Saskia Sassen fue una pionera. Influida sin duda por su cosmopolitismo, se anticipó al advertir la globalización económica y en constatar su impacto en nuestras vidas. Atisbó, ya a finales de los años 80, el proceso de polarización económica en los centros de las grandes ciudades. Esa polarización que Tom Wolfe retrata magistralmente en “La hoguera de las vanidades”. La pujante economía financiera creaba una nueva clase –la de los “brokers”, “yuppies” y tiburones de bolsa ¿recuerdan?- que compartía espacios con un submundo de inmigrantes que, en buena parte, vive a su servicio: sirvientes, choferes, camareros, limpiadoras….Mientras, las menguantes clases medias eran expulsadas a la no ciudad de los suburbia. Una clase media que empezaba a sufrir los efectos de esa globalización a través de la deslocalización industrial y de la transformación de las factorías en meras ensambladoras.
Además, esa nueva clase financiera de Manhattan, Tokio o Londres dirigía el mundo a través del capital transnacional. Surgen las ciudades globales que, desde sus centros financieros, sustituyen a las naciones como rectoras de la política mundial. Fue mérito de Sassen ver con claridad todos esos fenómenos –tan actuales-y su impacto sobre la ciudadanía y el tejido urbano.
Pero es, además, renovadora de una sociología urbana que, desde el primigenio enfoque biológico de la Escuela de Chicago –los Park, Burguess y MacKenzie-se había atascado en el estructuralismo de los Bordieu o el marxismo anglosajón de Harvey y el galo de Lefebvre. Sassen es capaz de explicar la evolución urbana en función de las dinámicas de una economía globalizada, liberándose de corsés ideológicos y de paradigmas limitadores. Devuelve así la sociología urbana al empirismo del dato y la estadística, matizada por la calidez intuitiva de su sensibilidad -quizá en la estela de Jane Jacobs- que se adivina aún más en algunos de sus últimos trabajos sobre migraciones, transnacionalidad o “slums”.
Desde la pequeña comunidad sociológica asturiana –que mantiene contacto con Sassen hace años- nos sumamos a las felicitaciones por el Premio. Y desde luego, nos satisface por lo que supone de reconocimiento a una disciplina con capacidad para anticipar, diagnosticar y, eventualmente, proponer tratamiento a los problemas de nuestra sociedad. Saskia Sassen -que se añade a una ya larga lista de sociólogos galardonados con el Príncipe: Linz, Díez del Corral, Giddens, Dahrendorf, Bauman y Touraine- es buen ejemplo de ello.