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	<title>Qué nos pasaDemografía &#8211; Qué nos pasa</title>
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		<title>El termómetro demográfico</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jul 2019 10:48:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; &#160; Uno de los retos que, de forma explícita, ha asumido el señor Barbón en su investidura, es el demográfico. Los actuales indicadores demográficos para Asturias no invitan al optimismo. Y la perspectiva para los próximos diez años es aún peor. Es previsible una reducción del 30% en el número de nacidos, como consecuencia [&#8230;]]]></description>
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<p>Uno de los retos que, de forma explícita, ha asumido el señor Barbón en su investidura, es el demográfico. Los actuales indicadores demográficos para Asturias no invitan al optimismo. Y la perspectiva para los próximos diez años es aún peor. Es previsible una reducción del 30% en el número de nacidos, como consecuencia de la reducción en el número de mujeres en edad fértil  -fruto, a su vez, de reducciones previas de la natalidad y de la emigración juvenil- y un ligero incremento en el de mayores de 65 años, producto de la incorporación de los primeros baby-boomers a ese grupo etáneo.  Asturias, además, ha consolidado la diáspora de personas en edad activa, mayormente jóvenes y con elevada formación.</p>
<p>La tendencia al envejecimiento de Asturias parece  inexorable en el medio y largo plazo.  Todos conocemos sus consecuencias: desde los costes asociados al actual modelo de Estado del Bienestar –que habrá que reequilibrar- a las alteraciones en los niveles y pautas de consumo, muy en especial de bienes duraderos. También afecta a la innovación y la creatividad que los jóvenes  –mayormente, los de elevada formación-  aportan a la comunidad, conectándola con las últimas tendencias mundiales. Súmense además, las pautas territoriales de la demografía: fuera  del  antaño creciente metropolitano –ese arco que, desde Morcín a Villaviciosa, cose Oviedo, Siero, Llanera  y Gijón- y de algunos enclaves costeros del Oriente, Asturias se vacía.</p>
<p>Sin embargo la demografía no es un fenómeno aislado, sino síntoma de otros.</p>
<p>Es síntoma de una región que genera poco empleo, poco cualificado y poco pagado, la que menos entre sus vecinas, obligando a nuestros jóvenes a emigrar.  Y no lo genera porque no crea suficiente actividad, acumulando crisis a modo palimpsesto, resistiendo hasta lo irremediable sin generar tejidos económicos nuevos, más allá del sector público, con dimensión y pujanza adecuadas, muy dependiente  de las pequeñas empresas. El resultado es una región  siempre a la cola en el crecimiento económico desde hace 40 años.  Parece inexcusable un cambio de rumbo que contribuya a fijar, primero y a atraer, si es posible, después, personas jóvenes. Transitar gradualmente desde estrategias de captación de rentas públicas nacionales y foráneas a otras de creación de riqueza y empleo. Pasar de culturas de resistencia a otras, proactivas.  Sin duda, Asturias es una región periférica en la Unión Europea   y, además, carente de un hinterland pujante. Pero, justamente por ello, es capital estimular la movilización de los recursos propios de la región –hay capital humano y tecnológico- transformándola en un territorio atractivo para la inversión propia y foránea a largo plazo, favoreciendo una estructura empresarial más equilibrada, con mayor presencia de medianas empresas, rentables y competitivas, que faciliten el desarrollo de una carrera profesional.</p>
<p>Es síntoma de una región centrada en políticas sociales públicas para mayores y desocupados y no para activos jóvenes o de mediana edad.  Quizá debamos repensarlas, tanto en su gestión –adaptándolas a los modelos europeos público-privados- como en sus contenidos: desde esa esa red 0-3 favorecedora de  la conciliación laboral y familiar, hasta los programas  de vivienda asequible y ayudas que vayan más allá de las deducciones fiscales por hijos, facilitando no sólo la emancipación de nuestros jóvenes,  sino también la formación de familias. Por cierto, los empleos bien pagados también favorecen la conciliación, vía reducciones de jornada.</p>
<p>Y es síntoma de una región anclada en esquemas periclitados de ordenación del territorio, vigentes desde 1990. Parece aconsejable reformular nuestras estrategias territoriales. En un mundo donde las ciudades adquieren relevancia como marca territorial, debemos buscar  complementariedades entre nuestros concejos centrales que, coordinadas, sustituyan a la competencia localista, enfocándola el exterior. Como mínimo, hacia otras ciudades medias del Arco Atlántico. Mejorar la red de transportes del área central de acuerdo con los criterios de una movilidad sostenible,  identificar y poner en marcha equipamientos capaces de competir fuera, además de “crear ciudad” en el área central, parecen objetivos inexcusables. Pero no debemos descuidar la Asturias no metropolitana, equilibrando, en lo posible, la Asturias rural, urbana y metropolitana. Facilitando la actividad  ligada al territorio – agroalimentaria, maderera, turística, ambiental…- , diversificando explotaciones agroganaderas y estimulando vínculos cooperativos entre ellas,  estableciendo y racionalizando redes de servicios y transportes a través del fortalecimiento de comarcas y áreas micropolitanas, con el objetivo de fijar población.</p>
