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	<title>Qué nos pasaCostumbres &#8211; Qué nos pasa</title>
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		<title>Candás, Carreño: el puerto, el pasado el presente y el futuro</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Aug 2015 09:45:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class="mceTemp">
<div id="attachment_638" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2015/08/Candás-18901.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-638" class="size-medium wp-image-638" src="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2015/08/Candás-18901.jpg" alt="" width="300" height="254" srcset="https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2015/08/Candás-18901.jpg 1951w, https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2015/08/Candás-18901-300x254.jpg 300w, https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2015/08/Candás-18901-768x651.jpg 768w, https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2015/08/Candás-18901-1024x868.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-638" class="wp-caption-text">Candás 1890: los límites entre playa y calle son difusos</p></div>
</div>
<div id="attachment_639" style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><a href="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2015/08/Candás-1934.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-639" loading="lazy" class="size-medium wp-image-639" src="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2015/08/Candás-1934.jpg" alt="" width="300" height="230" srcset="https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2015/08/Candás-1934.jpg 1951w, https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2015/08/Candás-1934-300x231.jpg 300w, https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2015/08/Candás-1934-768x591.jpg 768w, https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2015/08/Candás-1934-1024x788.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-639" class="wp-caption-text">Candás 1934: los limites son más precisos, pero las lanchas están en la calle mientras los candasos juegan en el puerto seco</p></div>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">Candás está inquieto. La causa es un documento que está tramitando el gobierno regional, denominado Estrategia Integrada Portuaria Litoral de Asturias (EIGPLA) y que, si bien intenta incorporar metodologías relativamente  novedosas, como la gestión integrada de zonas costeras, asume y oficializa para Candás la vieja propuesta, que circula por las redes sociales sin paternidad reconocida desde la VIII legislatura, de ampliar el puerto ganando terreno al mar sobre la playa de la Pregona. Se levantaría una explanada que, entre otros servicios, contaría con un aparcamiento, sirviendo además de nexo entre las actuales instalaciones portuarias y las nuevas que se construirían  ampliando hacia el “lado puerto” el contradique-escollera  ya existente.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">Los candasos han reaccionado contra la propuesta. Pero no lo hacen por ese síndrome antihormigón que la crisis ha inoculado en casi todos los españolitos. Tampoco por defender un bello paisaje, de gran valor estético o ecológico. Lo hacen, quizá también, por eso. Pero sobre todo, porque la Pregona, la Farola y la Peña Furada, como la dársena o la desaparecida almena, forman parte de la identidad de Candás y de su memoria vital. Como forman parte, también,  del solar urbano de un pueblo que siempre se estiró hasta la orilla del mar. Porque, ya que hablamos de gestión integrada del litoral,  el puerto,  a diferencia del de otras villas marineras, siempre compuso parte indisoluble de la trama urbana. La perfecta integración en ella de la Pregona, con sus depósitos de pez, y de  los viejos muelles –que abrigan desde el siglo XVI la primitiva playa varadero, dividida por la desembocadura del río Rita-  así como las muchas horas que el amplio y creciente espacio intermareal  permanecía en seco – Madoz escribía, ya en 1853, que “el puerto se enarenaba con facilidad”- facilitaron esa relación, convirtiendo ese espacio portuario-litoral en una prolongación del casco urbano -que ahora ha incorporado la escollera y la lámina de agua portuaria- donde siempre convivieron armónicamente los usos deportivos y recreativos con las faenas de mantenimiento que, aprovechando la varada de bajamar, se hacían a la flota y el aparejo. </span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">Los candasos sienten que, con la reforma propuesta, se les hurta esa parte de su identidad, de su historia y de la trama urbana de la villa, ya muy alterada. Y que ya fueron parcialmente sustraídas cuando la última reforma portuaria, que se llevó por delante la almena y las bajamares de la dársena, adulterando también  la rampla decimonónica o destruyendo morriones con siglos de amarres a sus espaldas. Y que además, aporta poco a Candás. Porque si los solares abandonados de los viejos y corroídos tinglados de salazón y conserva -el “salt-belt” candasín- propiciaron el controvertido “Marsol” o docenas de viviendas que aportaron al menos actividad turística y mejores condiciones de vida, de la reforma del puerto el pueblo apenas ha obtenido nada. Si acaso,  impulsó cierto dinamismo en la lonja local –pionera en la venta directa- y convirtió el muelle en punto de amarre para  unas 200 embarcaciones deportivas, lejos aún de las 400 en las que estimaba el proyecto la capacidad del puerto. Indicando, por cierto, lo innecesario, por ahora, de la ampliación portuaria,  más aun con Luanco y Gijón infrautilizados.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">La propuesta del EIGPLA ha despertado la adormecida ciudadanía candasa, que siente que sin ese paisaje tan característico, la villa dejará de lado definitivamente sus señas de identidad, pasando a ser un pueblo costero más, casi mediterráneo. Hasta el punto de convertir una simple exposición fotográfica en sutil reivindicación de un espacio en peligro. Son ya casi 10.000 las firmas contrarias obtenidas a través de change.org y de la asociación vecinal. Tal cantidad, aún con casi seguras duplicaciones y aportaciones forasteras, apuntaría hacia un amplio e insólito consenso en una villa que anda por las 8.000 almas. El ayuntamiento ha alegado el EIGPLA, aportando, entre otros, argumentos como los aquí expuestos. Cabe esperar que la CUOTA, siguiendo los mismos principios de gobernanza que  la gestión integrada de costas proclama, sea sensible a ellos y busque la mejor solución para el muelle, armonizando el necesario abrigo del puerto con la protección de esos espacios.  Quizá el remate fuera la posible declaración como BIC de toda la ribera de la Pregona y de la dársena interior del muelle, que  conserva casi intacta –a falta de sus espaldones, tantas veces repuestos tras las galernas- su cantería lamida por siglos de oleaje.