{"id":1261,"date":"2019-03-31T21:17:02","date_gmt":"2019-03-31T19:17:02","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/psicologo-de-cabecera\/?p=1261"},"modified":"2019-03-31T22:24:22","modified_gmt":"2019-03-31T20:24:22","slug":"como-corregir-a-otro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/psicologo-de-cabecera\/2019\/03\/31\/como-corregir-a-otro\/","title":{"rendered":"C\u00d3MO CORREGIR A OTRO"},"content":{"rendered":"<p>Llamar la atenci\u00f3n sobre alg\u00fan comportamiento es algo que todos hacemos habitualmente. Corrige el padre o la madre al hijo, el esposo a la esposa o viceversa, el jefe al empleado, los compa\u00f1eros entre s\u00ed, el vecino al vecino, el profesor al alumno y un largo etc\u00e9tera. Todos sentimos esa necesidad  con muy alta frecuencia.<br \/>\nOtra cosa distinta es que acertemos en el modo y manera y su eficacia, por supuesto. La realidad es que no acertamos la mayor parte de las veces por distintas razones.<br \/>\nLa primera porque, aunque tengamos la raz\u00f3n, solemos hacerlo bajo un estado emocional alterado de enfado, al no gustarnos lo que el otro ha dicho  o realizado. Eso hace que el receptor se ponga a la defensiva y en modo resistente al cambio que se le pide.<br \/>\nSegundo porque solemos atacarlo personalmente  por  su proceder. La persona, al sentirse atacada como tal, reacciona mal porque lo considera injusto.<br \/>\nTercero, porque tenemos tendencia a generalizar a usar palabras como &#8220;siempre&#8221; o  &#8220;nunca&#8221; lo que hace que otro se moleste, pues no es preciso ni adecuado generalizar.<br \/>\nCuarto, porque hay momentos en que lo hacemos delante de personas con lo que el corregido se siente algo humillado o p\u00fablicamente se\u00f1alado.<br \/>\nQuinto, porque lo hacemos, a veces, en el momento menos oportuno y el otro no se muestra receptivo.<br \/>\nComo a nadie le gusta que le corrijan o se\u00f1alen sus defectos o fallos, sin renunciar a corregir para que el otro cambie, procede hacerlo con tiento y as\u00ed y todo no siempre surte efecto.<br \/>\nProcede hacerlo a solas, cuando el otro est\u00e1 tranquilo, se\u00f1alando tan s\u00f3lo le hecho o la conducta que pretendemos modifique, no atacando a la persona \u00edntegramente, entre otras razones porque una cosa es la conducta y otra la persona.<br \/>\nY finalmente conviene hacerlo de forma sosegada, aunque estemos molestos, porque es una manera inteligente de conseguir el objetivo perseguido, a saber, que el otro modifique en el futuro la actuaci\u00f3n referida, pues es de lo que se trata.<br \/>\nEl mero desahogo es casi siempre err\u00f3neo por la forma, el volumen o el tono y no se obtiene el cambio deseado sino todo lo contrario.<br \/>\nTodo esto requiere un gran autocontrol emocional y saber esperar (tener paciencia) para que el corregido se muestre receptivo y sobre todo mostrar serenamente las razones que se aducen.<br \/>\nY as\u00ed y todo  no siempre se consigue. El enfado es el mayor enemigo, porque manda la emoci\u00f3n en lugar de la raz\u00f3n y se activa la emoci\u00f3n del enfado en el otro. Analiza cu\u00e1ntas veces has intentado corregir sin estar alterado y los resultados derivados y deduce por ti mismo.<br \/>\nAh, y no olvidarse de reforzar el cambio, si se da. Eso a todos nos agrada.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Llamar la atenci\u00f3n sobre alg\u00fan comportamiento es algo que todos hacemos habitualmente. Corrige el padre o la madre al hijo, el esposo a la esposa o viceversa, el jefe al empleado, los compa\u00f1eros entre s\u00ed, el vecino al vecino, el profesor al alumno y un largo etc\u00e9tera. Todos sentimos esa necesidad con muy alta frecuencia. 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