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Jacobo Blanco

Qué nos pasa

Chávez, en el filo

(Artículo publicado en El Comercio el sábado 9-3-2013)

No conozco Venezuela. Pero sí a españoles que fueron allá y a venezolanos que vinieron acá, y que elocuentes, cuentan y callan de su patria, al amor de ricas arepas y brillantes violines. Así que ahí van algunas impresiones.

Chávez ha gobernado en el filo de la navaja. Aquel Movimiento V República que le aupó al poder y que sonaba a algo así como gaullismo de joropo y locaina, despalilló en populismo verborreico y chandalero. Aconsejado quizá por la dinastía cubana, su constitución descarnó la tambaleante democracia heredada hasta dejarla en los huesos, escuálida; pero manteniendo los formalismos imprescindibles para moverse en la comunidad internacional. Una democracia personalista, autoritaria y nepotista, con menguantes resquicios pluralistas, aunque suficientes para dar aire a una oposición denostada por el apabullante oficialismo. Vean sino, en “streaming”, la televisión oficialista, acuñadora de una neolengua en la que, de cada cuatro palabras, una es Chávez, bolivariano o revolución.

Al filo de la navaja  económica, sostenido por el creciente monocultivo petrolero.  Arbitrismo, inflación y vanos controles de precios, modelaron una economía a su medida,  que sólo baila ya al son del calipso que marca el Brent. El oro negro diluyó, hasta ahora, la ruina manufacturera y agraria, permitiendo soslayar debacles económicas como las provocadas por experimentos sociales como los de Castro, Velasco y Allende.

Es el mismo maná que ha facilitado una aparente reducción de la pobreza. Al contrario que en Brasil, Chile, Colombia o México, donde la igualdad y la eclosión de las clases medias se cimentan en la estabilidad, la modernización y la diversificación económica, en Venezuela no han surgido clases medias, sino un proletariado subvencionado y clientelar, atado a sus ranchitos, equipados ahora con electrodomésticos importados de China.  

Quizá su mayor éxito haya sido situar a Venezuela en el tablero geopolítico. De nuevo el petróleo. Y, de nuevo en el filo, jugando sus cartas entre los recelos de Rusia y China, y aliándose con Ahmadineyad mientras vende la mitad de su crudo –y compra buena parte de su gasolina- a EEUU, aunque sin capacidad mediadora. Y erigiéndose, a la vez, en líder de parte de Latinoamérica.

Loa resultados de las últimas elecciones muestran un país partido: en una mitad, los ranchitos de Petare y la bolioligarquía de bourbon y Jaguares. En otra, muchos funcionarios, profesionales, industriales y ganaderos, aquellos que no comulgan del maná chavista. Veremos cuál es el futuro del chavismo, aprestado a construir su Evita. Quizá se “peronice”, dominando por un siglo la política venezolana, a expensas de inflaciones y milicos. O quizá se cubanice. O desaparezca. En unas semanas se celebrarán elecciones: comprobaremos  entonces si la conmoción chavista compensa la civil grisura de Maduro, la devaluación y la escasez,  síntomas, como los resultados  electorales, de cierto agotamiento chavista. Y si, de ganar las elecciones, sobrevive a sus propias tensiones internas. O si, de perderlas, condiciona la política utilizando su capilaridad social. Al filo de la navaja es fácil caerse. Chávez, tosco, pero equilibrista, murió sin caer. Y quizá justo a tiempo para convertirse en mito.

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Sobre el autor

Tras un cuarto de siglo –y lo que quede- dedicado a la investigación social aplicada en el sector privado, en el público y al alimón, quizá fuera el momento de saltar a la palestra que me ofrecía El Comercio y aportar algo –o intentarlo, al menos- a la reflexión serena y, en lo posible, documentada y original, sobre lo que nos pasa.


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