<p>No son pocos los retos del flamante presidente. Sin duda, requieren  osadía alejada de los vapores del pasado. Pero, también sin duda, la demografía, como termómetro de tantos otros fenómenos, nos dará pistas sobre el éxito de su gestión. Un éxito que nos conviene a todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Elecciones y la Asturias que se vacía</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jul 2019 10:35:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[La demografía ha tratado de abrirse paso, sin éxito, en la campaña electoral. Durante muchos  años, los problemas relacionados con las pautas de evolución de la población fueron orillados, quizá por recordar a algunas políticas públicas del Franquismo, primero; y porque luego, entre 1995 y 2009, y desafiando todas las previsiones,  el  monto de españoles [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La demografía ha tratado de abrirse paso, sin éxito, en la campaña electoral. Durante muchos  años, los problemas relacionados con las pautas de evolución de la población fueron orillados, quizá por recordar a algunas políticas públicas del Franquismo, primero; y porque luego, entre 1995 y 2009, y desafiando todas las previsiones,  el  monto de españoles creció notablemente, gracias al repunte de la natalidad y, sobre todo, a un fenómeno inédito en España: la inmigración.</p>
<p>Sin embargo, y tras la Gran Recesión de 2007-2013, las pautas demográficas han cambiado:</p>
<ol>
<li>A partir de 2016, la población ha vuelto a crecer. Pero lo hace en con menos vigor debilidad que antes de la crisis y dependiendo exclusivamente del componente migratorio (entrada de inmigrantes). El vegetativo es negativo.</li>
<li>Se han agudizado los desequilibrios sociales y territoriales. En los dos últimos años la población española creció en unos 430.000 efectivos, todos extranjeros. De ellos, 160.000 quedaron en Madrid y el resto, básicamente, en el litoral Mediterráneo, las islas y las capitales de provincia.</li>
<li>Pese a ello, España tiende a envejecer, amenazando la sostenibilidad del Estado de Bienestar, alterando pautas de consumo y, por tanto, el crecimiento económico.</li>
</ol>
<p>Estas pautas no son exclusivas de España, sino compartidas con Italia, Portugal o, en los últimos años, Polonia. Pero no es menos cierto que en otras naciones europeas, las tasas de fecundidad se acercan mucho a las de reposición (2,05): Irlanda, Reino Unido, Francia, Bélgica, Escandinavia o, fuera de la UE, Estado Unidos, presentan tasas siempre superiores a 1,7, muy lejos de los 1,3 de España.</p>
<p>Pero no debemos olvidar que las pautas demográficas son siempre síntoma de otros problemas. En el caso de España, nuestra débil demografía se explicaría por:</p>
<ol>
<li>Escasa intensidad del empleo. Para alcanzar las de países de alta fecundidad como los citados, necesitaríamos sumar unos cinco millones adicionales de ocupados a los casi 19,4 que registró la última EPA. Pero además de más empleo, es necesario que esté mejor remunerado –un factor crítico en las cohortes jóvenes- y que su  sustitución por otro en caso de despido sea más fácil.</li>
<li>Dificultades para la conciliación laboral-familiar: además de racionalizar horarios, el empleo debe ser también más flexible o facilitar la ocupación a tiempo parcial (en el caso de las mujeres, 80% en Holanda, 40% en Alemania o Suecia,…). Por supuesto, es  también deseable una mayor implicación de los varones en las tareas de crianza y las tareas domésticas.</li>
<li>Escasez de políticas públicas para la infancia y las familias, en las que España es cicatera: ir más allá de las deducciones fiscales (de las que no todas las familias de benefician) facilitando ayudas directas a las familias, guarderías,</li>
<li>Cambios culturales, quizá los más complicados de cambiar: desconfianza en el futuro y ausencia de planes de vida entre los más jóvenes, rechazo a la maternidad (25% de las mujeres de 30 a 40 años), hipervaloración del trabajo.</li>
<li>Súmese a todo ello, en lo que se llama la España vacía –esencialmente rural- una baja calidad de vida, concepto que va más allá del aire puro o de la nostalgia neorruralista: escasez de servicios públicos y privados, debilidad de comunicaciones y telecomunicaciones, de la oferta de ocio…</li>
</ol>
