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Jacobo Blanco

Qué nos pasa

Hacer ciudad

El traslado del HUCA a sus nuevas instalaciones vacía 130.000 m2  del tejido urbano de Oviedo.  Podrían  sumarse los 100.000 de la aledaña Policía Nacional e incluso la finca colindante de las instalaciones compartidas por el García Posada y la Escuela de Idiomas, unos 20.000 m2.  Entre 130.000 y 250.000 m2 de suelo: de 1,5 a 3 veces la superficie del Campo de San Francisco. A ellos habría que añadir los 120.000 adicionales abandonados por General Dynamics en la Vega.  Ambos constituyen un problema, pero también, sin duda, una oportunidad estratégica para Oviedo y para Asturias. En enero de 2013 comentamos en  esta columna sobre el solar de la Fábrica de Armas. Así que ahora cabe reflexionar, muy  someramente, sobre el  del no tan viejo Hospital y sus posibles extensiones.

Si la Vega constituye por localización y accesibilidad una clara oportunidad metropolitana, la ubicación de este nuevo vacío urbano, no tan accesible, parece tener una vocación más local; de barrio/distrito, incluso. Por lo tanto, cualquier propuesta debería pasar, a mi juicio,  por “hacer ciudad”. O, lo que es lo mismo, por ordenar e integrar ese espacio coherentemente en el tejido urbano preexistente, permeabilizándolo, mezclando en lo posible usos residenciales, terciarios, dotacionales y comerciales que le aporten vida el máximo posible de horas al día. Evitando la congestión. Generando actividad, tan necesaria, y, si fuera posible, conocimiento, dada la cercanía del Campus.  Por supuesto, creo que una tarea previa es valorar si los actuales edificios, o algunos de ellos, relativamente modernos, no protegidos, pueden reciclarse. A partir debería determinarse qué hacer con el ámbito.

El problema es que nadie parece saber qué hacer con él en estos tiempos de austeridad. Mi colega en afanes metropolitanos Fernando Rubiera sugería días atrás la posibilidad de levantar un parque. Es sin duda una opción barata, siquiera de construir, aunque sin retornos, que contribuiría a esponjar un barrio relativamente denso. Es más, yo aprovecharía los escombros de las viejas instalaciones hospitalarias como soporte para levantar pequeñas colinas con vistas al Aramo que podríamos denominar “Residencia”, “Maternidad”, “Silicosis”,… en memoria de tantas vivencias, tristes y alegres, vividas allí. No bromeo: el madrileño parque del Tío Pío sigue con fidelidad la sinuosa topografía de una vieja escombrera. Pero un gran parque corre el riesgo de convertirse, quizá,  en otro vacío urbano  en un barrio no tan alejado de espacios verdes. Los vecinos  reclaman Ciudad de la Justicia, Ferial, residencias geriátricas y juveniles…Y la vecina Universidad ha dicho que no lo quiere.

El Principado, propietario del suelo, quiere abrir un periodo de reflexión, sin prisa pero sin pausa, sin prejuicios, animando a la participación ciudadana. Y, muy especialmente, de los vecinos.  Suena bien. Un planteamiento tan innovador invita a olvidar viejos esquemas. Ni equipamientos emblemáticos de mal acabar, como el vecino “Calatrava”. Ni aquello de viviendas a esgaya, una cada cien metros cuadrados.  Pero tampoco caer en mantras como “sobran viviendas”, “stop especulación”, rechazando retornos razonables o edificación puntual en altura… Se trata, nada más, y nada menos, de convertir el vacío en ciudad.

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Sobre el autor

Tras un cuarto de siglo –y lo que quede- dedicado a la investigación social aplicada en el sector privado, en el público y al alimón, quizá fuera el momento de saltar a la palestra que me ofrecía El Comercio y aportar algo –o intentarlo, al menos- a la reflexión serena y, en lo posible, documentada y original, sobre lo que nos pasa.


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