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Jacobo Blanco

Qué nos pasa

Asturias, demografía en viceversa

La demografía, esa disciplina que analiza las evoluciones de la población, trabaja con pocas variables: nacimientos y defunciones, que componen el crecimiento vegetativo, e  inmigraciones y emigraciones, componentes del migratorio. Luego hay que determinar las causas de sus fluctuaciones. Las defunciones son, desafortunadamente, las menos controlables y, salvo catástrofes, a corto plazo tienden a la estabilidad.  Pero nacimientos y migraciones sí son relativamente controlables. Y más allá de paulatinos cambios culturales o tecnológicos –control de la natalidad, mejoras en los transportes,…-,  la clave de su evolución es la economía. Cuando mejora –o mejor aún, cuando mejora el mercado laboral-  y con un retardo de uno o dos años, suele aumentar la natalidad, bajar la emigración y subir la inmigración. Y viceversa. 

Y Asturias, como toda España, está, por ahora, en “viceversa”.  Los últimos datos disponibles –de 2012, 2013 aún está por cerrar- corresponden al año del gran ajuste económico, cuando muchas cosas que parecían seguras dejaron de serlo, y que ya venía precedido por el pésimo final de 2011: el desempleo subió, los salarios se recortaron, las administraciones públicas ajustaron plantilla, la renta familiar cayó… El resultado es una merma demográfica quizá sin precedentes en España: 135.500 habitantes menos, un -0,3%. En Asturias, 9.200, un -0,8%, casi récord nacional. Y aquí hay que hacer alguna precisión. Por razones administrativas y metodológicas, los datos demográficos disponibles no siempre ajustan;  por eso, no conviene tomarlos al detalle.  Además, un año no hace calendario. 

Por tanto, lo que observamos son las grandes tendencias. Y estas apuntan a que la demografía, como la economía, se congeló en 2012. Y a que, por efecto de ese retardo comentado, los efectos perdurarán, amplificados, en los balances de 2013. Hace lustros que Asturias depende  del  aporte inmigrante para mantener población. Y ese es el componente que se ha desplomado, cayendo el saldo de aproximadamente 9.000 inmigrantes en 2007/2008 a -435 en 2012. Mientras, el  vegetativo ha variado menos, pasando de -4.800 a -5.500. Sumen. El fenómeno se repite concejo a concejo. Además, se han reducido las migraciones intrarregionales –de 19.000 a 16.000- que engordaban a los municipios del  área metropolitana a costa de los demás, que ahora aguantan mejor. Por todo ello, los grandes municipios también pierden población en 2012. Sobresale el caso de Gijón,  que parece perder “un Cimadevilla”, 2.200 habitantes.  ¿Causas? La comarca de Gijón presenta hace lustros un relativamente débil pulso demográfico: sumó 10.000 habitantes en los últimos 15 años, frente a los 35.000 del alfoz de Oviedo que, apoyado en su centralidad metropolitana y quizá en una vivienda más accesible, soporta mejor la inversión del flujo inmigratorio.

Por tanto, Asturias y sus principales concejos están en recesión demográfica. ¿Razones?  Archisabidas: economía renqueante, modelo basado en las transferencias de rentas: externas, desde España y Europa; internas,  de mayores a jóvenes. ¿Resultado? Esa Asturias de bajísima ocupación, pérdidas de empleo “mediterráneas”  emigración juvenil, décadas acumuladas de atonía demográfica y, en consecuencia,  demografía en viceversa de récord. Por cierto, ahora que salta la alarma, ¿no será el momento de plantearse otro modelo?     

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Sobre el autor

Tras un cuarto de siglo –y lo que quede- dedicado a la investigación social aplicada en el sector privado, en el público y al alimón, quizá fuera el momento de saltar a la palestra que me ofrecía El Comercio y aportar algo –o intentarlo, al menos- a la reflexión serena y, en lo posible, documentada y original, sobre lo que nos pasa.


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