<p>En términos generales, allí donde la se suman estos factores negativos, la evolución demográfica es peor que donde no: rural frente a urbano y periurbano;  Madrid, Levante frente a esa España vacía a la que Asturias pertenece de pleno, mostrando invariablemente los peores indicadores demográficos. No sólo es la región que más se despuebla. Es la única en la que TODOS sus municipios pierden población entre 2011 y 2018. Una tendencia coherente con otras, como presentar los peores indicadores de crecimiento económico y de la ocupación, especialmente de la más cualificada. Y que se consolidará: las madres futuras -mujeres en el grupo de edad 20-29- son 82.000, por 128.000 entre 30 y 39.</p>
<p>En consecuencia, Asturias, además de las ya señaladas para el conjunto de España, requiere otras medidas específicas, casi de última oportunidad, inspiradas en principios como:</p>
<ol>
<li>Fomentar y atraer inversión privada en sectores poco o no contaminantes que generen empleo cualificado, contribuyendo a fijar o incluso atraer jóvenes.</li>
<li>Racionalizar el gasto público y reorientarlo hacia la inversión.</li>
<li>Estimular condiciones para el desarrollo endógeno del rural, diversificando explotaciones, fomentando la cooperación entre ellas con criterios empresariales y sectores como el agroforestal y alimentario. Tenemos un ejemplo de éxito: el Oscos-Eo de los años 80.</li>
<li>Revisar la gestión del territorio rural, mejorando su calidad de vida, estableciendo una red de áreas de actividad como modos estructurantes, e incorporando la figura del área micropolitana.</li>
</ol>
<p>Y, por último, la condición sine qua non: Asturias  necesita un liderazgo fuerte, en las antípodas del populismo, motivador e ilusionante, capaz mirar al provenir y de romper la inercia de décadas. Sin duda es un reto complejo y con efectos a largo plazo. Pero el continuismo no es alternativa. Veremos si el 28 de abril y el 26 de mayo nos aportan esperanza.</p>
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		<title>Alarma laboral</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Oct 2018 10:25:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[economía]]></category>

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		<description><![CDATA[En Asturias  repican las alarmas demográficas, pero sin reparar quizá en  una de las claves que propician una demografía sostenible: el empleo.  Es cierto que la demografía puede animarse desde las políticas públicas, o desde programas consistentes de conciliación.  Pero de  poco o nada servirán las medidas institucionales en territorios como Asturias, si carecen de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En Asturias  repican las alarmas demográficas, pero sin reparar quizá en  una de las claves que propician una demografía sostenible: el empleo.  Es cierto que la demografía puede animarse desde las políticas públicas, o desde programas consistentes de conciliación.  Pero de  poco o nada servirán las medidas institucionales en territorios como Asturias, si carecen de atractivo laboral.</p>
<p>De acuerdo con la última EPA, en cuatro años de crecimiento económico –último trimestre de 2013 al último de 2017- Asturias generó unos 12.000 empleos, un crecimiento del 3,2%. El conjunto de España registró un 10,9% y regiones vecinas como Galicia, Castilla y León,  Cantabria o el País Vasco anduvieron entre el 5%-6,5%</p>
<p>Si atendemos a la cualificación, observamos que los rubros 2 y 3 de la Clasificación de Ocupaciones –técnicos, profesionales, científicos, intelectuales y técnicos y profesionales de apoyo- caen un 1,2%, mientras el total nacional aumenta un 12,2%, creciendo también en todos los territorios vecinos. Ocurre lo mismo con el personal cualificado de las empresas manufactureras: en Asturias cae un 6,7%, subiendo en las regiones vecinas, con la excepción de Cantabria, donde permanece estable. En el conjunto de España crece  un 14,4%. Sin embargo, en los servicios de restauración, personales y de comercio –por lo general, de escasa cualificación-  la relación se invierte y Asturias registra un alza del 13,1% superior al 7,7%  nacional y a los registrados por nuestros vecinos.</p>
<p>En definitiva, todo apuntaría a que Asturias no sólo crea poco empleo sino que tiende a estabilizar o incluso destruir el cualificado,  para ampliar el de media y baja cualificación. Justo al contrario que en las regiones vecinas  y el conjunto de España, donde más de la mitad de los nuevos empleos lo son de alta cualificación. Puede argüirse que la EPA, en desagregaciones regionales, presenta niveles significativos de error, o la creciente estacionalidad del trabajo. Pero la pauta se repite para otros trimestres y fuentes alternativas, como el registro de afiliación a la Seguridad Social, corroborarían algunas tendencias.  Sin ir más lejos,  el interanual de afiliación de marzo refleja un incremento del 1,3% -el más bajo de todas las autonomías- frente al 3,3% nacional. Y todo ello a pesar del excelente dato de PIB de 2017, impulsado en parte por una industria en aparente expansión.  Y la EPA para el tercer trimestre de 2018 indica que Asturias es la única región española que destruye empleo durante el último año.</p>
