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Jacobo Blanco

Qué nos pasa

EL COMERCIO, altavoz de la intrahistoria

EL COMERCIO nos regalaba días atrás con una selección de 50 de sus 45000 portadas, condensando 136 años de historia de Gijón,  Asturias, España y el mundo en su abigarrada composición.  Trabajar con tan  ingente material admite enfoques diversos. El predominio creciente de la imagen.  Del titular. O la simplificación del lenguaje. Pero, como apuntaba nuestro director, tienen el valor –incalculable para un sociólogo- de contar los acontecimientos tal y como se vivieron. Porque la vivencia de esos acontecimientos, cuando aún no se conocen todas las circunstancias, suele ser bastante distinta al relato que, a posteriori, y con las circunstancias sabidas, hacen los historiadores.  

Dos portadas: 2 de septiembre de 1878 y, mediada la singladura del periódico, 25 de septiembre de 1957. Representan  puntos de inflexión en la historia de Asturias y de España. Ambas parecen ser conscientes de ello, aunque quizá no en toda su amplitud.

En 1878, unificada Alemana, Europa comienza la alegre fiesta de la Belle Époque. A rebufo, una España exhausta por el trajín isabelino y el Sexenio Revolucionario, estrena la constitución monárquica y liberal de 1876, decidida a compartir, modestamente, esa fiesta de progreso, pagada por capitales europeos. EL COMERCIO, financiado por la emergente burguesía de un Gijón ya autopercibido como fabril, la impulsa. Su primer editorial afirma sin ambages que el neonato diario  “se consagrará a los intereses económicos”, apoyando la concordia y no la bandería, sin descuidar la instrucción, el arte y la moralidad, formando a “la opinión pública” (¡en1878!) “difundiendo la verdad y la controversia entre principios”.

Esa prosperidad alcanza su apogeo en Asturias en 1957, logrando  la máxima producción carbonífera, echando a andar la Universidad  Laboral e inaugurando ENSIDESA ese 25 de septiembre. Dos cosas reclaman atención en esa portada. Se saluda a la nueva factoría –y otra similar de la Duro- como “nueva etapa de progreso para Asturias y España”, pero el articulista  advierte, sagaz, la necesidad de desarrollar la iniciativa privada. El  discurso de Franco llama a la confianza optimista en España, a producir riqueza y distribuirla en armonía social, a exportar, subir el nivel de vida y crear clases medias y emprendedoras. ¿Les suena de algo? Supone un giro copernicano en la política económica de España, transformado el secular modelo castizo y proteccionista por otro más abierto –y ciertamente exitoso- que llega hasta hoy, aunque paradójicamente apuntillará el protegido progreso astur hasta hoy. Miren el decepcionante PIB de 2013.

El COMERCIO aparece como altavoz de la historia; quizá de lo que Unamuno denominaba intrahistoria. Esas viejas portadas, tan actuales, nos recuerdan a veces que nada hay nuevo bajo el sol. ¿O tal vez sí? Porque puede ser que nos pasen desapercibidos discursos o editoriales claves en momentos históricos. El que vivimos es, quizá, uno de ellos. Pero desde la sociedad civil y, sobre todo, desde el estado, se adivina más la pusilanimidad conservadora de mantener lo existente que ánimo transformador de largo alcance capaz de superar la bandería y someter la política al progreso de la nación y su ciudadanía.  

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Sobre el autor

Tras un cuarto de siglo –y lo que quede- dedicado a la investigación social aplicada en el sector privado, en el público y al alimón, quizá fuera el momento de saltar a la palestra que me ofrecía El Comercio y aportar algo –o intentarlo, al menos- a la reflexión serena y, en lo posible, documentada y original, sobre lo que nos pasa.


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