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">Ahora bien, más allá del legítimo orgullo por ese pasado marinero, quizá no sea el momento de mirar hacia atrás para buscar el futuro ni, desde luego, para pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Con mayor fuerza que en otras localidades costeras, el pequeño sistema industrial local –pesca, conserva, sal,  barriles, carbón, etc.- cimentó la economía candasina durante poco menos de un siglo -1870-1960- y desapareció hace décadas, tras entrar en decadencia durante los años treinta del siglo XX por motivos tan variados como complejos e incontrolables: desde la evolución de las técnicas de conservación del pescado fresco hasta el progresivo alejamiento de los caladeros, que exigió buques para los que el calado candasín no era suficiente. El último vestigio de ese pasado, la fábrica “Remo”, se fue hace pocos años. Pero no es menos cierto que, quizá por casualidad, ese pequeño sistema industrial precapitalista fue sustituido, a mi modo de ver, ventajosamente, por otro, ligado al metal, más vinculado al concejo y la comarca que a la villa. La creación de ENSIDESA en 1950 supuso una revolución social que terminó, no nos engañemos, con siglos de escasez, incertidumbre y, literalmente, zozobra. </span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Y es precisamente  esa industria  la que ha convertido la de Carreño en una historia de éxito, superando con mucho al ciclo pesquero: en los 25 años que van de 1988 a 2013, y siempre según Sadei,  la ocupación en Asturias permaneció estable, mientras que en Carreño escaló desde 3.657 a 6.067 empleos, muchos más de los que nunca aportó la mar. Los mismos, por cierto, que en 2007. El 46,5% corresponde a la industria: no está mal cuando tantos en España y Europa reclaman reindustrialización. De ellos, 1.623 corresponden al sector del metal, al que siguen en importancia otras industrias manufactureras (846 ocupados)   el comercio (664) y la salud, la educación y las administraciones públicas (501). Por el contrario, la pesca y el sector alimentario, que llegaron a suponer el 50% de la economía local  a principios del siglo XX, han pasado a ser marginales.  </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">Ahora bien. Al igual que los puertos parecen pasar por ciclos de actividad –la ballena hasta el XVIII, cabotaje  (no en Candás) hasta  mediados del XIX, la pesca bien entrado el XX, comenzando ahora uno de ocio y recreo- los ciclos industriales también alcanzan un final. Esa prosperidad carreñína, poco apreciada por su ciudadanía, se sostiene  sobre sectores mayormente maduros, que viven con la espada de Damocles de la nueva división internacional del trabajo pendiendo sobre ellos. Son además, intensivos en consumo de energía que, en buena parte, se produce en el mismo Carreño con sistemas de generación anticuados y contaminantes, seguramente revisables, más aún cuando la preocupación medioambiental empieza a constituir una de las señas de identidad del concejo.  Y no sin razón.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">En mi opinión, esa inquietud ciudadana supone una oportunidad para que Candás y Carreño encaucen esa explosión de ciudadanía hacia aguas más constructivas, buscando el rumbo más deseable para un futuro que, hasta ahora, vino, mayormente, dado. Recuperando el impulso emprendedor de nuestros bisabuelos marineros y conserveros, o el atractivo para los foráneos, adaptándolo al siglo XXI. Apoyándose en el rigor del realismo de lo posible, considerando su localización, su integración metropolitana, sus recursos, su tradición y sus conocimientos. Un futuro en el que el muelle y desde luego, la industria agroalimentaria, deberían constituir piezas integradas en una economía más diversificada y limpia que la actual, sostenible y  capaz de mantener el privilegiado nivel de servicios municipales que disfruta Carreño y que, por ahora, sólo la actual industria permite financiar. Quizá sea el momento meterse en faena.  Prolongando, con un nuevo ciclo, esa historia de éxito que cumple casi dos siglos.  </span></span></p>
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		<title>&#8220;León come gamba&#8221; como metáfora de España</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Apr 2015 09:17:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>

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		<description><![CDATA[El sucedido de la semana pasada en Masterchef” constituye una metáfora  de actitudes sociales demasiado habituales en España y, desde luego, Asturias. Supongo que conocen lo ocurrido: tras una prueba eliminatoria, Alberto, concursante de 19 años, fue expulsado del concurso. Presentó un plato bautizado “León come gamba”, aludiendo a los consejos que le habían ofrecido [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">El sucedido de la semana pasada en Masterchef” constituye una metáfora </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">de actitudes sociales demasiado habituales en España y, desde luego, Asturias. Supongo que conocen lo ocurrido: tras una prueba eliminatoria, Alberto, concursante de 19 años, fue expulsado del concurso. Presentó un plato bautizado “León come gamba”, aludiendo a los consejos que le habían ofrecido para afianzar su carácter. Ingredientes: una patata, acompañada de gambas y pimientos asados, aliñado con gazpacho de frambuesas.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Hasta ahí, previsible. Pero el desconsuelo del muchacho, rayando la histeria, amplificado en su exhibición televisiva por la postproducción musical, revolucionó las redes sociales, convirtiéndose instantáneamente en “trending topic” inspirador de infinitos “memes”</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">-cocinados, supongo, a altas horas de la madrugada-</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">y miles de reacciones en las redes sociales, incluso en la prensa “seria”. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">La idea subyacente que imperaba era que el jurado había sido injusto con el “pobre”</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">concursante, al fin y al cabo, “un niño”. Hubo quien pidió incluso su vuelta. </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">“Masterchef”, más allá de su espectacularización, es un concurso de cocina, donde, creo, los concursantes reciben, adicionalmente,</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">formación culinaria. La sorprendente receta del aspirante sufría su escaso dominio de técnicas culinarias elementales: cocer correctamente una patata, emulsionar bien un gazpacho. Predominaba, en fin, la forma sobre el fondo, interpretando erróneamente la innovación.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Y fue eso, justamente, lo que el jurado le reprochó. Un jurado despreciado en las redes sociales por su prepotencia y exigencia, minusvalorando e incluso ridiculizando sus habilidades a los fogones.