{"id":957,"date":"2016-09-22T12:41:58","date_gmt":"2016-09-22T10:41:58","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcomercio.es\/psicologo-de-cabecera\/?p=957"},"modified":"2016-09-22T12:41:58","modified_gmt":"2016-09-22T10:41:58","slug":"la-puerta-olvidada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/psicologo-de-cabecera\/2016\/09\/22\/la-puerta-olvidada\/","title":{"rendered":"LA PUERTA OLVIDADA"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tendemos a despreciar la importancia de los peque\u00f1os detalles, de lo aparentemente insignificante, pensando que no tiene peso en nuestra vida y en nuestras relaciones personales y ciertamente puede ser as\u00ed, pero no siempre, y omitirlo puede ser decisivo en muchos casos, sobre todo en las relaciones personales.<\/p>\n<p>Los turcos conquistaron Bizancio,en poder de los cristianos porque, a pesar de sus grandes murallas y s\u00f3lidas defensas, los cristianos se olvidaron, por un incomprensible descuido, de cerrar a cal y canto una aparentemente insignificante puerta, sin importancia militar, por la que en tiempos de paz entraban los peatones y por la que se colaron perdiendo los cristianos aquella importante fortaleza y cambiando con ello el rumbo de la historia. La kerkaporta, o puerta olvidada, se llamaba.<\/p>\n<p>Digo que los detalles son siempre dignos de tener en cuenta en todas las facetas de la vida, pero en las relaciones personales, siempre material sensible, puede ocurrir que un simple detalle pasado por alto o no tenido en cuenta, dada nuestra sensibilidad al ser tratados, altere seriamente una relaci\u00f3n que va durando a\u00f1os. Incluso es susceptible de acabar con ella de manera abrupta o paulatina.<\/p>\n<p>A todos nos gusta que nos traten bien y somos bastante susceptibles a las formas, los modos, las omisiones, los despistes o cualquier acci\u00f3n que signifique ser ignorados, preteridos, discriminados u ofendidos.<\/p>\n<p>Cierto es que no podemos cuidar con exquisitez\u00a0 siempre y todos los detalles, porque no siempre estamos en perfectas condiciones \u00a0emocionales para ello, pero no est\u00e1 dem\u00e1s tener en cuenta que, dado que los seres humanos somos muy sensibles a las palabras, los hechos y los gestos que implican nuestras interacciones y que no siempre nuestro grado de tolerancia a la frustraci\u00f3n es alto, podemos estropear \u00a0una relaci\u00f3n por alg\u00fan simple detalle que hemos pasado por alto.<\/p>\n<p>Pero lo mismo ocurre en cualquier area. Podemos tener un autom\u00f3vil caro y cuidado y olvidar controlar el aire de un neum\u00e1tico y perder el control al frenar\u00a0 bruscamente en una curva. Podemos marchar de vacaciones y dejar una ventana no bien cerrada y abrirla un vendaval y hacer de las suyas. La lista de posibles ejemplos ser\u00eda casi infinita.<\/p>\n<p>Pero la clave es corta y simple. No hay detalle peque\u00f1o, todo cuenta. Hay que estar sobre aviso, sin obsesiones, pero alerta.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Tendemos a despreciar la importancia de los peque\u00f1os detalles, de lo aparentemente insignificante, pensando que no tiene peso en nuestra vida y en nuestras relaciones personales y ciertamente puede ser as\u00ed, pero no siempre, y omitirlo puede ser decisivo en muchos casos, sobre todo en las relaciones personales. 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