>

Blogs

Jacobo Blanco

Qué nos pasa

El canal de la historia

Silenciosamente, sin apenas enterarnos,  en diciembre se pusieron en marcha los trabajos previos del Canal de Nicaragua, impulsadas por China. Sí, han leído bien: Nicaragua, no Panamá. Una obra colosal: se prevé una inversión de unos 54.000 millones de euros, algo así como 17 veces la variante de Pajares, nueve el soterramiento de la M-30 madrileña o siete el túnel de San Gotardo, por citar algunas de las mayores obras civiles que se han acometido en Europa durante la última década. Las obras complementarias suponen, además, un plan territorial en toda regla para Nicaragua: en las bocas del Canal se proyectan dos puertos  de aguas profundas, se construirá  una ciudad de libre comercio, varios complejos turísticos –unos costeros, otros vinculados al lago artificial que se formará- e infraestructuras de conexión.

El impacto de semejante complejo sobre un país como Nicaragua  será colosal. Una cifra: cuando el canal esté operativo, su consumo de energía supondrá el 50% del actual de todo el país. Ni que decir tiene que muchos “nicas” han iniciado protestas –algo casi imposible en China, veremos sus consecuencias- al ponerse en marcha los trámites de expropiación de sus tierras. Unas tierras que les daban de comer y que, ahora, se sumergirán, obligando a sus propietarios a dejar inopinadamente formas de vida tradicionales, pero más o menos seguras, en pos de otras quizá mejores pero más inciertas. También es verdad que los competidores panameños y estadounidenses azuzan las protestas tratando de ralentizar, si no impedir,  tan magna obra.

Asoma ahí el conflicto geopolítico. El canal de Panamá absorbe el 8% del tráfico marítimo mundial. Y espera ampliar algo su cuota de mercado con la ampliación en curso. Sin embargo, algunas navieras están proyectando buques con mangas de 60 metros, excediendo los  55 que admitirá la ampliación. El de Nicaragua sí los admitiría, aspirando a captar el 5% del tráfico mundial. Sus responsables aseguran que hay mercado para todos. Pero los panameños no lo tienen claro. Y a los useños les inquieta la creciente influencia china en Centroamérica.

Asoma también el conflicto ideológico. China utiliza su prodigiosa liquidez con pragmatismo oriental. No pregunta por derechos humanos, ni siquiera por sistemas económicos. Pero sin embargo practica un amable “ganemos todos” haciendo negocios.  “Win-win” lo llaman. Consecuencias: el apretón de manos Obama-Castro, sin apenas contrapartidas políticas desde Cuba.  Los efectos del pragmatismo chino –y de otros factores- llegan a Washington. Pronto veremos saludos con el ayatolá de turno.

Y aparece, por supuesto,  el Banco Asiático de Inversión (BAII), formidable herramienta que consolidaría la presencia de China en el mundo construyendo gigantescas infraestructuras. ¿Veremos terminado el Canal de Nicaragua? No lo sé. Pero es igual. El mundo gira, y gira hacia el Pacífico. La buena noticia es que, mientras nos entreteníamos con el arrobo de supuestos revolucionarios ante el Rey  y el revuelo –que admite interesantes lecturas– causado por la expulsión del concursante de “Masterchef”; España, uno de los líderes mundiales en construcción y gestión de infraestructuras, tan necesitada de crecer hacia afuera como escasa de crédito, se ha sumado, también silenciosamente, al BAII. Quizá, y sin advertirlo, hayamos cogido a tiempo el tren –o quizá, el canal- de la historia.

Temas

Sobre el autor

Tras un cuarto de siglo –y lo que quede- dedicado a la investigación social aplicada en el sector privado, en el público y al alimón, quizá fuera el momento de saltar a la palestra que me ofrecía El Comercio y aportar algo –o intentarlo, al menos- a la reflexión serena y, en lo posible, documentada y original, sobre lo que nos pasa.


abril 2015
MTWTFSS
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930