<p>Hace décadas que Asturias tiene el empleo congelado. El número de ocupados es inferior al de 1976, mientras que el nacional es un 50% superior. El descenso del paro es consecuencia, mayormente, del declive demográfico y no de la creación de empleo. Empleo que, además, no parece crecer ni en la intensidad ni en la dirección deseable.</p>
<p>Saltan las alarmas demográficas. Pero deberían saltar las alarmas laborales. Sin empleos atractivos, Asturias, salvo por precios,  carecerá de reclamos para que los jóvenes decidan vivir entre nosotros y tener hijos aquí. Quizá debamos entender que la demografía es consecuencia de tendencias más profundas.  Y son esas tendencias -y sus causas- las que, cuando no funcionan –y no lo hacen desde hace décadas- deben ser profundamente corregidas.</p>
<p>Una región en la situación de Asturias no puede tener una fiscalidad escasamente competitiva con el resto de España, que no constituye un acicate, precisamente, para empresas y particulares en una region que necesita inversión foránea. Una región como Asturias no puede permitirse el paliativo a corto plazo del gasto corriente (lo que algunos denominan &#8220;inversión&#8221; social) en detrimento de la inversión pública (en sectores estratégicos) y privada para el futuro. Una región como Asturias no puede entretenerse en estériles debates identitarios o sobre la oficialidad de esa paleoneolengua que nadie usa en nuestro territorio.  Y una región como Asturias requiere transitar poco a poco de las políticas de captación de rentas -nacionales  comunuitarias, cada vez más escasas, competidas y exigentes- a la generación de rentas.</p>
<p>Asturias necesita de una clase política y de liderazgo político. Claro que, si es posible, mejorando los sistemas de selección de élites. Pero necesita, sobre todo, de liderazgos sociales, que se sacudan ese conformismo que parece corroer el envejecido tejido social asturiano, libererando energías de esa Asturias que quizá sea nustra última esperanza: joven, animosa, con cierto punto rebelde, innovadora, que despunta en sectores como el tenológico, desde luego, pero tambièn en la agroganadería, el diseño industrial o los servicios más avanzados. También en las Administraciones Públicas. Capaces de trabajar de forma colaborativa, ya sea entre sectores económicos, empresas cmpetidoras o en partenariados público-privados. Grupos sociales capaces de ir más allá del eterno y estéril debate circular, sugiriendo  nuevas políticas públicas y e impulsando su realización práctica. Políticas que supongan un cambio sobre lo que, hasta ahora, no ha permitido sobrevivir, y no ahondar en más de lo mismo.</p>
<p>Revertir, en suma, la tendencia declinante del último medio siglo. Ojalá en medio siglo más -y si es antes, mejor- suenen yo ya las alarmas, sino el repique de campanas por haberlo logrado.</p>
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		<title>Marcha atrás</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Oct 2014 09:41:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[La afición de este Gobierno a meterse en charcos e, incluso, a chapotear en ellos, sin contentar a nadie, es asombrosa. Y más cuando oscurecen los que podrían percibirse como primeros resultados positivos de una gestión económica a contracorriente de la opinión pública. O la tramitación de leyes potencialmente capitales, como la de Reforma de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small"><a href="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2014/10/Feto-12-semanas.png"><img loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-445" src="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2014/10/Feto-12-semanas.png" alt="" width="120" height="163" /></a>La afición de este Gobierno a meterse en charcos e, incluso, a chapotear en ellos, sin contentar a nadie, es asombrosa. Y más cuando oscurecen los que podrían percibirse como primeros resultados positivos de una gestión económica a contracorriente de la opinión pública. O la tramitación de leyes potencialmente capitales, como la de Reforma de las Administraciones Públicas. Pero no, el ruido mediático lo producen  </span><span style="font-size: small">ocurrencias como reformar el sistema de elección de alcaldes –que, aunque inoportuna, contenía propuestas interesantes- o, ahora, el “tatrás” de la ley del aborto y la dimisión del ministro Gallardón; de los más aficionados al chapoteo en charcos, en este caso judiciales, causa real quizá, junto a la búsqueda de más elevados consensos, de su marcha-cese.