</span><span style="font-size: small">  </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Es cierto el divismo de algunos cocineros, convertidos incluso en carne del cuché. También lo es el esnobismo gastronómico. Pero no lo es menos el enorme mérito de un buen puñado de ellos, que han logrado situar la gastronomía española en la cima mundial, desplazando del liderato a la sacrosanta “cuisine” francesa. Chefs como Adriá han revolucionado nuestra gastronomía, experimentado técnicamente hasta lo aparentemente extravagante. Pero buena parte sus compatriotas desprecian el enorme talento creativo y esfuerzo innovador que se esconde tras la nueva cocina, ignorando su repercusión no ya sobre nuestra cotidianeidad, sino sobre la economía nacional. Actitud pareja a la que adoptamos hacia la incomprendida abstracción artística: “eso lo hace cualquiera”, ignorando que tras la vanguardia hay, además de genialidad, muchas horas de investigación, de conocimiento y, por supuesto de dominio de las técnicas más básicas. En la cocina, cortes, cocciones, maridaje de sabores,…</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Por eso, en las primeras fases del concurso se insiste mucho en ellas.</span><span style="font-size: small">   </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Algunos de los miembros del jurado forman parte de esa élite culinaria. Jordi Cruz, en particular, tiene especial mérito.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">El exitoso esfuerzo creativo y empresarial (no siempre) de nuestros chefs debería despertar admiración y no rechazo. Pero en España el triunfo profesional, el talento creativo, y más si se acompañan de disciplina “casi militar”, padecen el estigma del “que inventen ellos” unamuniano. Simpatizamos más con el supuestamente débil, aunque sea quien realmente</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">ha pecado de frívola petulancia, presentando un plato “divertido” pero incomestible. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">No les cuento de Asturias, donde, contando con grandes cocineros, la innovación que causa furor es una receta francesa ¿o siuiza? casi centenaria: el sabroso &#8220;cordon bleu&#8221;. Aquí, le llamamos cachopo. Y cuanto más grande, mejor. Pura metáfora.</span></span></p>
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		<title>Resignada Navidad</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Dec 2014 12:05:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>

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		<description><![CDATA[Días atrás, EL COMERCIO recordaba la controvertida orden de la Consejería de Educación instando a celebrar la Navidad en los centros públicos como “fiestas de invierno” o de “fin de trimestre”. La Navidad ha sido fuente inagotable de controversias políticas y religiosas. Aunque ahora sorprenda, los puritanos prohibieron su celebración en Inglaterra durante la guerra [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small"><a href="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2014/12/Feliz-Navidad.png"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-499" src="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2014/12/Feliz-Navidad.png" alt="" width="275" height="184" /></a>Días atrás, EL COMERCIO recordaba la controvertida orden de la Consejería de Educación instando a celebrar la Navidad en los centros públicos como “fiestas de invierno” o de “fin de trimestre”. La Navidad ha sido fuente inagotable de controversias políticas y religiosas. Aunque ahora sorprenda, los puritanos prohibieron su celebración en Inglaterra durante la guerra civil.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Y también, años después, lo hicieron en Massachusetts. Por supuesto, no fueron los únicos. En 2014 su celebración pública suscita controversias en todo el orbe cristiano. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">En Texas el Árbol de Navidad</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">ha de llamarse Árbol de las Vacaciones. Cosas parecidas suceden en Bélgica y el Reino Unido. En el caso estadounidense sorprende la divergencia entre la norma y la costumbre: el 72% de los useños, incluyendo la mayoría de los ateos, musulmanes o judíos, es favorable al uso de los espacios públicos para celebrar la Navidad. Desconozco encuestas equivalentes en España pero apostaría por divergencias</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">similares. </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Lo que probablemente distingue a España es la actitud ante su celebración privada. En otros países el deseo de una feliz Navidad, hacer pequeños regalos o cantar villancicos (habría que reflexionar sobre porqué aquí ya no cantamos) generan alegría y buenas sensaciones. No parece que en España </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">ocurra lo mismo: días atrás recibíamos por “guasap” la foto de un Belén casero y su emisora afirmaba resignada “aquí estamos, siguiendo la tradición” como si le pesara,</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">escudándose en que “es nuestra hija la que nos ha animado”. Ha arraigado también esa fórmula esquiva de “felices fiestas” por “feliz Navidad”, mostrando la ambigüedad en la que nos movemos, animada quizá por la rutina, el descreimiento y el hastío, quizá también la hipocresía social y familiar. Porque en España la Navidad propicia más el encuentros reiterado que el reencuentro gozoso. La hemos despojado de su significado intrínseco, descarnándola hasta el mero comer y regalar. Supongo que por eso durante estos días el 43% de los españoles padece trastornos digestivos y un 57% de estrés (los que más en Europa). De ahí la </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">sobreabundancia de sátiras sobre su celebración. No es extraño, en fin, que un 80% se declare insatisfecho con su forma de celebrar “las navidades”. </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Quizá subyazca tras todo ello la práctica mayoritaria en España de una religión débil, “customizada”; una</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">suerte de neoarrianismo que cree vagamente en Dios pero no en que Jesús sea su hijo. Práctica que despoja de sentido a la Navidad, transformándola</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">en un incómodo e incoherente ritual imposible de eludir. La celebración del Jesús histórico –del que muchos también dudan- y no divino podría otorgarle sentido, como tributarios del sincretismo cristiano que nos ha legado nociones de progreso, justicia social o limitación del poder político. Pero el relativismo moral y la crisis nos hacen descreer incluso, y no sólo en España, de nuestra civilización. Y es que como señala Gomá, estamos despojándonos del cristianismo sin alcanzar alternativas “laicas”. Supongo que esa es la raíz de nuestro nihilismo, nuestra desubicación y nuestra insatisfacción. Y de la transformación de algo tan potencialmente hermoso como la Navidad, celebración del nacimiento de quien propuso</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">“amar al próximo como a ti mismo” (¿a quién puede molestar?) en un resignado y hedonista exceso de langostinos, Visa y turrón. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small"> </span></span></p>
