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Jacobo Blanco

Qué nos pasa

Familias a la carta

Poco a poco, el INE va desgranando los resultados del Censo de 2011, dibujándonos el perfil de una España que, más allá de crisis económicas o de los confusos tejemanejes de algunos nacionalistas periféricos, sigue mudando su piel, pareciéndose, cada vez más, en lo bueno y en lo malo, y pese a la depresión económica, a los países del centro y norte de Europa. Aunque, cuando los medios hablan de un “perfil europeo” parecen olvidar que España, Italia, Irlanda, Grecia, Polonia o Eslovaquia son tan europeas –o más- que Dinamarca, Suecia o Finlandia. No confundamos. Quizá los medios insistan excesivamente, además, en los fenómenos más novedosos que nos ofrece el censo, soslayando algunos que, no por conocidos, dejan de ser los más frecuentes.

Con todo,  los hogares españoles, como la sociedad en su conjunto, avanzan  decididos hacia la diversidad y complejidad, tanta que los hace casi inabarcables. No sé si recuerdan aquella canción de comba –o goma- un tanto ñoña que cantaban las niñas de los años 60 y 70: “soltera, casada, viuda, monja, enamorada…”. Pue bien, hoy necesitarían una vigorosa preparación física para saltar tantas veces como la casuística familiar permite.  Unas pinceladas: el hogar “típico” –padre, madre e hijos- sigue siendo el más común, pero supone ya sólo un 35% del total. Y bajando. Los hogares unipersonales alcanzan el 23%, la mayoría de menores de 65 años, consolidándose una figura que, hasta hace algunos años era infrecuente en España: un varón o, sobre todo, mujer, relativamente joven, y por lo general soltero, que vive solo. Suponen ya un 8% aproximadamente, de los hogares españoles. Los mayores –sobre todo mujeres- que viven solas siguen creciendo, constituyendo otro 10%.  Los matrimonios sin hijos –pueden ser  hogares de “nido vacío”, esto es, con hijos ya emancipados- suponen otro 21%. El resultado es que el hogar medio ha menguado en 20 años de 3,3 miembros a 2,6. Una disminución del 21%, seguramente atemperada ahora por la crisis, pero que proseguirá: en algunas sociedades del norte de Europa andan por los dos miembros por hogar…Por cierto ¿qué demanda pasada y futura de vivienda implica?

Pero lo que más llama la atención de los medios son dos fenómenos que sí pueden considerarse novedosos. El auge de las familias reconstituidas –que reúnen hijos de varias uniones previas, por ejemplo- que se duplican desde 2001, y las parejas de hecho, que se triplican. Más de la mitad de las parejas constituidas a lo largo de la década lo son, alcanzando ya un peso notable –un 10%- aunque las reconstituidas apenas llegan al 3% del total.  Más escasos son aún los hogares homosexuales: el 0,4% del total. Ahora combinen tipos de hogar con estado civil y las variantes se multiplicarán. Ya no podemos hablar de la familia media española. Porque no existe.  Todo parece hacerse fluido y cambiante, convirtiendo nuestras sociedades en complejos espacios líquidos, de vínculos –no solo familiares: profesionales, personales, territoriales, políticos…- cada vez más débiles, cambiantes  y fugaces. En este caso, familias a la carta.

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Sobre el autor

Tras un cuarto de siglo –y lo que quede- dedicado a la investigación social aplicada en el sector privado, en el público y al alimón, quizá fuera el momento de saltar a la palestra que me ofrecía El Comercio y aportar algo –o intentarlo, al menos- a la reflexión serena y, en lo posible, documentada y original, sobre lo que nos pasa.


diciembre 2013
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