</span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Parece temerario tramitar una ley como la de Derechos del Concebido y la Mujer Embarazada, sobre asuntos de conciencia, proponiendo una regulación rechazada por entre un 54% y un  </span><span style="font-size: small">65%</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">de la ciudadanía. E incluso por buena parte del propio electorado popular </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">-entre un 41% y un 62%-</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">que la consideraba innecesaria. Otros, aún en desacuerdo con la actual ley de plazos, eran renuentes al cambio, quizá por soslayar nuevos conflictos en una España colmada de ellos. Argumento que podría haber utilizado el Gobierno para despejar dudas sobre su ambigua propuesta electoral -que no prevé derogación alguna- como hizo Aznar en 1996. O ahora para retirarla. Añadan la confusa contradicción </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">entre restricción y despenalización del anteproyecto. Sólo un aspecto de la legislación actual suscitaba rechazo unánime (88%): el que una menor pueda abortar sin conocimiento parental. Por ahí quizá se podría avanzar, aunque a buen seguro, sin acuerdo con el PSOE y otras fuerzas de las izquierdas. </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Pero es que, además, el aborto recoge en España una aceptación creciente. Si a mediados de los años 70 era favorable sólo el 15% de la ciudadanía, diez años después lo era casi la mitad, para llegar poco a poco al 65-70% actual, alcanzando el 85% cuando tiene causa en malformaciones del feto. Es más, muchos jóvenes,  </span><span style="font-size: small">también algunos adultos, lo banalizan hasta contemplarlo como un método anticonceptivo extremo. Todo ello demostraría, de paso, el fracaso de las autodenominadas organizaciones pro-vida, que deberían revisar su estrategia. Cuando en otros países, como EEUU o Alemania, el rechazo al aborto tiende a mantenerse o a aumentar, aquí gana adeptos la preeminencia el indiscutido derecho de la mujer a disponer de “su” cuerpo frente al discutido a la vida del concebido. </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">El resultado es que en España se notificaron 112.390 abortos en 2012, mayormente a jóvenes. Por situar la cifra en su magnitud, los nacidos en 2013 fueron 425.390. Por tanto, se interrumpieron alrededor del 20% de los embarazos. Nada que no sea normal en Europa. Es una tasa similar a la francesa o británica, superior a la alemana o las de países católicos como Bélgica, Italia, Portugal, y desde luego, polaca o irlandesa, pero inferior a las nórdicas y a las de algunos países del Este, donde las tasas bordean en 50%. A muchos estas cifras pueden no decirles nada. Pero si partimos de la base de que un aborto nunca es deseable, de que no deja de ser una operación quirúrgica no exenta de consecuencias, estas tasas deberían propiciar una reflexión europea sobre el estado de la sexualidad juvenil, la contracepción, el apoyo a las madres, el rampante machismo juvenil, la adopción o la conciliación. Más aún cuando el continente envejece aceleradamente, rompiendo las costuras del estado de bienestar. No son cifrar para sentirnos orgullos. </span></p>
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		<title>Más perros que niños</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Sep 2014 10:43:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[Ramón Muñiz, a quien ustedes conocen por sus crónicas sobre infraestructuras, medioambiente y curiosidades varias en EL COMERCIO, me alerta de que entre pujoles, terror yihadista, violaciones que no son o disturbios en Misuri, florece alguna noticia interesante, aparentemente, sólo aparentemente, trivial: “Gijón  tiene más perros que niños”.  Ramón picó además mi curiosidad preguntándome por [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Ramón Muñiz, a quien ustedes conocen por sus crónicas sobre infraestructuras, medioambiente y curiosidades varias en EL COMERCIO, me alerta de que entre pujoles, terror yihadista, violaciones que no son o disturbios en Misuri, florece alguna noticia interesante, aparentemente, sólo aparentemente, trivial: “Gijón </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">tiene más perros que niños”. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">Ramón picó además mi curiosidad preguntándome por causas y consecuencias –y apunando algunas- sobre las que yo nunca había pensado, apuntándome algunas. Puesto a ello, comparto con ustedes las que caben en una cara de folio.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small"> </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Las mascotas, como animales de compañía por mero placer y afecto, sin fin utilitario, parecen ser un fenómeno relativamente reciente, ligado a la revolución industrial y la moral victoriana. Me objetarán, con razón, que </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">Leonardo pintó a su Dama del Armiño, Horenboult a Catalina de Aragón con su mono o Tiziano a nuestro Carlos I acariciando a su perro. Pero era entonces un fenómeno constreñido a Corte y nobleza. En la cotidianeidad burguesa de Vermeer o de Hooch </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">los perros están o pasan, pero sin la familiaridad de los lienzos de Wardle y otros pintores victorianos. Algo cambia a mediados del