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	<title>Gowex como síntoma | Qué nos pasa - Blogs elcomercio.es</title>
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		<title>Gowex como síntoma | Qué nos pasa - Blogs elcomercio.es</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Jul 2014 12:48:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[economía]]></category>

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		<description><![CDATA[Más allá de los delitos agazapados bajo el fraude de Gowex, de insuficiencias regulatorias y supervisoras, o de su relación con las administraciones,  Gowex parece el  producto de corrientes sociales, económicas, culturales y tecnológicas más profundas. Desde el fuego hasta las puntocom, las transformaciones económicas y sociales fueron impulsadas por la combinación de combustibles y [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Más allá de los delitos agazapados bajo el fraude de Gowex, de insuficiencias regulatorias y supervisoras, o de su relación con las administraciones,</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Gowex parece el </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">producto de corrientes sociales, económicas, culturales y tecnológicas más profundas.</span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Desde el fuego hasta las puntocom, las transformaciones económicas y sociales fueron impulsadas por la combinación de combustibles y tecnologías. Muy especialmente durante los últimos 250 años, con el vapor y el motor de explosión aliados al carbón y el petróleo. La revolución industrial propició la fabricación de complejos artefactos –maquinaria, material de transporte, artículos de consumo- intensivos en mano de obra. Desde los años 70, sin embargo, </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">hemos capado, entre otros, el desarrollo de la energía atómica, que preludiaba un futuro movido por una energía limpia, barata y casi inagotable, favoreciendo las energías alternativas y… los combustibles fósiles. En consecuencia, los sectores que más empleo (y mejor pagado) generan ahora en la titubeante economía estadounidense son el </span><em><span style="font-size: small">fracking</span></em><span style="font-size: small"> y el </span><em><span style="font-size: small">shale gas</span></em><span style="font-size: small">. Los combustibles fósiles son también la base del crecimiento de muchos países emergentes. La tecnología se ha centrado</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">en la información (TIC), que impacta transversalmente en la productividad y la conectividad, pero no es intensiva en mano de obra. Sus productos, sin especial complejidad,</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">tampoco requieren gran utillaje: buena parte de sus componentes se fabrican y montan en Asia. El talento necesario para desarrollar los componentes costosos, sus programas y algoritmos, se limita a algunos cientos de miles de cualificadísimos trabajadores empleados en las instalaciones centrales de las empresas. Facebook, por ejemplo, tiene 6.800 trabajadores. “Gigantes” como Microsoft o Apple, 101.000 y 80.000, respectivamente. Por comparar, General Motors emplea aún 220.000; Volkswagen, 573.000 y Toyota, 340.000. El sector TIC parece, además, incierto. Muchos sectores “tradicionales” no terminan de adaptarse a ellas. Sus aplicaciones y modelos de negocio se multiplican, pero muchas veces son rechazados por los consumidores. Y frecuentemente no son rentables.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small"> </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Ayunos, desde los años 70 y por vez primera en siglos, de sectores punteros de moderada y segura rentabilidad, generadores de empleo masivo y un crecimiento claro, intentamos alimentar el </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">crecimiento con dinero barato y abundante que no sabemos </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">dónde invertir. Engordan sectores inciertos, como las prometedoras TIC (y otros), utilizando instrumentos financieros complejos, fondos de pensiones o sociedades de capital riesgo. O unas finanzas cuyos beneficios –y pérdidas- aún siendo transversales, y pese a decuplicar la economía “real”, se localizan básicamente en ciudades o barrios como Manhattan, la City, Otemachi o el Bund. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">Algunos se resignan y definen ya el progreso económico como una sucesión de burbujas. Otros proponen, incluso, el decrecimiento. Y sí, las burbujas son casi consustanciales a la humanidad, pero jamás fueron </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">tantas. Tampoco las finanzas o, en tiempos de paz, las deudas, públicas o privadas, pesaron tanto. No encontramos un camino claro hacia el futuro, y si parecemos encontrarlo, tendemos, por cualesquiera motivos, a </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">cercenarlo, sin controlar o saber qué hacer con las consecuencias, como una economía financiera hipertrofiada, unas TIC quizá sobrevaloradas, la polarización social o la incertidumbre. Gowex, pequeña, carpetovetónica, reunía casi todos los síntomas. </span><span style="font-size: small"> </span></span></p>
</body></html>
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