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		<title>El pecado y la piedra</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Dec 2014 17:43:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Instituciones]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[El expediente abierto por la Universidad de Málaga a Íñigo Errejón revela sospechosos “tics” patrimonializadores de lo público en los nuevos partidos y en sus jóvenes dirigentes, desvelando un círculo de irregularidades cerrado sobre sí mismo. Porque el señor Errejón recibió su polémica beca del señor Montero, discípulo del profesor Torres, coautor del programa económico [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">El expediente abierto por la Universidad de Málaga a Íñigo Errejón revela sospechosos “tics” patrimonializadores de lo público en los nuevos partidos y en sus jóvenes dirigentes, desvelando un círculo de irregularidades cerrado sobre sí mismo. Porque el señor Errejón recibió su polémica beca del señor Montero, discípulo del profesor Torres, coautor del programa económico de Podemos. El pretexto, investigar la “desmercantilización” de la vivienda (¿No existe la pública de alquiler?). Entretanto, en los aledaños de Podemos, desde el departamento de fusiones, adquisiciones (¿o quizá ventas?) de IU, liderado por otro discípulo de Torres, el señor Garzón, la candidata a presidir la comunidad de Madrid, camarada Tania, aparece involucrada, junto a su padre, concejal como ella en Rivas, el Pozuelo rojo, en la adjudicación de contratas a su hermano/hijo. Por no hablar de las confusas finanzas de las empresas propiedad de la cúpula “podemita”, así como del constante baile de cifras en sus declaraciones de ingresos. Invariablemente, la reacción ante los indicios fue primero, negar, luego minimizar –“faltaba un papel”, “fue un error”- replegando tropas a los cuarteles de invierno para, finalmente, y esto es novedad, contraatacar descalificando personalmente al periodista, eludiendo aclaraciones y recurriendo al “y la casta más”. </span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Evidentemente, no estamos ante zafia y avariciosa corrupción, al estilo “púnico”. Seguramente no constituya siquiera corrupción, sino corruptelas o irregularidades, que incluso comprendemos por ser costumbre. Pero es ahí donde radica el problema. Porque esas cadenas de favores, esas presuntas adjudicaciones irregulares, las supuestas oscuridades fiscal-financieras del entramado societario de los líderes de Podemos </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">sus sueldos o la respuesta a dada a la crítica no deberían ser costumbre. Y menos aún en un partido que dice combatir a “la casta”. Porque reproduce sus usos. No hay ejemplaridad. Y sí, “la casta más”, sin duda. Pero si es esa la praxis cuando rozan poder o presupuesto, cabe imaginar cuál será cuando lo acaparen de verdad. Más aun conociendo la voluntad de poder de sus líderes y su proclividad ideológica y programática hacia el arbitrismo y la arbitrariedad. O su colaboración indulgente con gobiernos extremadamente corruptos.</span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Entre los españoles escasea la sanción moral hacia ese tipo de comportamientos; contemplándolos inadvertidamente como algo natural, incluso bienintencionado. Sólo prolifera cuando el beneficiario es otro y, no digamos, si es rico y poderoso. Y los nuevos partidos tampoco se sustraen a ellos. Por eso en España la forma más frecuente de conseguir trabajo sigue siendo la recomendación. Por eso buena parte de los españoles “colocaría” a un pariente o amigo en dificultades, incluso en la administración. Por eso la mitad de nuestros compatriotas justifica el fraude fiscal.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Y por eso proliferan aún oposiciones en las que los aspirantes legitiman la adjudicación previa de una plaza. O</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">departamentos universitarios de abolengo que parecen regidos por el </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">derecho de sucesiones. O administraciones públicas con la mitad de sus directores generales nombrados irregularmente. O televisiones en los que buena parte de sus empleados son parientes y amigos. O…</span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">El martes fue el Día Mundial Contra la Corrupción. Tendremos que elegir de una vez entre mantener esos vestigios, tan arraigados, de nuestros tradicionales mecanismos </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">de solidaridad familiar, amical, de clan o política, no exentos de ventajas; o perseverar en su definitiva transformación en otros, burocráticos, fríos e impersonales, aunque más justos y eficientes. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">Pero no pueden convivir confusamente ambos sistemas. Por un lado la ley, por otro los usos y costumbres. Por supuesto, no basta con cambiar la legislación. Tenemos que cambiar todos. Admitiendo coherentemente</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">que la patrimonialización de lo público merece sanción moral por sí misma, no en función de su beneficiario. Necesitamos ejemplaridad pública, desde luego. Pero también convencernos como sociedad, como ciudadanía, de la necesidad de cambiar usos y costumbres. Porque, de momento, quien esté libre de pecado… </span><span style="font-size: small">   </span><span style="font-size: small"> </span></span></p>
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		<title>El factor humano</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Oct 2014 17:08:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[De acuerdo. Quizá los protocolos –esos 38,6º- y sobre todo, su supervisión, deban revisarse. Seguramente la respuesta de las autoridades sanitarias, improvisando ruedas de prensa sin información precisa, es inapropiada, espoleando la inquietud y no tranquilizando como deberían. Como ese consejero bocachancla, facundo y faltón. Pero, cuando escribo, todo apunta a que la causa última del [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">De acuerdo. Quizá los protocolos –esos 38,6º- y sobre todo, su supervisión, deban revisarse. Seguramente la respuesta de las autoridades sanitarias, improvisando ruedas de prensa sin información precisa, es inapropiada, espoleando la inquietud y no tranquilizando como deberían. Como ese consejero bocachancla, facundo y faltón. Pero, cuando escribo, todo apunta a que la causa última del caso de ébola contraído en España fue un error humano. O, peor aún, una cadena de ellos, que no sabemos si arranca cuando la auxiliar se quita el traje de protección sin la supervisión que, supuestamente, dicta el protocolo o cuando decide no comunicar que, al parecer, roza el rostro con un guante… A partir de ahí, Teresa Romero se sale del circuito establecido, iniciando un inaudito y confuso periplo sanitario –y más en una profesional- viciado por no comunicar que había atendido a los sacerdotes repatriados. Una sucesión asombrosa de errores propios y de supervisión del sistema, contra todo sentido común, que ha cuestionado el entero sistema de alerta contra el ébola. Un sistema en que trabajaron docenas, si no cientos, de profesionales durante meses. Y que parecía funcionar.