>

Blogs

Jacobo Blanco

Qué nos pasa

Urgencias y ambiciones demográficas

Se ha celebrado esta semana el I Encuentro Demográfico Interterritorial, que reunió a representantes de Galicia, Castila y León y, claro, Asturias. A nadie se le oculta ya que la demografía constituye un problema capital para regiones como la nuestra. Y no sólo por comprometer la supervivencia de Asturias –pese a que la pérdida de población podría paliarse con inmigración- sino por sus consecuencias económicas y presupuestarias a corto, medio y largo plazo. Fíjense: la suma de pensiones  y del gasto en salud de los mayores de 65 años –la mitad del total- supone en torno al 16% del PIB. El gasto en educación supone menos de la tercera parte. Los mayores también consumen menos. Una sociedad envejecida es más cara que otra más joven.

Ahora bien, nuestra alicaída demografía es  trasunto de problemas más hondos. Y pienso, sobre todo, en la estrechez, tanto en cantidad como en calidad, del mercado laboral español y, no digamos, del asturiano.  Hay una clara correlación entre pujanza laboral y demográfica. Intervienen, por supuesto, más variables, culturales, gasto público, o algo tan intangible como la confianza en el futuro. Por eso Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Holanda o Suecia bordean la tasa de reemplazo. Una síntesis reveladora de esa combinación de envejecimiento y empleo escaso: en octubre,  las pensiones los jubilados asturianos supusieron ¡835€! por cada trabajador.

Sin duda, es razonable establecer ahora alianzas territoriales de urgencia con el objetivo en potenciar  variables como la dispersión demográfica o el envejecimiento al fijar la financiación regional. Pero, a largo plazo, seguramente deberían ser más ambiciosas, dibujando estrategias a largo para que se genere  empleo, abundante y de calidad, que siente bases para la regeneración  poblacional.

A modo de ejemplo: fijémonos en nuestro medio rural, con su potencial atrapado en una espiral que amenaza no ya con su envejecimiento, sino con su despoblación. Sin duda, es una tendencia compartida con buena parte del agro europeo y estadounidense. Pero no en tan alarmantes proporciones.  De seguir la tendencia actual, algunos municipios desaparecerán en dos generaciones, dejando paso a… ¿la silva? Superespecializado progresivamente en bovino, pastos y forrajes, nuestro agro quizá necesite una revolución. Girar 180º. Involucrando a propietarios e inversores en estrategias que, manteniendo la especialización, eviten el monocultivo. Estimulando la cooperación –¡ay!- entre productores, proporcionándoles músculo financiero y reduciendo su endeudamiento. Explorando productos que aporten valor añadido: dulces, quesos, orujos, mieles,… Lo orgánico y lo ecológico. Buscando marcas y acceso a canales de comercialización.  O apostando por la producción  científica de manzana, ligada a sidras de calidad y a otros derivados. Y la madera. Y también, sí, turismo rural de calidad. Y todo en el marco de una estrategia territorial y administrativa muy ceñida al territorio. Insuficiente quizá para detener el vaciamiento de nuestro medio rural, pero sí para ralentizarlo. Nada que no se haga en otros países.  O en Asturias. Porque supimos hacerlo: miremos, por ejemplo,  al plan de los Oscos hace 25 años. Sus benéficos efectos aún se sienten. Aggiornando esa experiencia, y a otra escala… ¿sabríamos ahora?

Temas

Sobre el autor

Tras un cuarto de siglo –y lo que quede- dedicado a la investigación social aplicada en el sector privado, en el público y al alimón, quizá fuera el momento de saltar a la palestra que me ofrecía El Comercio y aportar algo –o intentarlo, al menos- a la reflexión serena y, en lo posible, documentada y original, sobre lo que nos pasa.


noviembre 2013
MTWTFSS
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930