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Luis Arias Argüelles-Meres

Panorama Vetustense

SEMBLANZAS CARBAYONAS: ALFREDO ÁLVAREZ LOMBARDÍA

El portero fue decisivo en el ascenso de la temporada 71-72

Era una garantía para el equipo, por su entrega, su lucha y su seguridad
Dejó una huella indeleble en el oviedismo, que nunca lo olvidó

 

Un recuerdo borroso de un domingo soleado en el Carlos Tartiere en la temporada 70-71. El Oviedo, faltando pocos minutos para que finalizase el encuentro, consiguió un gol que le daba la victoria. Yo estaba en la grada de preferencia y, en el jolgorio y delirio por la consecución de aquel tanto, vi cómo Lombardía, desde el banquillo, pues el portero titular era García Remón, celebraba el gol con un entusiasmo contagioso, saltando y compartiendo aquella explosión de alegría con sus compañeros.

En la temporada siguiente, García Remón, que había estado cedido en el Oviedo por el Real Madrid, se incorporó a su equipo y Lombardía se hizo con la titularidad.

Y, coincidiendo con aquella titularidad del guardameta de Tudela Veguín, el Oviedo ascendió a Primera División y Lombardía fue el portero que menos goles encajó de la categoría aquel año.

Un conocido periodista de entonces, Ricardo Vázquez-prada, lo llamaba san Lombardía. Lo cierto es que cuajó una temporada fantástica, que lo paraba casi todo y que fue decisivo en aquel ascenso. Y, por si fuera poco, en cada lance, en cada detalle, se notaba que sentía los colores de una forma tan admirable como contagiosa. Ya era entonces, y más en aquella época, un portero veterano, pero su forma física y su agilidad demostraban que no había perdido facultades, era todo lo contrario a la decrepitud.

A mis quince años, el ascenso del Real Oviedo fue un importante antídoto contra las melancolías de la adolescencia. No me perdí un solo partido de la temporada en el Tartiere y, cuando tocaba jugar fuera, estaba pendiente de la radio.

Todos teníamos muy claro que

‘el Pilu’ era toda una garantía, no sólo por su entrega y por su lucha, sino también por la seguridad bajo los palos y por su rapidez en las salidas cuando la ocasión lo pedía.

De algún modo, era el alma de aquel Oviedo que ascendió en la temporada 71-72. Todo seguridad y entusiasmo, que transmitía al resto del equipo. Encajó 19 goles en 38 partidos. La cifra es de récord.

Los guardametas entonces lucían indumentarias mucho más sobrias que en los últimos tiempos. Y tengo para mí que la sobriedad era también una de las grandes cualidades que atesoraba Lombardía.

No sobreactuaba con palomitas ni con intervenciones que pretendían aparentar más de lo que eran. Su honestidad llegaba hasta estos detalles, sin fingimientos

Aquella temporada del ascenso supuso su consagración como uno de los grandes guardametas del Oviedo. Cierto es que en ningún momento fue discutido, pues jamás se puso en cuestión su calidad ni tampoco su entrega al club, pero le tocó ser el portero reserva de otros guardametas que vinieron cedidos, entre ellos, de Mariano García Remón, que en la temporada anterior había hecho con el Oviedo una campaña realmente excepcional.

Por otra parte, Lombardía había pertenecido al Sporting entre 1961 y 1965, pero no fue de aquellos jugadores, como Biempica, como Montes y otros, que recalaron en el Oviedo al final de su carrera después de haber dado lo mejor de sí en el Sporting. En este caso, se puede decir que sucedió todo lo contrario, pues ‘el Pilu’ alcanzó su gloria, muy merecidamente, en el Oviedo.

El barro en el Carlos Tartiere, aquella grada de General que, de haberla visto Descartes, hubiese hablado en su ‘Meditación Segunda’ de paraguas y no de sombreros. ¡Cuántos gritos de ánimo de aprobación se dieron desde aquella grada a Lombardía! Gritos bajo los paraguas, clamores entre el humo de aquellos enormes puros que a muchos espectadores les duraban casi los partidos enteros.

Lombardía, ‘el Pilu’, dejó una huella indeleble en el oviedismo, en la historia del club, no sólo como uno de los grandes artífices de aquel ascenso en la temporada 7172, sino también como uno de los nuestros. Desde que llegó al Oviedo esperó con elegancia su momento y supo aprovecharlo extraordinariamente bien en favor del equipo. Y no exagero si afirmo que Lombardía fue uno de los jugadores imprescindibles en las glorias azules de la década de los setenta.

¿Cómo no recordar aquellos partidos que terminamos con la puerta a cero gracias a sus grandes intervenciones? Y, cuando se fue del club en 1974, lo hizo sin ruido, sin quejas. No tardamos en echarlo de menos. El oviedismo nunca lo olvidó. Vuelvo a aquella imagen de Lombardía, eufórico, celebrando desde el banquillo un gol que nos dio una victoria en los últimos minutos. Se diría que se hizo eco de todos los clamores que arrancó aquel gol. Que el oviedismo era él.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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