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Creemos que nuestras sociedades, blindadas por una maraña burocrática, técnica y legislativa sostenida por leyes, normas, protocolos, procedimientos y tecnología, son invulnerables. Y no. Días atrás, me recordaban sabios colegas que las nuestras son sociedades de riesgo, donde cualquier resquicio permite colarse al galope a los jinetes del apocalipsis. Pasó en Fukushima. En España pasa en el Carlos III. Y pasó en la curva de Angrois cuando el mortal accidente del Alvia con su maquinista entretenido al teléfono. Accidentes que, uno tras otro, nos  </span><span style="font-size: small">despiertan de ese sueño de invulnerabilidad. Porque, al final de cada ley, de cada protocolo, aparece invariablemente el factor humano. En el caso de España, además, nuestra familiaridad con las tecnologías y los procedimientos complejos, por mucho “Smartphone” que usemos, es reciente y escasa. Más escasa aún es nuestra formación. Sufrimos también cierto providencialismo, alérgico a leyes y protocolos. Y, por tanto, al de responsabilidad individual. Y, contrariamente a nuestros vecinos, dominadores de vastos imperios hasta hace medio siglo, carecemos de familiaridad con las enfermedades tropicales y de centros de élite que las investiguen. Ni hemos crecido en el temor a la guerra nuclear. </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Ese despertar nos devuelve, injustificadamente como vemos tras lo ocurrido en Texas ahora, o antes con la tragedia de Eschede cuando lo de Angrois- al imaginario nacional de la chapuza, incluso de la “spanish flu”, que creíamos superado hasta que la crisis, abruptamente, nos lo devolvió. Un imaginario donde la explicación a fenómenos tan complejos es aquello tan simple de “Piove? Porco governo”.  </span><span style="font-size: small">Como si cambiar ministros, consejeros o leyes fuera, per se, el remedio. Bordeamos el aspaviento, desenfocando las causas de los problemas y la necesidad de su solución. Pero no parece ahora momento </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">de vendettas políticas, gremiales o profesionales. Ya habrá tiempo de responsabilidades. Tampoco de pánico ignaro ante el riesgo invisible. Ni del tuiterismo apocalíptico. Ni del miedo de los profesionales. Ni de la sobreinformación inmediata y confusa aliñada apresuradamente con redes sociales y vedetismo mediático. Ni de ninguna de esas reacciones generadoras del cargado clima de psicosis que hemos vivido. Más bien lo es, creo, de revisar los protocolos serenamente, poniendo todos los medios para su cumplimento y supervisión. Recordando la clave última del factor humano. Y más si es carpetovetónico. Y con ese acopio, más la experiencia acumulada, acotar el contagio. </span></span></p>
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		<title>Más perros que niños</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Sep 2014 10:43:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[Ramón Muñiz, a quien ustedes conocen por sus crónicas sobre infraestructuras, medioambiente y curiosidades varias en EL COMERCIO, me alerta de que entre pujoles, terror yihadista, violaciones que no son o disturbios en Misuri, florece alguna noticia interesante, aparentemente, sólo aparentemente, trivial: “Gijón  tiene más perros que niños”.  Ramón picó además mi curiosidad preguntándome por [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Ramón Muñiz, a quien ustedes conocen por sus crónicas sobre infraestructuras, medioambiente y curiosidades varias en EL COMERCIO, me alerta de que entre pujoles, terror yihadista, violaciones que no son o disturbios en Misuri, florece alguna noticia interesante, aparentemente, sólo aparentemente, trivial: “Gijón </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">tiene más perros que niños”. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">Ramón picó además mi curiosidad preguntándome por causas y consecuencias –y apunando algunas- sobre las que yo nunca había pensado, apuntándome algunas. Puesto a ello, comparto con ustedes las que caben en una cara de folio.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small"> </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Las mascotas, como animales de compañía por mero placer y afecto, sin fin utilitario, parecen ser un fenómeno relativamente reciente, ligado a la revolución industrial y la moral victoriana. Me objetarán, con razón, que </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">Leonardo pintó a su Dama del Armiño, Horenboult a Catalina de Aragón con su mono o Tiziano a nuestro Carlos I acariciando a su perro. Pero era entonces un fenómeno constreñido a Corte y nobleza. En la cotidianeidad burguesa de Vermeer o de Hooch </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">los perros están o pasan, pero sin la familiaridad de los lienzos de Wardle y otros pintores victorianos. Algo cambia a mediados del XIX: Katherine C. Grier describe a las mascotas como un epifenómeno de la urbanización anglosajona, que intenta mantener algo del campo en la ciudad. Se unía a ello la convicción en la utilidad pedagógica de los animales para transmitir valores a los críos. Los animales</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">se integran en el</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">universo familiar burgués: en 1860 aparece la comida industrializada para mascotas. Allende lo anglosajón, </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">parece cosa más reciente: en los frescos literarios de la Francia decimonónica o de esa España de olla podrida y cocido omnipresente, perros y gatos están y pasan, pero sin familiaridad. De haber tenido mascota, Ana Ozores o Emma Bovary quizá se hubieran ahorrado algún disgusto… Es esa familiaridad anglosajona con los animales la que lleva a Beatrix Potter o Disney a certificar la humanización animal, realimentándola y universalizándola. Grier subraya la paradoja de que </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">la palabra “pet” (mascota, en inglés) sinónimo de niño mimado cuando los Tudor, denomine ahora a esas “mimadas alternativas a los hijos”, sujetas incluso a derechos.</span><span style="font-size: small">  </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Y es que en 2012 el 67% de los hogares estadounidenses tenía mascota, frente al 36% con niños. Nuestra capacidad para asimilar costumbres useñas hace pensar que España –también Gijón- pueda despuntar, con matices, por ahí. Desconocemos el perfil de los gijoneses con mascota, pero parece que, más allá de sus propiedades terapéuticas y educativas para mayores e infantes, generan menos obligaciones que hijos de crianza cara y larga, futuro dudoso y afectos menos seguros. Surgen también ramas de actividad de brillante porvenir: los estadounidenses gastan 150 dólares anuales por mascota sólo en veterinarios. Y quizá tengamos que organizar la convivencia entre personas y animales en un entorno urbano tan denso como el español, tan poco propicio a las mascotas, organizando y diseñando espacios “amigables” para ellas en playas, parques, condominios, comercios o restaurantes, tal y como sucede en otros países y empieza a suceder aquí.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Fomentando la educación entre los amos, y recordándoles que las mascotas son animales, con lo que ello supone. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">Evitando esos excrementos, los pelos, o los accidentes, cada vez más frecuentes. Adaptarnos, en fin, a una cotidianeidad históricamente insólita, más abundante en mascotas que en niños.</span><span style="font-size: small">  </span></span></p>
