El final de febrero trajo la buena nueva de que, por fin, y tras seis años cayendo, crecía la afiliación a la Seguridad Social: un 0,4% en doce meses. Culminaba así un cambio de tendencia que venía del pasado invierno. Pero aún es pronto para repicar campanas. Porque la tendencia, sostenida hasta ahora, deberá consolidarse durante los próximos meses. Porque la contabilidad de ocupados se hace a través de la EPA, que ofrecerá datos de este trimestre pasada la Semana Santa. Y porque queda mucho por hacer: esos 61.557 nuevos empleos suponen una gota en el océano del paro.
Ahondar someramente en esos datos anuales desvela tendencias sintomáticas. Nuestra economía ahonda la terciarización laboral. La inacabable sangría de la construcción (-7,4%) o, ya muy atemperada, de la industria (-1,3%, aunque con registros positivos desde diciembre) contrasta con el auge de la educación -46.000 nuevos afiliados, un 6% más, quizá resultado del reciclaje profesional de muchos compatriotas-la hostelería (30.000 y 3,2%) o de los profesionales, científicos y técnicos (18.000 y 2%). Por cierto, el cuadro asturiano es preocupante. En las ramas de actividad en las que el conjunto de España pierde empleo, Asturias pierde aún más: -9,3% en la construcción, -5,5% en la industria…Y crece menos –o mengua- donde España avanza: 2% en educación, 2,3% en hostelería, 0% en profesionales… ¿Saben Uds. en qué rama avanzamos más? En la administración pública y defensa: un 6,9% en Asturias frente a un 0,7% nacional. Por tanto, nuestra pérdida de empleo no sólo superó la nacional durante la crisis sino que, cuando la ocupación parece repuntar, aquí no repunta sino que parece consolidar un perfil crecientemente administrativo, frente al algo más diverso, incluso cualificado –educación, hostelería, profesionales- que parece dibujarse a nivel nacional.
Pero sobresale, sobre todo, el rol creciente de los autónomos. Aumentan un 1,5% frente al 0,1% de los asalariados, explicando el 72% de la nueva ocupación. El concepto de autónomo es muy ambiguo: un empresario con doscientos empleados lo es, pero también su fontanero, su abogado, su diseñador web o la persona que friega su portal. Quizá sea pronto para saber si la tendencia se mantendrá en el futuro. Y si, de mantenerse, nos llevaría desde nuestra posición actual –justo en la media europea de autoempleo- hacia un modelo mediterráneo-oriental, de baja ocupación con elevado autoempleo o a otro, nórdico-anglosajón, de elevada ocupación abundante en empresarios (no autoempleados). La misma duda surge con los contratos a tiempo parcial, un 33% del total en febrero: son los que, en parte, explican la elevada ocupación de los países centrales de la UE, donde suelen superar el 25%, frente al 14% de España. Pero, como los autónomos, pueden implicar precariedad: la UE nos recuerda que entre los autoempleados abundan más los trabajadores pobres que entre los asalariados. Y que ganan menos trabajando más horas.
Sin duda, el viejo modelo laboral de “colocación” agoniza definitivamente. Pero aún desconocemos si apuntamos hacia ese modelo mediterráneo, al menos probable –aunque deseable- nórdico-anglosajón o a uno propio, previsiblemente polarizado y precarizado. ¿Cómo lo ven ustedes?