XIX: Katherine C. Grier describe a las mascotas como un epifenómeno de la urbanización anglosajona, que intenta mantener algo del campo en la ciudad. Se unía a ello la convicción en la utilidad pedagógica de los animales para transmitir valores a los críos. Los animales</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">se integran en el</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">universo familiar burgués: en 1860 aparece la comida industrializada para mascotas. Allende lo anglosajón, </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">parece cosa más reciente: en los frescos literarios de la Francia decimonónica o de esa España de olla podrida y cocido omnipresente, perros y gatos están y pasan, pero sin familiaridad. De haber tenido mascota, Ana Ozores o Emma Bovary quizá se hubieran ahorrado algún disgusto… Es esa familiaridad anglosajona con los animales la que lleva a Beatrix Potter o Disney a certificar la humanización animal, realimentándola y universalizándola. Grier subraya la paradoja de que </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">la palabra “pet” (mascota, en inglés) sinónimo de niño mimado cuando los Tudor, denomine ahora a esas “mimadas alternativas a los hijos”, sujetas incluso a derechos.</span><span style="font-size: small">  </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Y es que en 2012 el 67% de los hogares estadounidenses tenía mascota, frente al 36% con niños. Nuestra capacidad para asimilar costumbres useñas hace pensar que España –también Gijón- pueda despuntar, con matices, por ahí. Desconocemos el perfil de los gijoneses con mascota, pero parece que, más allá de sus propiedades terapéuticas y educativas para mayores e infantes, generan menos obligaciones que hijos de crianza cara y larga, futuro dudoso y afectos menos seguros. Surgen también ramas de actividad de brillante porvenir: los estadounidenses gastan 150 dólares anuales por mascota sólo en veterinarios. Y quizá tengamos que organizar la convivencia entre personas y animales en un entorno urbano tan denso como el español, tan poco propicio a las mascotas, organizando y diseñando espacios “amigables” para ellas en playas, parques, condominios, comercios o restaurantes, tal y como sucede en otros países y empieza a suceder aquí.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Fomentando la educación entre los amos, y recordándoles que las mascotas son animales, con lo que ello supone. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">Evitando esos excrementos, los pelos, o los accidentes, cada vez más frecuentes. Adaptarnos, en fin, a una cotidianeidad históricamente insólita, más abundante en mascotas que en niños.</span><span style="font-size: small">  </span></span></p>
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		<title>Los asturianos, especie en extinción</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jul 2014 10:31:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[economía]]></category>

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		<description><![CDATA[Imaginen un territorio con las tasas mortalidad, envejecimiento y suicidio más elevadas de su país,  la menor natalidad y el número de hijos más bajo, o  casi, del mundo. No, no parece  un lugar especialmente atractivo. Pero corresponde a la Asturias que, como otras fuentes, dibuja el Movimiento Natural de la Población para 2013 presentado [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Imaginen</span><span style="font-size: small"> un territorio con las tasas mortalidad, envejecimiento y suicidio más elevadas de su país,</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">la menor natalidad y el número de hijos más bajo, o</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">casi, del mundo. No, no parece</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">un lugar especialmente atractivo. Pero corresponde a la Asturias que, como otras fuentes, dibuja el Movimiento Natural de la Población para 2013 presentado esta semana. Asturias, poco a poco, desaparece.</span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Pero ¿por qué? La relación entre los ciclos de nacimientos y empleo</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">es muy elevada, con un retardo de uno o dos años en la natalidad, dramáticamente afectada ahora por la crisis. Pero esa </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">es una causa coyuntural. La escasa natalidad española y asturiana es estructural, permanente, síntoma de problemas también estructurales: durante el “boom” de 2003-2007, los nacidos en España eran menos que en naciones con tasas de ocupación similares a la española. Y es que nuestro empleo no es de la mejor calidad: bajos salarios (con un 60% inferior a </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">20.000€) y creciente</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">temporalidad. Añadan las dificultades para conciliar, fruto de horarios algo extravagantes