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Luis Arias Argüelles-Meres

Panorama Vetustense

Recuerdos de Oviedo: Por la calle González Besada

«¿No te entienden? Pues que te estudien o que te dejen; no has de rebajar tu alma a sus entendederas». (Unamuno).

«No habrá risa; no habrá arte; ni literatura ni ciencia; sólo habrá ambición de poder, cada día de una manera más sutil.» (Orwell. «1984»). 

Calle González Besada, un lugar de paso, una vía pública donde la enseñanza se dio y se sigue dando cita. Mucha gente puede recordar que el colegio de las Teresianas estuvo por estos lares radicado durante décadas. También permanece en la memoria de casi todos los ovetenses la antigua Facultad de Económicas, que tantas expectativas despertó en una época en la que la pasión por la política era efervescente y omnipresente. Y, en fin, con el paso del tiempo, es en González Besada donde está ubicado el edificio del Vicerrectorado de estudiantes, donde se tramitan, entre otras muchas cosas, las calificaciones de la Selectividad, conocida ahora como la EBAU.

En efecto, la Facultad de Económicas generó muchas expectativas. Se trataba de unos estudios que interesaban a casi todo el mundo, no sólo a quienes se matriculaban para cursar aquella carrera tan en boga, cuando se pensaba que la economía lo explicaba casi todo.

¿Cómo no recordar muchas de las conferencias que se pronunciaron en aquella antigua Facultad de González Besada, que contaban con conferenciantes muy conocidos y que concitaban un interés tan grande que aquello se abarrotaba de gente?

Rescato las imágenes de una conferencia que pronunció Enrique Fuentes Quintana, que había sido vicepresidente segundo para Asuntos Económicos en el Gobierno que formó Suárez tras las elecciones del 15 de junio del 77. En aquel momento, ya no era ministro. Había gente de pie escuchando al ilustre conferenciante. Lo acompañaba el entonces rector de la Universidad, Teodoro López Cuesta, que, fíjense ustedes cómo cambiaron los tiempos, formuló el ruego, dado el llenazo de gente que había, de que no se fumase allí. Incluso para los que apenas sabíamos economía, el exministro fue muy claro. Y, cuando le plantearon una pregunta un tanto comprometida en el coloquio, el señor Fuentes Quintana, haciendo gala de poseer buenos reflejos y fino sentido del humor, dijo que aquello sobre lo que se le había interrogado era, como mínimo, tan dificultoso como un examen cuatrimestral. Su respuesta no sólo rebajó la tensión dramática, sino que además endulzó el mal sabor de boca generalizado por la delicada situación de la economía que había descrito el ex ministro de Suárez.

Tras la conferencia, tertulia alrededor de unas tazas de café. Ya se aceptaba, incluso por parte de no pequeña parte del rojerío astur, que el sistema capitalista no iba a ser derruido por una revolución, que lo que tocaba era luchar por el máximo bienestar posible para la clase trabajadora dentro de lo que había.

Así, la década de los ochenta había comenzado entre sueños a los que no habíamos renunciado y un cierto realismo, al menos, «provisionalmente», que diría el personaje de Lauro Olmo.

¿Cómo no recordar, ya que de economía hablamos, aquellas interminables discusiones acerca de las teorías de Marx? ¿Seguían siendo actuales? ¿Quién lo podía entender mejor: los filósofos o los economistas? ¿Cuántas personas habían leído al filósofo alemán realmente tan a fondo como aseveraban, por mucho que nadie estaba dispuesto a reconocer que hablaban de refrito, o que se habían encontrado con textos no demasiado fáciles de interpretar?

Calle González Besada, mientras estuvo allí la Facultad de Económicas, en aquel tiempo de esperanzas y miedos, en aquellos primeros años de la transición, aquello fue todo un referente para quienes vivíamos con intensidad la pasión por la política.

La política no era algo que ocupase sólo a las gentes que estudiábamos carreras de letras. Había Facultades de ciencias donde se fotocopiaban poemas de Miguel Hernández, había Facultades, como la de Económicas, que eran toda una referencia para intentar entender el momento histórico que vivíamos.

La política no era sólo economía, pero la economía resultaba un factor de primer orden para entender la política. Para muchos, la pregunta del millón era ésta que sigue: ¿Los estudios de economía formaban parte de los saberes científicos, o también entraban allí lo que conocíamos genéricamente como ‘letras’? De hecho, había asignaturas como Sociología que los de ‘letras’ considerábamos de enorme interés.

Con el paso del tiempo, cada vez soy más consciente de la importancia que tuvo, sociológicamente hablando, aquella Facultad de Económicas, cuyos inicios coincidieron con aquel furor por la política y por la economía. No sólo se hablaba de lucha de clases y de la plusvalía, sino también de la inflación, de los llamados valores bursátiles, de las multinacionales, del futuro de la empresa pública en una tierra como la nuestra y así un largo etcétera.

Calle González Besada. Años más tarde, en el actual Vicerrectorado de Estudiantes, tocaba ir en junio y en septiembre a entregar los exámenes y las notas de la Selectividad. Hablo de una época aún no plenamente informatizada, en las que no se ponían las notas en internet, en la que el papel copaba todo el protagonismo. Andando el tiempo, con la informatización plena, las cosas cambiaron, pero seguimos entregando los exámenes corregidos en ese mismo edificio.

Calle González Besada. Cada vez que la transito, recuerdo mis visitas a aquella Facultad de Económicas, asistiendo a conferencias y también reuniéndonos con profesores a quienes les pedíamos que participasen en un programa de radio que hacíamos sobre la vida universitaria desde la óptica estudiantil.

Desde luego, se habían leído a Marx. Desde luego, tenían muy presente al moscón Valentín Andrés Álvarez, precursor de los estudios de economía en España, al polígrafo y escritor que, según sus propias palabras, había pasado «de los cuentos a las cuentas».

Definitivamente, la economía no se circunscribía en exclusiva al ámbito científico.

¿Cómo no recordar aquellas inacabables tertulias que teníamos frente a la Facultad de Económicas?

Eso: los cuentos (que hoy diríamos relatos) y las cuentas. ¿Las cuentas de quién? ¿Para quién?

¡Ay!

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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