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Luis Arias Argüelles-Meres

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Semblanzas carbayonas: Jaime Martínez

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Vocación, pasión y bondad

Me sumo a la petición para que tenga una calle en Oviedo

Era una de esas personas que nos reconcilian con la humanidad

Hay personas, como es el caso de Jaime Martínez, que, en todo momento, transmiten una bondad inequívoca que se capta sin necesidad de poseer una mente muy aguda. Hay personas que acompañan esa bondad con una actitud cariñosa que nos llega y que nos llena de calidez. Hay personas que ponen toda su pasión en todo cuanto acometen, en todo cuanto emprenden, y esa pasión, además, desconoce cualquier atisbo de malestar.

Así era Jaime Martínez, una de las personas que más amor sintió por nuestra ciudad, por su profesión, por sus inquietudes culturales, por nuestro equipo de fútbol, por todo lo que rodeó su vida, que estuvo marcado por el halo de bondad al que me referí más arriba.

A Jaime Martínez lo vi en innumerables ocasiones a lo largo de mi vida, no solo en el portal y en los alrededores de Toreno 5 donde vivieron sus padres y también los míos, sino también en muchos sitios de Oviedo.

En nuestros encuentros, pocas veces hablamos mucho tiempo. Aun así, siempre se mostró afable y cariñoso, siempre le vi una actitud de enorme consideración y delicadeza, siempre se manifestó en él un interés amistoso y afectivo.

Confieso que cada vez que me veía fumando me lo reprochaba cariñosamente. No era, por su parte, un cumplido propio de un médico y de un neumólogo, sino algo sincero, sin impostación alguna.

Confieso que, cuando tuve noticia de su fallecimiento, me sentí muy afectado, no porque hubiésemos mantenido una amistad profunda, sino por esa bondad, por ese trato afable, por esa elegancia y por esa generosidad de las que vengo hablando.

Creo que fue en el mes de junio, a la salida de un acto que había tenido lugar en el Ridea, cuando le hice saber que iba a hacer una semblanza sobre su padre, don Antonio Martínez, en esta sección de ‘Caras Históricas’ que vengo publicando los domingos en EL COMERCIO. Le pedí algunos datos y nunca olvidaré la generosidad con la que me hizo saber su satisfacción por el texto una vez que se publicó. También se entusiasmó con la parte gráfica de la página que, como siempre, bordó Dani Castaño.

Poco tiempo después, coincidimos en un acto cultural, en el que hablamos de Oviedo y del Oviedo. Estaba muy lejos de imaginar que su fallecimiento sucedería pronto.

Jaime Martínez y González- Río, un médico humanista, cuyas inquietudes culturales, sobre todo en lo que se refiere a la ópera, tanto aportaron a la vida de nuestra ciudad.

Se da la circunstancia, además, de que estuvo al frente de la Fundación Ópera de Oviedo, de 2003 a 2018, es decir, durante quince años, justo el periodo de tiempo en el que una generación está al mando de la sociedad, según las teorías de Petersen y de Ortega y Gasset acerca de las generaciones.

En las necrológicas que se publicaron tras su muerte, se habló de lo trascendente y admirable que fue su labor al frente de esa Fundación. Por tanto, no voy a insistir en algo que ya se dijo por parte de personas mucho más autorizadas que yo para hacerlo. Lo esencial en este caso es poner el énfasis en los resultados de una dedicación admirable y apasionada, que tanto aportó a la vida cultural de Oviedo.

Por otro lado, me sumo al clamor existente en torno a solicitar que en Oviedo haya una calle que lleve su nombre. Sin duda, méritos para ello tiene sobradamente.

Jaime Martínez y González-Río, perteneciente a una familia de extraordinarios médicos, de médicos vocacionales y humanistas, cuya dedicación fue admirable. Su abuelo fue el galeno de ‘Clarín’. Acerca de su padre, don Antonio Martínez, ya escribí, como señalé más arriba, una semblanza en esta misma sección: fue otro gran médico humanista y una persona extraordinaria a quien le debo una enorme gratitud por la amistad que tuvo con mi padre.

Cuentan que, además de la ópera, que además del Oviedo, que además de su profesión, en la que destacó con brillantez, otra de sus pasiones era el rugby. Seguro que en ese ámbito su labor también dejo huella indeleble.

Jaime Martínez. ¡Cuánta bondad, cuánta pasión en todo cuanto acometía, cuánta magnanimidad en su persona!

Sin duda, sin ningún ánimo por mi parte de incurrir en lo hiperbólico, estamos hablando de una de esas personas que nos reconcilian con la humanidad.

No olvidaré aquella sonrisa suya la última vez que lo vi, hablando de Oviedo y del Oviedo.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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