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Luis Arias Argüelles-Meres

Panorama Vetustense

Arranque mateíno

Montaje del escenario en la plaza Feijoo.

«Algún día la filosofía aprenderá a bailar». (Nietzsche).

«El ruido de ciudad en los cristales/ acabará por ser tu única música, / y las cartas de amor que habrás guardado/ serán tu última literatura». (Joan Margarit).

 

Ya sabemos que, año tras año, la historia se repite: mientras que, para los organizadores, las del presente año son las mejores fiestas que en el tiempo han sido; para la oposición, sin embargo, son las peores que se recuerdan. Pero no voy a pronunciarme al respecto, entre otras cosas, porque estamos en los preámbulos.

Lo cierto es que cada arranque de las fiestas mateínas en Oviedo es algo muy especial. Por una parte, son las vísperas de unas noches muy especiales. Por otro lado, sabemos que, con ellas, nos despedimos del verano. Así pues, se trata de las vísperas de algo llamado a ser vivido como la despedida de la época estival. Se trata de unas vísperas de melancolía, de una melancolía que va a llegar y que nos da una tregua.

Fiestas de San Mateo en Oviedo. Esas noches en las que las calles están llenas de gente, esas noches que vamos de chiringuito en chiringuito, saludando a mucha gente, porque aquí nos conocemos casi todos.

Esas noches en las que a veces la luna se deja ver. Esas noches en las que a veces, la lluvia no nos estropea la fiesta. Esas noches en las que suena música, toda la música, no sólo la de los conciertos, sino también la de los chiringuitos.

Esas noches en las que El Antiguo se convierte en la cita obligada de quienes transitan las fiestas, cita que no siempre encuentra aposento, cita itinerante, que recuerda la consigna cervantina de preferir el camino a la posada.

Arranque mateíno en el que llevamos dentro aún nuestro verano. Arranque mateíno en el que sabemos que la seronda y la rutina ya nos están esperando. Tal vez por eso, tendemos a vivirá estas fiestas con mayor intensidad.

Fíjense, imagino que alguien habrá caído en esto que sigue: no deja de ser significativo el hecho de que las fiestas de Oviedo se celebren en vísperas otoñales. Porque estamos hablando de la ciudad que, literariamente, sesteaba, de la ciudad que sirvió de inspiración a toda una obra maestra del siglo XX.

Oviedo es otoñal y es también melancólica. Oviedo se viste de fiesta en vísperas de la estación que en Asturias es más bella.

Arranque mateíno, las vísperas otoñales, las vísperas melancólicas, las vísperas en las que se vuelca lo dionisiaco, en las que el ritual de despedida inunda las calles, en las que la música no nos abandona.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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