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Luis Arias Argüelles-Meres

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SEMBLANZAS CARBAYONAS: FERNANDO VELA

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Juan Antonio Cabezas, cuando publicó la necrológica sobre Fernando Vela en el diario “ABC” en 1966, se vio en la necesidad de recordar al público lector que Oviedo fue la ciudad donde nació el que había sido el alma de la “Revista de Occidente”.

En efecto, Fernando Vela nació en Oviedo en 1888, concretamente, en la calle Uría. Fue, junto a Ortega, el principal artífice de la que es quizás la empresa cultural más prestigiosa e influyente de la historia contemporánea española. Antes de que se fundase la “Revista de Occidente”, Ortega y Vela, en conversaciones peripatéticas por Madrid, convinieron en que aquella publicación tenía que acoger lo más importante y puntero de la cultura occidental del momento, allá en 1923. Aquel profesor de la Escuela de Aduanas que se había trasladado de Oviedo a Madrid llegaría a ser conocido como “el aduanero de la Revista de Occidente”, pues al intelectual ovetense le correspondía la tarea de decidir qué era lo que había que publicar en cada número. Además de la Revista propiamente dicha, estaba también una editorial del mismo nombre en la que Vela pintaba mucho, donde se publicaron libros decisivos de nuestra literatura como el “Romancero Gitano”, de Lorca. Por su tarea, se ganó afectos y odios más o menos a partes iguales.

¡Qué decisivo fue no sólo para Vela aquel verano de 1914 cuando Ortega visitó Asturias y conoció a nuestro personaje, al que, de entrada, nombró corresponsal del diario “El Sol” en nuestra tierra! En algún sitio dejó escrito el filósofo que Vela era la mente más clara que había conocido. Tal afirmación, viniendo de de Ortega, no es, ciertamente, poca cosa.

Fernando Vela fue muchas cosas. De entrada, uno de los mejores periodistas que dio el siglo XX. Estamos hablando de un gigante del columnismo, también de un editorialista con enorme influencia desde el diario “El Sol”. Estamos hablando también de un editor, al que García Lorca le dedicó uno de los poemas de su libro “Poeta en Nueva York”, al que Cela le dedicó, por su lado, la primera edición de “La Familia Pascual Duarte”. Estamos hablando, además, de un ensayista que estuvo a la altura de lo mejor del género en su tiempo. Ensayista con temas de varia lección, desde el cine que entonces fascinaba, hasta el arte nuevo, pasando por sus críticas a las teorías de Freud, sin dejar de lado aquel Madrid que entonces bullía literariamente en el que había tertulias tan irrepetibles como la de Gómez de la Serna.

También fue un pionero a la hora de escribir sobre el llamado deporte rey. Y, en plena sintonía con Ortega, se mostró muy crítico con las distintas corrientes del existencialismo del pasado siglo.

Tras la guerra civil,  en el diario “España” de Tánger, el periodismo asturiano tuvo un enorme protagonismo. En aquella  redacción estaban, entre otros, Juan Antonio Cabezas y Jaime Menéndez, el Chato, el único periodista asturiano que, en su momento, llegó a ser redactor jefe del “Neo York Times”.

Su amistad con Adolfo Alas, hijo de Clarín, le acercó al autor de “La Regenta”, por el que sintió veneración, del que llegó a escribir un texto que daba cuenta de su vida cotidiana en nuestra ciudad, cuya lectura recomiendo vivamente. Pero también Gijón fue decisivo en la trayectoria intelectual de Vela, pues ahí está su etapa de secretario en el Ateneo Obrero de la ciudad de Jovellanos y, por otra parte, tuvieron una enorme influencia los artículos que publicó en el diario “El Noroeste”, en el que empezó a colaborar en 1913.

La vida de Fernando Vela hizo parada y fonda en Llanes, donde veraneaba, donde el paisaje le sirvió de inspiración, donde Ortega lo visitó en el verano de 1955, poco antes de su muerte el 28 de octubre de 1955.

Y, en Llanes, falleció, concretamente en el Café Pinín el 6 de septiembre de 1966, mientras jugaba una partida de ajedrez. La última frase de la necrológica de Cabezas sobre Vela no salió publicada, pues decía: “Se murió sin haberle podido dar jaque el rey”.

Hay otras dos facetas de Vela, que tienen una importancia extraordinaria. Cultivó el género biográfico, ocupándose de trayectorias tan distintas y distantes como la de Mozart y la de Roosevelt .  Y, por otra parte, tradujo libros no sólo de filosofía, entre ellos, uno de Kierkegaard, sino también de materias científicas.

Y, en una ocasión, ejerció de cronista de Ortega, de manera muy singular: el ensayo orteguiano “El Tema de nuestro tiempo” se elaboró con los apuntes que tomó Vela sobre las lecciones del curso universitario del mismo nombre que impartió su maestro.

Fernando Vela, un desconocido en Oviedo, en Asturias y en España. Un desconocido que forma parte, intelectualmente hablando, de la mejor Asturias y de la mejor España. Hora va siendo ya de que ocupe el lugar que realmente le corresponde.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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