Me entero ahora del debate sobre La Vega que organizó el Colegio de Arquitectos. Con más pena si cabe por saber que estaba moderado por Calzadilla.
Tuve ocasión de conocer la Vega, como tantos asturianos, la Noche Blanca de 2014. Bajo una lluvia fina que, en la noche, le daba un aire, si cabe, más interesante.
Me pareció un espacio fascinante, lleno de posibilidades. Y más si de solapa con la transformación de la autopista en otra cosa más amigable. Pero es también un reto: constituye un espacio inmenso en una región que no está sobrada de recursos ni, quizá, de inventiva, inteligencia y creatividad para llenarlo.
En todo caso:
Creo que el espacio, por su carácter estratégico en el principal acceso a la capital de la región, debería mirarse con una perspectiva metropolitana. Y en cualquier caso, suprarregional.
Creo también que es un espacio que, por su tamaño, debería buscar la diversidad de usos. Haciendo ciudad.
Diría que, entre esos usos, no deberían olvidarse los residenciales. Quizá fuera el espacio idóneo para experimentar con nuevas fórmulas de vivienda. Tampoco renunciaría, a priori, a obtener algún aprovechamiento.
No deberíamos abusar de los equipamientos: la ciudad está bien dotada, y en algunos casos superdotada. Y cuestan un dinero que no sobra.
Pienso que, por tanto, y coincidiendo contigo, el uso predominante debería ser el de actividad económica, que buena falta le hace a una ciudad donde los servicios direccionales y el comercio -por la crisis, pero también por la revolución que vive el sector, léase comercio electrónico- quizá no tiren ya mucho más de la economía local. No sé si debería ser industria -en una región que se desindustrializa mientras el resto del país se reindustrializa- pero sí que debería dedicarse a actividades innovadoras, creativas, que requieran conocimiento. Aquella noche blanca tropecé con Rodolfo Lillo, director de Treelogic, que andaba en un espectáculo en el que un japonés aunaba arte -musical y visual- con las nuevas tecnologías. Quizá sea una muestra de lo que se puede hacer. En Asturias, y pese a esa secular falta de creatividad, hay quienes investigan cómo lanzar cohetes mediante un acelerador electromagnético a quienes buscan nuevos caminos en el arte.
Quizá el reto de ese espacio sea, entre otros, transformar esa creatividad cosmopolita -aquella Noche Blanca abundaba por allí gente “distinta” a la que solemos ver por las calles de Oviedo- en actividad económica, atrayendo talento foráneo y contribuyendo a cambiar la percepción de Oviedo y Asturias. Aprovechando una coyuntura económica positiva como la actual
Quizá con colaboración de la UE. Atrayendo a Premios Príncipe de las Artes y las Ciencias. El mayor riesgo: que esto surja de “arriba” y no de “abajo”. O pensar, con derrotismo, que es una nueva edición de aquellas “factorías culturales” de Cueto y Quirós, allá por los 80.
NI que decir tiene que habrá que coordinar todo esto con lo de El Cristo. Un espacio de vocación más local. E, incluso, con una previsible transformación de Llamaquique ante una posible reunificación de campus en el Cristo. ¿Hablamos de un nuevo PGO para Oviedo que coordine tanto desafío?