{"id":2051,"date":"2026-10-05T17:28:26","date_gmt":"2026-10-05T15:28:26","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/psicologo-de-cabecera\/?p=2051"},"modified":"2026-10-05T17:28:56","modified_gmt":"2026-10-05T15:28:56","slug":"nadie-da-duros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/psicologo-de-cabecera\/2026\/10\/05\/nadie-da-duros\/","title":{"rendered":"Nadie da duros&#8230;"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque todos sabemos aquel refr\u00e1n de antes del euro de que nadie da duros a cuatro pesetas, conocido por todos y una gran verdad. Aunque en grado diferente el af\u00e1n de encontrar chollos o gangas es innato a los humanos sin embargo hay una diferencia entre las gangas ofrecidas antes de internet y las que se ofrecen a nivel digital. En las antiguas uno pod\u00eda verlas, tocarlas y comprobar in situ si la ganga merec\u00eda la pena por su precio o no, qu\u00e9 calidad ten\u00eda y qu\u00e9 aspecto presentaba. Todo era anal\u00f3gico y las gangas tambi\u00e9n. Tambi\u00e9n los comercios&nbsp; las ofrec\u00edan en los conocidos periodos de rebajas, sobre todo. Y casi todos ellos usaban entre otras,&nbsp; la ley de la escasez como reclamo: \u201cSolo nos quedan x art\u00edculos, compre antes de que se agoten\u201d. Antes tambi\u00e9n se conoc\u00eda el agente, empresa o comercio, que las ofrec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy hay una enorme diferencia pues han surgido online, como hongos, agentes malvados y depredadores, (no hablo de los que aplican las rebajas y en los que se puede confiar plenamente) que nadie los conoce y entran en nuestra vida hasta la cocina a trav\u00e9s sobre todo del m\u00f3vil. Y surge un aspecto in\u00e9dito hasta ahora cual es que somos capaces de comprar un art\u00edculo, un viaje o lo que cuadre sin poder tocar y comprobar tanto la verdad del anuncio como su credibilidad y a pesar de lo cual entregamos nuestros datos bancarios con sus claves(\u00a1), exponi\u00e9ndonos a quedar enga\u00f1ados, defraudados y dispuestos a que entren m\u00e1s veces en nuestra cuenta para seguir haciendo de las suyas. Por nada del mundo dar\u00edamos esos datos a personas conocidas, ni amigos ni incluso familiares, no digamos a un desconocido que nos encontramos casualmente. Consideramos con toda l\u00f3gica un absurdo dar personalmente o por tel\u00e9fono a alguien nuestros datos financieros m\u00e1s delicados. Pero no dudamos un momento hacerlo cuando, llevados del deseo de adquisici\u00f3n de lo que nos parece una ganga, entregamos esos datos a alguien que en absoluto conocemos ni vemos y que puede estar en las ant\u00edpodas. \u00bfCual es la explicaci\u00f3n psicol\u00f3gica de tal comportamiento? El deseo irrefrenable de no perder una oportunidad que nos parece de oro, sin pararnos a comprobar todo el proceso por si se trata de alg\u00fan tunante o depredador sin escr\u00fapulos. Nada de eso. Muchos ciudadanos ingenuos y cegados por el precio del supuesto chollo dejan su tarjeta con todos los detalles y luego viene el llanto y el crujir de dientes, cuando es tarde ya y no hay posibilidad de retorno o de rehacer el mal en muchos momentos y casos. El caso es que sabemos que las estafas abundan, pero los listos consiguen que pensemos que la cosa va en serio. La impulsividad y la impaciencia est\u00e1n tambi\u00e9n&nbsp; detr\u00e1s y contra ello solo cabe la prudencia y la desconfianza a priori antes de confiar en esos indeseables &nbsp;como si fuesen nuestra pareja o nuestros padres. Porque a algunos hijos tampoco les dar\u00edamos alegremente nuestros datos bancarios.&nbsp; \u00bfO no?<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aunque todos sabemos aquel refr\u00e1n de antes del euro de que nadie da duros a cuatro pesetas, conocido por todos y una gran verdad. 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