y de la escasez, quizá por mal pagados, </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">de trabajos a tiempo parcial, tan frecuentes en la UE o EEUU. Acumulamos varias recesiones demográficas y el número de mujeres en edad fértil disminuye. Por último, nuestras políticas de apoyo a la familia y la maternidad, que podrían contribuir a amortiguar esos ciclos son muy escasas, limitadas a deducciones fiscales y pequeñas ayudas puntuales. Según Eurostat, Francia dedica 722€ por habitante y año a prestaciones familiares, Irlanda, 984€ y Finlandia, 911€. España, 318€ (y 777€ a desempleo). El mundo al revés. Si los registros de nacidos no están mínimos históricos es por los 80.000 nacidos del aporte inmigratorio. Y si esas son las enfermedades del cuerpo, las del alma no son menores: los españoles padecemos un pesimismo vital que no se disipa, ni tan siquiera, en tiempos de bonanza. Asturias amplifica este cuadro clínico, especialmente el referido a las enfermedades del alma.</span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Naturalmente, estas dinámicas demográficas acarrean consecuencias. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">Una sociedad envejecida consume menos que una más joven –en especial bienes duraderos o tecnológicos- lo que no favorece la demanda interna. Ni, por tanto, la producción. Se genera un círculo vicioso que afecta al crecimiento, al empleo y las rentas, a la base imponible, la recaudación, las políticas públicas y, de nuevo, a la natalidad, realimentando un bucle lento, como todo lo demográfico, pero imparable. Estamos ante un problema que condiciona nuestro futuro. Los asturianos somos una especie en extinción.</span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">¿Soluciones? No son simples, especialmente para esas enfermedades del alma, ese pesimismo casi genético que, con la normalización de la planificación familiar, se ha trasladado a los paritorios.</span><span style="font-size: small">  </span><span style="font-size: small">Pero tampoco para las del cuerpo: no es fácil crear empleo, especialmente de calidad, que anime nuestra demografía. </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">Por más que nuestra economía ya cree empleo, </span><span style="font-size: small"> </span><span style="font-size: small">queda mucho por perfeccionar, especialmente en su calidad. Debería apoyarse la conciliación, europeizando nuestros excéntricos hábitos horarios. E impulsar políticas públicas para la familia que al alcancen los niveles estimulantes de algunos vecinos. Estamos ante un desafío nacional, pero, sobre todo, regional, merecedor, cuando menos, de un amplio debate público. </span></span></p>
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		<title>30.740 y 5.252</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Feb 2014 16:15:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[30.740 y 5.252: la riqueza en dólares por habitante de España y Marruecos, según el FMI. La frontera más desigual del mundo y la enorme población que separa marcan un punto de choque a escala mundial. Tanto o más que en la de los Estados Unidos de América con México, donde la ratio de rentas [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small"><a href="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2014/02/Ceuta.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-306" src="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2014/02/Ceuta.jpg" alt="" width="300" height="203" srcset="https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2014/02/Ceuta.jpg 644w, https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2014/02/Ceuta-300x204.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>30.740 y 5.252: la riqueza en dólares por habitante de España y Marruecos, según el FMI. La frontera más desigual del mundo y la enorme población que separa marcan un punto de choque a escala mundial. Tanto o más que en la de los Estados Unidos de América con México, donde la ratio de rentas es menor: seis aquí, cuatro allá. Más al sur, la desigualdad se acentúa: Malí, Camerún, Mauritania, Senegal,…apenas alcanzan los 2.000 dólares.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">Y la situación puede empeorar. La esperanza descolonizadora de los sesenta, acaudillada por presidentes-poetas que, como Senghor, cantaban a la negritud, se frustró hace mucho tiempo. África es  el único continente que, con excepciones puntuales, parece  perdido en su camino hacia la prosperidad.  En el relativamente occidentalizado y próspero Magreb las “primaveras árabes” no florecen. Mirar hacia el sur resulta, de nuevo, descorazonador.  En el Sahel se libra una guerra larvada entre Al Queda y las potencias occidentales. Más allá se superponen los conflictos tribales con los geopolíticos: tierras raras, materias primas, uranio, oro… El resultado son unos indicadores socioeconómicos desoladores, consecuentes con su riqueza o su Índice de Desarrollo Humano. La esperanza de vida apenas alcanza los sesenta años. El número de hijos por mujer anda por los cinco. El SIDA afecta a más del 5%. La población se duplica cada treinta años, absorbiendo  el magro e irregular crecimiento económico. Hay trescientos millones de jóvenes. Muchos, sin esperanza.  