Sólo manejan el 10% del gasto público. Pero, sin embargo, los ayuntamientos constituyen una institución clave para los ciudadanos, más tangible que las autonomías, que no sólo carecen de tradición sino que, además, proveen servicios que, aun siendo capitales, no dejan de ser, para buena parte de la ciudadanía, menos cotidianos. Porque los ayuntamientos son artífices de nuestra cotidianeidad, especialmente a ojos de la ciudadanía: urbanismo, agua, basuras, muchos servicios sociales, su rol clave en educación y salud… Es lógico, por tanto, que algunos de los políticos más carismáticos se forjen en los ayuntamientos; reelegidos, frecuentemente, mandato tras mandato sin apenas desgaste. Añadamos que, cada vez más, algunos políticos superan en popularidad a sus partidos. Algo muy evidente en el caso de los alcaldes.
En Asturias tenemos dos casos a los que quizá convenga echar un vistazo. Los alcaldes de Oviedo y Gijón, el Sr. Caunedo y la Sra. Moriyón, parecen sobresalir, estos últimos meses, en el maltrecho escenario político regional. Curiosamente, son personas bien dispares: el ovetense es un chico de barrio, político profesional desde, casi, la cuna, que jamás obtuvo la licenciatura universitaria. Dicen que, de alevín, ambicionaba ser presidente del gobierno “para vivir bien”. Por ahora, y tras muchos lustros de concejal no sé si vive bien, pero es alcalde de Oviedo. Y ha hecho olvidar a su controvertido antecesor y su no menos polémica gestión, marcando, poco a poco, algo más que matices con ambos. La gijonesa responde a un perfil radicalmente distinto: aparentemente poco ambiciosa, profesional devenida, por sorpresa, en alcaldesa, dirigiendo un equipo que, en buena medida, responde a un perfil similar. Combinando la prudencia de no romper con lo que había y audacias propias de “parvenu”, ha roto el mito de que Gijón sólo es gobernable por el PSOE. Únase a ello cierta empatía con algunos grupos sociales a priori hostiles y una oposición que, por ahora, confía más en el valor de sus siglas que en liderazgos personales. El resultado es lo que algunos llaman ya en Gijón el “efecto Moriyón”. Y, pese a perfiles tan distintos, son varias las cosas que les unen. Además de esa empatía –la cuenta de twitter del Sr. Caunedo tiene 4.983 seguidores-gobiernan en minoría, obligándoles a hacer virtud de la necesidad. El alcalde de Oviedo sorprendió pactando el presupuesto de 2014 con IU. La de Gijón mantuvo negociaciones con ese PP local de damas enfrentadas dividido ante su oferta. Ambos, además, han superado el ecuador de su mandato sin demasiados rasguños; al contrario, casi fortalecidos.
Carmen y Agustín. Dos políticos que parecen sobrevolar las vicisitudes de partidos en horas bajas y sin aparente liderazgo. Quedan aún diecisiete meses para las elecciones locales, una eternidad en tiempos políticos tan fluidos. Unas elecciones que podrían enviarles al baúl de los políticos rotos, sea hospital, sea congreso o senado. O, por el contrario, y más allá de sus ambiciones, auparles a posiciones clave para zurcir los rotos de la fratricida derecha asturiana. O incluso abordar la deseable coordinación municipal del Área Metropolitana de Asturias. Aunque sea por mera necesidad.