Artículo publicado en “El Comercio” el 19-1-2013
El suelo que liberado por la Fábrica de Armas abre una oportunidad estratégica para Asturias: localización y accesibilidad le otorgan vocación metropolitana. A escala local, abre una oportunidad para rehacer el tejido urbano en el punto más transitado de la región, integrando el espacio fabril. Pero es, también, un ámbito especialmente sensible: es parte de la memoria de la ciudad y afecta a elementos tan delicados como la iglesia de San Julián, la propia capilla de la Vega, así como a la Fábrica, quizá con elementos de interés catalogables.
Naturalmente, se ha abierto la saludable controversia ciudadana: ¿para qué usar las parcelas? Ya han surgido algunas ideas: un ferial para “celebrar San Mateo”, usos fabriles, un parque científico-tecnológico-universitario … Eso sí: hay acuerdo en evitar viviendas. Quizá consecuencia de la resaca ladrillera.
Intentemos espigar alguna reflexión al debate. Primero: cautela con posibles equipamientos. La burbuja no fue sólo de viviendas, sino también de equipamientos más o menos absurdos ahora en desuso o en la UVI financiera. Asturias y, por supuesto, Oviedo, saben bien de ello. Fue consecuencia, en parte, de la ausencia de un pensar metropolitano justamente ambicioso pero razonable. Por tanto, las propuestas deberán analizar cuidadosamente de qué adolece Asturias, estimando la demanda y la oferta existente en áreas urbanas cercanas, asegurando su sostenibilidad económica. Concertar fórmulas claras y cooperativas de gestión. Y, desde luego, valorar su encaje en el suelo de la Vega e, incluso, el aprovechamiento de algunas de las construcciones susceptibles de protección allí existentes.
Segundo: ¿por qué negarse tajantemente a usos residenciales? La financiación de infraestructuras con cargo –siquiera en parte- a la venta de suelo es casi tan antigua como la ciudad. Y no siempre perversa: miren el Ponte Vecchio. Pero es que, además, estamos hablando se rehacer ciudad, restañando heridas y vacíos que la fábrica y la autopista causaron. Una ciudad lo es en tanto y cuanto es diversa y rica en usos que, cada vez más, tienden a convivir y se busca que convivan. Entonces ¿por qué renunciar al uso residencial? Más allá del prurito antiespeculativo, se asegura que no habrá demanda de vivienda y que la posible está cubierta por el suelo ya en desarrollo. Quizá no sea del todo cierto y estemos más ante un desajuste entre oferta y demanda de vivienda que ante un desplome definitivo. Resumiendo: la vivienda existente no se vende porque es cara. Pero la demanda latente de vivienda a otro precio está ahí. Ojo, porque es un asunto capital para el futuro.
Sugiero, por tanto, el uso residencial sabio y moderado. Compatible con otros que, por ahora, nadie atina a definir. Evitemos apresuramientos, el horror vacui, contendores vacíos. Es una operación compleja. Vayan posibles pistas: si Asturias carece de algo es de atractivo para los jóvenes: empleo, vivienda y sobre todo, ambiente propicio para desarrollar su creatividad. Con esos mimbres igual se pueda tejer alguna propuesta sostenible, razonable y razonada. Olvidemos, en todo caso, aquel despreocupado y aciago “tira p´lante que libres”. Son otros tiempos.