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		<title>Democracia directa, el derecho al error y la Proposición 13</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jun 2014 09:10:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Instituciones]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[El seis de junio de 1978, los electores de California aprobaron, mediante referéndum promovido por iniciativa popular, la llamada Proposición 13, que modificaba  el artículo 13 A de la Constitución estatal. Limitaba el impuesto sobre bienes inmuebles al 1% de un valor catastral cuya actualización requeriría desde entonces dos tercios de la cámara del Estado. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">
<div id="attachment_377" style="width: 269px" class="wp-caption alignleft"><a href="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2014/06/democracia-directa-suiza.png"><img aria-describedby="caption-attachment-377" loading="lazy" class="size-full wp-image-377" src="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2014/06/democracia-directa-suiza.png" alt="" width="259" height="194" /></a><p id="caption-attachment-377" class="wp-caption-text">Consejo vecinal en Suiza</p></div>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">El seis de junio de 1978, los electores de California aprobaron, mediante referéndum promovido por iniciativa popular, la llamada Proposición 13, que modificaba</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">el artículo 13 A de la Constitución estatal. Limitaba el impuesto sobre bienes inmuebles al 1% de un valor catastral cuya actualización requeriría desde entonces dos tercios de la cámara del Estado. Su impacto fue múltiple y controvertido. A escala nacional reactivó la figura de la iniciativa popular, impulsada a finales del XIX por el Partido Populista en medio una crisis atribuida en parte a la corrupción y el mal gobierno… Durante su apogeo, hasta 1918, logró la jornada de ocho horas o el voto femenino en muchos estados. Luego fue cayendo en desuso, hasta que la Proposición 13 la recuperó en 1978. En los últimos treinta años se ha utilizado en unas cuatrocientas ocasiones, que se suman a unos setecientos referenda celebrados en todos los EEUU. Pero la</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">consecuencia inmediata</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">de la Proposición 13 fue el hundimiento de la hasta</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">entonces modélica educación pública californiana. De competencia municipal, se financiaba con el IBI. Al caer la recaudación, el gasto educativo cayó también y, a partir de 1985, el deterioro de la educación era alarmante. Por ello, en 1988 se puso en marcha la Proposición 98, ahora para estabilizar y engrosar los fondos educativos mediante transferencias estatales.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Así que el efecto combinado de ambas </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">proposiciones –en combinación con otros problemas- fue colapso de la hacienda estatal californiana. </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Es un ejemplo de iniciativas de sabor inequívocamente democrático, refrendadas además por el Supremo estadounidense, pero seguramente equivocadas. Podrán decirme que los políticos también se equivocan. Desde luego. Y mucho. Pero ello no implica que la ciudadanía tenga siempre razón. La democracia da derecho a equivocarse. No sólo a acertar. De ahí algunos resultados a priori sorprendentes </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">en países donde la iniciativa popular está arraigada. Recuerden la prohibición de construir minaretes en Suiza. O el “sí” a la libertad salarial o el “no” al salario mínimo. En los Estados Unidos, Oregón reimplantó la condena de muerte mediante referéndum en 1976. Washington y Colorado han legalizado la marihuana. Nueva York y Massachusetts liberalizaron los alquileres. ¿Qué hubiera pasado en Gijón con el “Elogio” o en Oviedo con la peatonalización?</span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">Por eso en Suiza y EEUU, donde a está más implantada, la democracia directa es controvertida. Tanto por sus resultados como porque es manipulable. También aparece el riesgo de la tiranía de la mayoría que apuntó Madison. Pero nadie discute su aportación a la toma de decisiones mediante un debate que suele ser largo y enjundioso. En España reclamamos participación y control, ser escuchados. Quizá, por tanto, poder equivocarnos. La ley ya prevé y habilita mecanismos, especialmente a escala local, de participación, iniciativa popular y referéndum. Quizá sea esa escala local, la más familiar para la ciudadanía, la idónea para activarlos. Sigan por cierto la interesante experiencia de Oviedo con “Imagina un Bulevar”. Aunque alumbrada fuera de los cauces participativos institucionales, e impulsada por sorprendentes carambolas políticas, resulta, sin duda, sugerente y posible. </span></p>
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		<title>Porno</title>
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		<pubDate>Mon, 19 May 2014 08:05:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>

