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Jacobo Blanco

Qué nos pasa

Y…vimos. Diez reflexiones urgentes sobre las andaluzas

Si en la entrada anterior hacíamos pronósticos que, a la vista de los resultados  de las regionales andaluzas, no resultaron del todo desacertados, cabe hacer  balance complementario, ya con esos resultados en la mano.

  1. La demoscopia funciona, aún en situación de incertidumbre electoral. Y funcionó mejor según se acercaban los comicios. En cualquier caso, la media de las encuestas de hace mes y medio ya anticipaba resultados. Y digo la media: contempladas una por una tendían a favorecer al partido más cercano al medio que las contrataba. Y todas, sin excepción, sobreestimaron el auge de los neopartididos: Podemos, sobre todo, pero también algo el de Ciudadanos.
  2. La participación ha sido inferior a la esperada: la mayor implicación de las izquierdas -Podemos- se compensa con la abstención de las derechas.
  3. El denominado bipartidismo no desaparece. Es más, en  Andalucía gana peso electoral con respecto a los comicios europeos, básicamente  por los dos puntos que recupera el PP desde entonces.
  4. El PSOE se mantiene fuerte en Andalucía. Pierde unos cien mil votos, respecto a las pasadas regionales. Pero no debemos olvidar que los de 2012 fueron los peores resultados del PSOE en décadas. Deja por tanto de ser el partido hegemónico, aunque sí será el principal sin el que no es posible formar gobierno.  Y ello porque pierde a las capas medias urbanas, manteniendo su hegemonía sólo en el rural. En el reparto de escaños le beneficia la división de sus adversarios.
  5. El caso del PP es el contrario del socialista: partía de los mejores resultados alcanzados jamás, que le dieron la victoria. El retroceso es enorme –pierde una tercera parte de sus votos- si se compara con 2012, pero no se aleja en exceso de su media histórica. Y, como señalábamos, mejora su peso respecto a las europeas. Sigue siendo un partido de capas medias urbanas. Quizá maduras e incluso envejecidas. Paga la gestión, exitosa, aunque extremadamente difícil,  de la crisis. Pero, sobre todo, el amontonamiento de casos de corrupción. Y se abre, definitivamente, una fractura a la derecha, similar a la de Podemos en las izquierdas: el voto perdido por el PP migra, básicamente, a Ciudadanos, aunque también a la abstención o…al PSOE (para parar lo que parecía un Podemos arrollador). Habrá que estar a la espera de un saneamiento a fondo del PP que, regenerado e impulsado por su gestión económica, podría seguir siendo un partido de amplias mayorías y no victorias ajustadas, con capacidad para gobernar con pactos puntuales. No parece, por ahora, que se vaya a repetir el caso de la implosión de UCD. Pero lo complicado es regenerarse estando en el poder.
  6. Ciudadanos recoge esa fatiga del PP –además de engullir a UPyD que, quizá injustamente, desaparece-  consiguiendo un notable resultado urbano pese a sus debilidades estructurales –apenas tiene organización- y de candidato. Pero ha demostrado tener una marca fuerte y un líder y un discurso reformista, regeneracionista; ambos atractivos. Con todo, no alcanza plenamente las expectativas demoscópicas. se está convirtiendo en bisagra perfecta, un rol que tendrá que administrar con cautela
  7. Podemos se convierte, paradójicamente, en el gran derrotado de la noche electoral: sus resultados le descartan como alternativa de gobierno. Alcanza, sin duda, un buen resultado, pero muy por debajo de las expectativas, que llegaron a situarle como segunda fuerza. La que parecía su principal fortaleza, el voto urbano joven y talludo, no fue tal, y sus resultados hubieran sido aún peores si no fuera por el rural: la alianza con el Sindicato de Jornaleros le ha permitido salvar los muebles. Se desmonta el principio de transversabilidad: no es posible recoger, a la vez, el voto jornalero y el voto “hipster”. Lo que no implica que, en efecto, se detecte cierta difuminación ideológica en la ciudadanía. Pero Podemos, tan de izquierdas,  no es en mejor instrumento para canalizarla.
  8. Una extrapolación de estos resultados para el conjunto España daría unos resultados aproximados de PP 31%, PSOE 26%, Podemos 15% y C´s 10%.
  9. En el caso de Asturias, que cuenta con el errático comportamiento de Foro y la inexistencia de Ciudadanos como partido solvente en la región, los resultados ahora mismo podrían ser, más o menos, PSOE 25%, Podemos 20%, PP 18%,  Ciudadanos 10%, Foro  8%, IU 7%, UPyD, 3%.
  10. En definitiva, todo apunta a que la ruptura constitucional no está en la agenda ciudadana. Pero sí, y muy clara, la reformista. También el final de  las mayorías absolutas. Y una fragmentación del mapa político, reflejo de la creciente diversidad social. Un fenómeno paralelo al que se detecta en toda Europa. Pero PP y PSOE siguen siendo partidos de gobierno, imprescindibles para formar mayorías. Por otro lado, atención a cómo se interpretan los próximos resultados autonómicos: Merkel pierde regional tras regional, pero arrolla en las nacionales. Algo parecido ocurre  en muchas naciones de la UE. Y quedan por ver los pactos con los que se lleva a cabo ese aggiornamento del sistema, ya inaplazable. Porque los pactos estarán ahí: institucionales, de reforma, pero también de gobierno. Como sucede en casi toda Europa. Y es que, para bien y para mal, nuestro mapa político tiende a parecerse cada vez más al centroeuropeo. No al griego. Esperemos que tiendan a ello también sus usos y costumbres. Y también las de la ciudadanía en general.

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Sobre el autor

Tras un cuarto de siglo –y lo que quede- dedicado a la investigación social aplicada en el sector privado, en el público y al alimón, quizá fuera el momento de saltar a la palestra que me ofrecía El Comercio y aportar algo –o intentarlo, al menos- a la reflexión serena y, en lo posible, documentada y original, sobre lo que nos pasa.


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