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	<title>PSICÓLOGO DE CABECERANadie da duros&#8230; &#8211; PSICÓLOGO DE CABECERA</title>
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	<description>Temas de psicologia cotidiana para ayudar a vivir mejor</description>
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		<title>Nadie da duros&#8230;</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Oct 2026 15:28:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Silveira</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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<p class="wp-block-paragraph">Hoy hay una enorme diferencia pues han surgido online, como hongos, agentes malvados y depredadores, (no hablo de los que aplican las rebajas y en los que se puede confiar plenamente) que nadie los conoce y entran en nuestra vida hasta la cocina a través sobre todo del móvil. Y surge un aspecto inédito hasta ahora cual es que somos capaces de comprar un artículo, un viaje o lo que cuadre sin poder tocar y comprobar tanto la verdad del anuncio como su credibilidad y a pesar de lo cual entregamos nuestros datos bancarios con sus claves(¡), exponiéndonos a quedar engañados, defraudados y dispuestos a que entren más veces en nuestra cuenta para seguir haciendo de las suyas. Por nada del mundo daríamos esos datos a personas conocidas, ni amigos ni incluso familiares, no digamos a un desconocido que nos encontramos casualmente. Consideramos con toda lógica un absurdo dar personalmente o por teléfono a alguien nuestros datos financieros más delicados. Pero no dudamos un momento hacerlo cuando, llevados del deseo de adquisición de lo que nos parece una ganga, entregamos esos datos a alguien que en absoluto conocemos ni vemos y que puede estar en las antípodas. ¿Cual es la explicación psicológica de tal comportamiento? El deseo irrefrenable de no perder una oportunidad que nos parece de oro, sin pararnos a comprobar todo el proceso por si se trata de algún tunante o depredador sin escrúpulos. Nada de eso. Muchos ciudadanos ingenuos y cegados por el precio del supuesto chollo dejan su tarjeta con todos los detalles y luego viene el llanto y el crujir de dientes, cuando es tarde ya y no hay posibilidad de retorno o de rehacer el mal en muchos momentos y casos. El caso es que sabemos que las estafas abundan, pero los listos consiguen que pensemos que la cosa va en serio. La impulsividad y la impaciencia están también  detrás y contra ello solo cabe la prudencia y la desconfianza a priori antes de confiar en esos indeseables  como si fuesen nuestra pareja o nuestros padres. Porque a algunos hijos tampoco les daríamos alegremente nuestros datos bancarios.  ¿O no?</p>
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