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		<description><![CDATA[Seguro que ya lo han comprobado. Y, si no, prueben. Busquen “porno”, “porno gratis” o “free porn” en internet.  El resultado son 240, 8,8 y 573 millones resultados, respectivamente. Muchos de ellos, con cientos de películas perfectamente clasificadas por categorías sorprendentes. Pero más sorprendente aún es la posibilidad de acceder, en muchas, a sus contenidos [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Seguro que ya lo han comprobado. Y, si no, prueben. Busquen “porno”, “porno gratis” o “free porn” en internet.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">El resultado son 240, 8,8 y 573 millones resultados, respectivamente. Muchos de ellos, con cientos de películas perfectamente clasificadas por categorías sorprendentes. Pero más sorprendente aún es la posibilidad de acceder, en muchas, a sus contenidos no ya sin pagar, sino sin filtro alguno.</span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small"><a href="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2014/05/Porno.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-350" src="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2014/05/Porno.jpg" alt="" width="300" height="223" srcset="https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2014/05/Porno.jpg 460w, https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2014/05/Porno-300x223.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Bueno, me dirán, la pornografía es tan antigua como el hombre. Y sí, tienen razón. Los lupanares de Pompeya conservan, aún hoy, decoraciones abundantes en sicalipsis. Pero la pornografía fue siempre una actividad discreta, aunque pública. Siempre intervenían terceros y se pagaba por ella. Los pompeyanos pagarían, supongo, por visitar sus lupanares. Como se pagaba por soportes como el cine –aquellas salas X de la transición- o las revistas. Incluso los CDs enviados a domicilio requerían el conocimiento de terceros. Sin embargo, y desde hace poco más de una década, internet se ha convertido en el canal perfecto para divulgar la pornografía.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Es discreto, privado y gratuito, siquiera en teoría. Cualquiera puede acceder a contenidos explícitos sin recurrir a terceros. Y, por tanto, su consumo se ha disparado.</span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Paradójicamente, el pirateo y la recesión están reduciendo los ingresos –se habla de unos 2.000 millones de euros-</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">de un sector que, en los Estados Unidos, donde algunas empresas cotizan en bolsa, es objeto de análisis social y empresarial. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">Las consecuencias, según la versión estadounidense del Huffington Post son, desde la oferta, una “macdonalización” salarial y una “creatividad” creciente que implica “todo tipo de fornicación concebible (y algunas inconcebibles)”.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Por el lado de la demanda, el informe “Pornographic Statistics” (sic) recopiladas por una empresa, </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">Covenant Eyes, especializada en filtros para internet, muestra cómo la creciente accesibilidad está reduciendo la edad de la primera exposición a sus contenidos. Alerta sobre la violencia de muchas de las escenas accesibles por cualquiera y de cualquier edad con una conexión a internet. Y de cómo más del 60% de los padres no tiene filtro alguno para este tipo de contenidos en el hogar.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Los adolescentes, además, son más capaces de ocultar pistas sobre sus visitas que sus padres de seguirlas. </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Se preguntarán por qué abordo asuntos así. Guste o no, la industria para adultos es, más que nunca, parte de la realidad social. También de la de niños y adolescentes para los que el porno es su única escuela de sexualidad, sin distinguir que lo que esos vídeos cuentan son, precisamente, fantasías. Días atrás, en un Instituto (no asturiano) una cría de doce años, de esas “espabiladas”,</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">pretendía reconciliarse con una amiga proponiéndole, con toda naturalidad, y por escrito, juegos sexuales irreproducibles en esta columna. </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Quizá en España no seamos conscientes aún de las consecuencias del</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">acceso privado, libre, gratuito, a la</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">pornografía. En otros países el debate está ahí.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Su posible influencia en la baja de las</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">agresiones sexuales. O la capacidad para modelar la sexualidad adolescente.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Quizá los españoles deberíamos plantearnos también el debate. Sin mojigaterías beatas ni “progres”. Sin rijosidad. Seriamente.</span></span></p>
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		<title>Rentismo y producción</title>
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		<pubDate>Tue, 06 May 2014 15:19:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[economía]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Quizá sea ahora, cuando parecemos alcanzar una cierta mejoría económica, el momento  apropiado para preguntarnos si ha cambiado la patología que nos condujo a la gran recesión.  Muchos de ustedes pensarán  que no procede, puesto que no hay mejoría. No seamos derrotistas: pese a la desconcertante EPA -180.000 empleos menos frente a 60.000 afiliados más- [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Quizá sea ahora, cuando parecemos alcanzar una cierta mejoría económica, el momento</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">apropiado para preguntarnos si ha cambiado la patología que nos condujo a la gran recesión. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">Muchos de ustedes pensarán </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">que no procede, puesto que no hay mejoría. No seamos derrotistas: pese a la desconcertante EPA -180.000 empleos menos frente a 60.000 afiliados más- todos los indicadores, macro o “reales”, como el consumo de energía, tráficos carreteros, recaudación tributaria, ventas de vehículos o en grandes superficies, empiezan a lucir en verde.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Cosa distinta es que la mayoría de los hogares aún “no lo note”. O que el crecimiento descanse excesivamente en el consumo público, preludiando quizá nuevos ajustes en 2016… </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">A lo que íbamos. No parece que hayamos reflexionado sobre qué nos ha conducido a la crisis, siquiera por no repetirla. Orillando cierto sentimiento de culpabilidad vergonzante, casi secreto, el relato dominante pasa por culpar de nuestras penas a la clase política y financiera. Esa “casta”, que, sin duda, tiene buena responsabilidad en el desaguisado. Pero los españoles tampoco hemos estado ni estamos a la altura. Seguimos preguntándonos no qué podemos hacer por nuestro país, sino qué puede hacer él por nosotros. Hemos delegado buena parte</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">de nuestro destino en un Estado –y en unos políticos- que luego denostamos. Un Estado cuyos compromisos de gasto crecen y crecerán, previsiblemente, por encima de su base imponible. Un Estado que, con su actual carta de prestaciones, es seguramente inviable. Pero, sin embargo, seguimos convencidos, eludiendo la complejidad de las cosas, de que recortando unos altos cargos por aquí y un senado por allá, el gasto puede contenerse, sin reparar en que, más allá de la ejemplaridad, poco le afectan. O que se pueden subir, aún más, los impuestos.