Más allá de cómo termine el asunto, la anulación de la licencia para la construcción de la regasificadora evidencia, una vez más, que la burbuja inmobiliaria fue acompañada por otras muchas. Entre ellas, la de la obra civil.
Ya antes de la crisis, cuando burbujeaba 2006, pregunté a gente relevante del sector energético por la regasificadora, por entonces aún mero proyecto: se me contestó, literalmente, que la planta no tenía mercado, que la demanda estaba cubierta con Bilbao y Coruña, que lo de Gijón era político. Parece que el tiempo lo confirmó: es una planta sin uso, presente o previsto. Si, además, la Justicia obligara a su derribo, estaríamos ante un colosal escándalo. Si no lo estamos ya. Porque hablamos de una inversión de 300 millones de euros. Que se suma, además, a la ampliación del puerto: más de 600 millones. Sumen. ¿Mil millones -o seis aeropuertos de Castellón- tirados al mar? Porque el puerto, tres años después de inaugurarse, permanece sin uso. Y no se espera que lo tenga, siquiera a corto plazo. Ironías del destino: hace años, un informe de la Autoridad Portuaria fiaba el crecimiento de tráficos exclusivamente al gas. Ese era uno de los motivos que justificaba la ampliación. El otro era el advenimiento de enormes bulk-carriers, los controvertidos Valemax, destinados a puertos “hub” o de distribución. Pero parece que “El Muselón” –de considerarse “hub”, claro- no podría acogerlos, siquiera a plena carga. Casi, casi, como ahora. Al final, y paradójicamente, todo apunta a que la ampliación podría asfixiar la viabilidad financiera del puerto: serán muchos años amortizando inversiones sin rentabilidad alguna.
No escarmentamos. Seguimos especulando con nuevas infraestructuras que, supuestamente, atraerán actividad y dinamismo a la región. Aunque sólo sea durante su construcción. La enésima filtración del Ministerio de Fomento, reactiva la polémica sobre la traza ferroviaria Lena-Gijón. Tal y como ya nos preguntamos en esta misma columna ¿tiene sentido gastar 2.000 millones para que 1.000 -o 2.000- pasajeros diarios ahorren unos 10 minutos de viaje? La polémica reactiva también el discurso victimista: que si los de no-sé-dónde llegan a Madrid 30 minutos antes que nosotros. O que otros ya tienen AVE y nosotros no vamos a ser menos. Quizá no reparan los que enarbolan esa bandera en los problemas financieros de la Alta Velocidad en España. Cosas de infraestructuras carísimas, escaso pasaje y nula interacción con la red ferroviaria convencional. Creo que el interés de los asturianos es, además de rebajar el coste del paso de nuestras mercancías, poder ir a Valladolid o Madrid por la mañana, celebrar una reunión y un almuerzo de trabajo –o, por qué no, ir de compras, o…- y volver para cenar en casa. Y eso es factible tardando tres horas y pico que, con alguna mejora en la traza asturiana, podrían rebajarse todavía más. Lo imprescindible, creo, es la apertura de la variante. Pero esa parece ahora la cuadratura del círculo, si se quiere de uso mixto y sin poner en riesgo las ayudas europeas.
Quizá debamos invertir nuestra estrategia ¿No les parece más razonable que, en vez de especular con megainfraestructuras, nos planteemos primero cómo generar actividad que luego las justifique y ponernos a ello?