{"id":510,"date":"2013-05-08T13:17:56","date_gmt":"2013-05-08T11:17:56","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcomercio.es\/psicologo-de-cabecera\/?p=510"},"modified":"2013-05-08T13:17:56","modified_gmt":"2013-05-08T11:17:56","slug":"no-te-dejes-secuestrar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/psicologo-de-cabecera\/2013\/05\/08\/no-te-dejes-secuestrar\/","title":{"rendered":"NO TE DEJES SECUESTRAR"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"\/psicologo-de-cabecera\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2013\/05\/AMIGDALA.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-511\" title=\"AMIGDALA\" src=\"\/psicologo-de-cabecera\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2013\/05\/AMIGDALA.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"201\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2013\/05\/AMIGDALA.jpg 340w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/7\/2013\/05\/AMIGDALA-300x201.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pues s\u00ed, amigos, con harta frecuencia nos dejamos secuestrar por nuestra am\u00edgdala, que, aunque insignificante hace muchos estragos. Cada vez que una emoci\u00f3n como el miedo, la culpa o la ira,\u00a0 liberadas por la am\u00edgdala, nos invaden, lo que en realidad est\u00e1 ocurriendo es que ese peque\u00f1o \u00f3rgano, del tama\u00f1o de una lenteja, impide al cerebro racional o pensante evaluar la situaci\u00f3n, hacerse cargo de ella y tomar las decisiones pertinentes. Es como esos calamares que expulsan tanta tinta que impiden a sus atacantes verlos y atacarlos por tanto. La emoci\u00f3n, sea cual sea, sobre todo si es intensa, nubla la parte de nuestro cerebro, el pensante, evaluador y tomador de decisiones, situado en el c\u00f3rtex prefrontal izquierdo, sobre todo, y no da pie con bola o queda bloqueado, secuestrado. De esa forma no avanza hasta tanto la emoci\u00f3n no se haya enfriado. Sin embargo, aunque las emociones son reacciones qu\u00edmicas naturales y por tanto esperables, no debemos consentir que se apoderen de nuestra capacidad de discernir y razonar y tomar decisiones apropiadas. No, porque lo probable es que erremos al obrar un tanto cegados por la tinta no ya del calamar sino del contratiempo por el que atravesamos. En esto de los secuestros ya se sabe que lo mejor es procurar que no sucedan porque, la experiencia nos dice, que una vez secuestrados, el sufrimiento es alto y la erosi\u00f3n intensa. As\u00ed que ya lo saben, en cuanto que la ira, el miedo o la culpa, entre otros, aparezcan hay que reaccionar de inmediato antes de que la contaminaci\u00f3n se haya extendido. Esto es como el dolor de cabeza, que, \u00a0o lo coges a tiempo o te amarga un par de dias. Y si quedamos secuestrados, cosa nada improbable, enseguida hay que distanciarse del asunto, tratar de evaluar la situaci\u00f3n, calibrar nuestra reacci\u00f3n y tomar decisiones razonables, no llevados del impulso amigdalino. No se puede consentir que una parte tan peque\u00f1a de nosotros mande tanto, \u00a1qu\u00e9 caramba! Y menos estar cuasi permanentemente secuestrados, como quienes se preocupan por todo. \u00a1Abajo el &#8220;secuestro amigdalar&#8221;!!!<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Pues s\u00ed, amigos, con harta frecuencia nos dejamos secuestrar por nuestra am\u00edgdala, que, aunque insignificante hace muchos estragos. 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