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Son actitudes compartidas con casi toda la Unión Europea, excepto el Reino Unido. Pero </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">en pocos aparecen con la fuerza de España. Quizá tenga que ver con ello el hecho insólito de que, con 14 millones de ocupados en el sector privado, otros 14 millones de compatriotas, sin contar empleados públicos, vivan del Estado.</span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Posiblemente uno de nuestros retos sea transformar esa ecuación. Por tradición histórica, salvando aquellos </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">años 60 y 70 de “Plurilópeces”, los españoles y, cada vez más, nuestros territorios, componemos un país de rentistas. Provenga esa renta de prestaciones públicas, subvenciones, fondos estatales o europeos… o de inmuebles o viejas acciones. Porque aquí está mejor visto el millón ganado de un piso heredado, revalorizado sólo por el pasar del tiempo, que el millón fruto del trabajo y el riesgo. “Algo habrá hecho”, dirán. Buena parte dela </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">patología patria reside en nuestra “pisitofilia”, financiadora a su vez de las administraciones públicas, sostenida </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">por un “nuncabajismo” que se ha revelado fatal. </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Pero el “nuncabajismo” se fue por algún tiempo. Nos quedan el trabajo y el riesgo. Y un mundo competido al</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">que vender su fruto. Hay indicios –emprendedores, exportaciones- que apuntan por ahí. Pero no lo suficiente. Uno de nuestros retos es transformar un país rentista en otro plenamente </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">productivo. Pero ¿estamos dispuestos a ello?</span><span style="font-size: small">    </span><span style="font-size: small">    </span></span></p>
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		<title>España, kilómetros y conversaciones</title>
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		<pubDate>Thu, 01 May 2014 16:04:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta Semana Santa recorrimos dos mil quinientos kilómetros por los caminos de España. La España urbana y también esa España vacía, dizque inexistente. Parando en pueblos y ciudades. Hablando con sus gentes. Kilómetros y conversaciones que quizá permiten  enhebrar un bosquejo urgente, somero e impresionista de nuestro país.   Se obtiene la impresión de que, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Esta Semana Santa recorrimos dos mil quinientos kilómetros por los caminos de España. La España urbana y también esa España vacía, dizque inexistente. Parando en pueblos y ciudades. Hablando con sus gentes. Kilómetros y conversaciones que quizá permiten </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">enhebrar un bosquejo urgente, somero e impresionista de nuestro país. </span><span style="font-size: small"> </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Se obt<a href="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2014/05/DSC_0036.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-335" src="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2014/05/DSC_0036.jpg" alt="" width="168" height="300" srcset="https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2014/05/DSC_0036.jpg 1746w, https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2014/05/DSC_0036-768x1365.jpg 768w, https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2014/05/DSC_0036-576x1024.jpg 576w" sizes="(max-width: 168px) 100vw, 168px" /></a>iene la impresión de que, pese a todo, tenemos un país magnífico. Cuajado de historia. Con un patrimonio cada vez más mimado. Paisajes diversos, increíbles. Bien están los viajes exóticos, pero el turismo interior, que tan bien sienta a nuestra economía, quizá esté aún mejor. Y probablemente nos ayude a apreciar y amar más a nuestro país. Que también está cuajado de futuro: pese a las dificultades, la incredulidad y el desánimo ciudadano, España parece levantarse de nuevo. Vuelven los tráficos a nuestras carreteras, las murallas de camiones. Los viajeros a hoteles y restaurantes. Los contenedores a los puertos. Los penachos de humo a las chimeneas de las fábricas. Y marchan las</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">paletas amontonadas en sus muelles, rumbo a lejanos destinos. Hemos escuchado historias de compatriotas que transitaron la crisis a “faenas”, al trantrán, en negro, y ahora tramitan su legalización como empresarios, apoyados en la clientela captada en estos años oscuros. Pero también despuntan síntomas inquietantes: la quiebra, quizá más aparente que real, de los dos grandes partidos, es caldo de cultivo para oportunistas: cuentan, por ejemplo, </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">de partidos xenófobos locales financiados por ¡empresarios del lenocinio! con vocación y posibilidades de influir en sus municipios a partir de mayo de 2015. A saber por qué intereses velarán. El ejemplo de Italia tras la quiebra de su sistema de partidos a comienzos de los años noventa debería hacernos reflexionar sobre cómo hacer que las cosas mejoren y no empeoren. </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Preocupa, también, </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">la comparación con nuestra Asturias, incapaz de seguir el ritmo de la incipiente prosperidad. No es sólo el calamitoso estado de nuestras carreteras por comparación con las vecinas. Es algo estructural: otras regiones, aún con problemas, se reinventan y perfeccionan; los asturianos, sin embargo, parecemos empeñados en congelar vanamente la historia en nuestro particular apogeo de mediados del siglo XX, sin evitar que casi todo se desmorone. Un ejemplo. Por estas fechas, España es un jardín: donde la altitud lo permite, el paisaje se cubre de blanco frutal, amarillo de colza o verde de mies recién nacida. Pero el feraz paisaje asturiano aparece desaprovechado, asilvestrado, sin más uso que el eucalipto, los forrajes y el pasto para una ganadería amenazada.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Como si, además de enseñarlo al forastero, </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">no supiéramos qué hacer con él. Necesitamos un modelo territorial alternativo, que casi nadie reclama. Alarma además la mansedumbre de nuestra ciudadanía -más emigrante que viajera-</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">que salvando tumultos</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">esporádicos, </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">es sorprendentemente conformista. La valoración que hacemos de la región en general y de los servicios públicos en particular –que, por comparación con los de otras regiones, no siempre salen bien parados- es sorprendentemente buena. Y eso, en una Asturias donde se acumulan escándalos, abandono, estancamiento, elevada fiscalidad y tanta incertidumbre resulta desconcertante.</span><span style="font-size: small">    </span></span></p>
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