños que tenían que ver con el fútbol, cuando lo practicábamos en el patio del colegio.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/

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