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Jacobo Blanco

Qué nos pasa

Chercehez la femme

Lo comentó mi mujer mientras veíamos a una enfadadísima  Cospedal  en rueda de prensa: “Bárcenas la ha enfurecido. Y nada es peor que tener enfrente a una mujer furiosa”.  Más allá de lo que el futuro les depare, las crónicas de Corte apuntan que fue la  manchega el detonante de la increíble saga-fuga de Bárcenas. Unamuno reivindicaba la importancia de lo que él llamaba intrahistoria. Pues bien, hasta 2008 no se recuerda mujer alguna en la dirección del PP, más allá de la presencia, casi testimonial y un tanto borrosa ya, de  Tocino o de Palacio. Génova debía ser un ecosistema masculino, con los usos y costumbres propios del medio, en los que las mujeres, casi invisibles, parecen no ver, no oir y no hablar: conversaciones y asuntos “de hombres” –poder, Real Madrid, coches, mujeres, sobresueldos…- dirimidos entre hombres… La irrupción de Soraya y Cospedal debió suponer una pequeña revolución: dos mujeres de carácter y currículum notable, con mando en plaza. Más la archirrival, Esperanza Aguirre. Otra mujer  notable y de armas tomar, dotada insólitas habilidades: es capaz de denostar a  ajenos y propios simultáneamente. Y en español, inglés y francés. Esas mismas crónicas de Corte aseguran que Bárcenas jamás se adaptó a los usos y costumbres del nuevo ecosistema paritario, en el que ya no ejercía de “gallu”.  Y que, desde ahí, estos lodos. Por cierto, a dos kilómetros, siguiendo los bulevares, Rubalcaba se ha rodeado también de su particular gineceo: quizá menos brillante, aunque incluye también una Soraya. Y también con una archirrival, aunque peor aconsejada en asuntos de comunicación que la de Rajoy: Carme(n) Chacón.

Pero la inadaptación de los varones con mando a los usos y costumbres que impone el ecosistema paritario no es un problema exclusivo de nuestros próceres. La feminización de nuestros, por ahora, grandes partidos, es paralela -quizá más intensa, siquiera en lo que “se ve”- a la del mercado laboral español. Sepultada por el ladrillo, la revolución silenciosa de la ocupación en España ha pasado de soslayo: entre 1996 y 2008, el número de mujeres trabajadoras se duplicó: 4,1 millones de nuevas ocupadas; por  3,6 de varones. Y lo han hecho en la restauración y el comercio, sí; pero también, en puestos directivos, técnicos,  profesionales y administrativos: más de dos millones.  Innumerables hogares vadean ahora la crisis gracias a los ingresos de sus mujeres. Porque el desempleo, siquiera en el origen de la crisis, fue fundamentalmente masculino. Ha surgido, incluso, un grupo social inédito: mujeres jóvenes que viven solas. Una novedad en una España que, hasta hace cuatro días, lo veía con malísimos ojos. Las mujeres, en cualquier caso, han incrementado su poder e influencia social, ocupando espacios y rompiendo costumbres privativos del varón. ¿Estaremos ante un neomatriarcado?

No sabemos cómo terminará el asombroso embrollo de Bárcenas. Pero sí que quizá su Alfa fue mujer. ¿Lo será su Omega?  Sería algo natural. Sociológica y políticamente. De momento, quien sustituye a Bárcenas al frente de las cuentas “populares” es… una mujer.

 

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Política

Sobre el autor

Tras un cuarto de siglo –y lo que quede- dedicado a la investigación social aplicada en el sector privado, en el público y al alimón, quizá fuera el momento de saltar a la palestra que me ofrecía El Comercio y aportar algo –o intentarlo, al menos- a la reflexión serena y, en lo posible, documentada y original, sobre lo que nos pasa.


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