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Luis Arias Argüelles-Meres

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SEMBLANZAS CARBAYONAS: CACHERO

Erudición, rigor y generosidad.

Recibió la Medalla de Oro de Asturias a título póstumo.

Tenía un profundo conocimiento de la historia de la literatura española.

Detestaba la lisonja y las mezquindades de la politiquería académica.

 

En el aula, se cambiaba de gafas, extendía apuntes y libros sobre la mesa y tenía el bolígrafo en la mano mientras disertaba sobre el tema que tocaba. De entrada, hacía alusión a «la sesión anterior», como el hilo conductor de lo que iba a exponer. Siempre ordenado, meticuloso, con total rigor y precisión en lo datos. De vez en cuando, soltaba alguna ironía que, para captarla, había que prestar mucha atención, pues no solía cambiar el tono. Puedo, debo y quiero decir que me siento muy afortunado de haberlo tenido como profesor en segundo, cuarto y quinto de carrera, en Filología Española, sección Literatura. También en los cursos de doctorado. Su corrección en el trato estaba marcada por la elegancia y por un respeto hacia el alumnado que siempre agradecí mucho.

Mi padre me había hablado mucho de él. Lo admiraba no sólo por su rigor académico y erudición, sino también por la valentía que había tenido a la hora de defender la obra de Clarín en tiempos difíciles. Lo cierto es que el hecho de que en un momento dado se hubiese hecho justicia a la obra de Leopoldo Alas se debe en gran parte a Cachero.

Recuerdo el titular de una entrevista periodística donde el catedrático emérito de nuestra Universidad afirmó: «Clarín y yo somos como Mingo y Teresa». En efecto, así fue. Siempre que se hablaba de Clarín, Cachero estaba presente como máxima autoridad académica acerca de la obra de Leopoldo Alas.

Pero, a la hora de glosar la trayectoria académica de este catedrático de Universidad que nació en Oviedo en 1924 y que falleció en nuestra ciudad en 2010, no sólo hay que referirse a sus trabajos e investigaciones sobre Clarín. Ahí está su historia de la novela española de posguerra, obra de referencia para conocer la historia de la narrativa española desde el final de la guerra civil hasta la muerte de Franco. El alumnado que pasó por sus clases puede atestiguar el profundo conocimiento que tenía de la historia de la literatura española desde el siglo XIX en adelante. Conocía muy a fondo no sólo el siglo de Clarín y Galdós, sino también todo el siglo XX, también el periodo que se conoce como ‘La Edad de Plata’. En ese sentido, son toda una referencia sus publicaciones sobre Azorín, así como sus estudios acerca del ultraísmo.

Pero no estamos hablando sólo de una autoridad académica acerca de un largo periodo de nuestra historia literaria, sino que además, en lo personal, atesoró cualidades que no son fáciles de encontrar en el ámbito universitario. Nunca incurrió en comportamientos mezquinos considerando advenedizos a quienes, en un momento dado, se ocupasen de los mismos temas y autores a los que don José María consagró su vida. No era profesor de pasillo ni de bar. Es uno de los pocos catedráticos universitarios que he conocido a quien jamás le he visto rodearse de camarilla alguna. Detestaba la lisonja y las mezquindades de la politiquería académica. Iba a lo suyo, a sus clases y a sus investigaciones.

Cuando la revista ‘Cuadernos del Norte’ dedicó un número especial a ‘La Regenta’, Cachero hizo una labor de coordinación con una amplitud de miras admirable sin incurrir en protagonismos que, por otra parte, le correspondían.

Tengo para mí que la Asturias oficial, que diría Ortega, no le hizo la justicia que merecía. Se le concedió la Medalla de Oro de Asturias, pero se le hizo justicia tarde, pues fue a título póstumo. Y su jubilación fue forzosa, aunque en aquel momento estaba en perfectas condiciones de seguir con sus tareas docentes.

En lo personal, siempre le estaré agradecido. Me prestó libros suyos, casi imposibles de encontrar, tuvo la generosidad de leer algunos de mis libros antes de ser publicados, haciéndome observaciones que me resultaron muy útiles. Y, en sus últimos años de vida, siempre estaba ahí, al otro lado del teléfono, para cualquier consulta que quisiera hacerle. Cuando aprobé las oposiciones de Instituto, le hice saber que en ‘la encerrona’, la exposición que hice sobre la mal llamada Generación del 27 la llevé a cabo siguiendo los criterios que nos había enseñado en el aula en cuarto de carrera.
También puedo y quiero decir que Cachero fue para mí uno de los profesores de la antigua Facultad de Filología de los que guardo mejor recuerdo. No sólo por su categoría como docente, sino también por su trato personal. Durante muchos años, lo veía por la calle Toreno, la misma en la que viví con mis padres. Era inconfundible su forma de caminar. Cachero fue, ante todo y sobre todo, la erudición y el rigor, pero también la generosidad personal.

Me siento afortunado por haber sido alumno suyo y por haberlo tratado personalmente.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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