El resultado es una presión demográfica extrema. Y combinada con economías desestructuradas, estados inexistentes –aunque con frecuencia represores- y conflictos civiles encadenados. Por eso, una parte pequeña, quizá la más formada, de esa ingente juventud decide emigrar. ¿Dónde? A Europa. La televisión, internet, quizá amigos que ya llegaron, muestran un mundo que, si para  nosotros es insuficiente, pero ellos es pródigo. Y emprenden epopeyas de miles de kilómetros, a  veces recorridos a pie durante años. A un inmenso coste económico y personal.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">Días atrás murieron quince de ellos en una playa fronteriza cuando estaban a punto de alcanzar su meta. Se añaden a los trescientos de Lampedusa en octubre. Y a los casi 20.000 muertos durante los últimos veinte años. Marruecos, además, los usa como elemento de presión. Sin duda, la UE tiene que controlar sus fronteras. Lo contrario sería irresponsable. Pero vivimos en la era de las grandes migraciones. Y todo apunta a que las de África hacia Europa crecerán al compás de vallas y cuchillas. Como lo harán los problemas fronterizos.  Y los culturales, a medida que convivan con nosotros. Atentos a los resultados electorales europeos de mayo. África necesita, además de inversión china, un revulsivo. Pero no es empeño sencillo ni inmediato: los problemas son culturales y estructurales, y un Plan Marshall no parece viable, ni efectivo, siquiera a corto, medio plazo. Todo apunta a paliativos. A refrescar acuerdos bilaterales. Y a modular inteligentemente la vigilancia fronteriza. Un problema insoluble que tendremos que conllevar. Olvidamos que España limita con Marruecos. Una de las fronteras en paz más delicadas del mundo.</span></p>
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		<title>Asturias, demografía en viceversa</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Jan 2014 16:57:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[La demografía, esa disciplina que analiza las evoluciones de la población, trabaja con pocas variables: nacimientos y defunciones, que componen el crecimiento vegetativo, e  inmigraciones y emigraciones, componentes del migratorio. Luego hay que determinar las causas de sus fluctuaciones. Las defunciones son, desafortunadamente, las menos controlables y, salvo catástrofes, a corto plazo tienden a la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">La demografía, esa disciplina que analiza las evoluciones de la población, trabaja con pocas variables: nacimientos y defunciones, que componen el crecimiento vegetativo, e  inmigraciones y emigraciones, componentes del migratorio. Luego hay que determinar las causas de sus fluctuaciones. Las defunciones son, desafortunadamente, las menos controlables y, salvo catástrofes, a corto plazo tienden a la estabilidad.  Pero nacimientos y migraciones sí son relativamente controlables. Y más allá de paulatinos cambios culturales o tecnológicos –control de la natalidad, mejoras en los transportes,&#8230;-,  la clave de su evolución es la economía. Cuando mejora –o mejor aún, cuando mejora el mercado laboral-  y con un retardo de uno o dos años, suele aumentar la natalidad, bajar la emigración y subir la inmigración. Y viceversa.  </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Y Asturias, como toda España, está, por ahora, en “viceversa”.  Los últimos datos disponibles –de 2012, 2013 aún está por cerrar- corresponden al año del gran ajuste económico, cuando muchas cosas que parecían seguras dejaron de serlo, y que ya venía precedido por el pésimo final de 2011: el desempleo subió, los salarios se recortaron, las administraciones públicas ajustaron plantilla, la renta familiar cayó… El resultado es una merma demográfica quizá sin precedentes en España: 135.500 habitantes menos, un -0,3%. En Asturias, 9.200, un -0,8%, casi récord nacional. Y aquí hay que hacer alguna precisión. Por razones administrativas y metodológicas, los datos demográficos disponibles no siempre ajustan;  por eso, no conviene tomarlos al detalle.  Además, un año no hace calendario.  </span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">Por tanto, lo que observamos son las grandes tendencias. Y estas apuntan a que la demografía, como la economía, se congeló en 2012. Y a que, por efecto de ese retardo comentado, los efectos perdurarán, amplificados, en los balances de 2013. Hace lustros que Asturias depende  del  aporte inmigrante para mantener población. Y ese es el componente que se ha desplomado, cayendo el saldo de aproximadamente 9.000 inmigrantes en 2007/2008 a -435 en 2012. Mientras, el  vegetativo ha variado menos, pasando de -4.800 a -5.500. Sumen. El fenómeno se repite concejo a concejo. Además, se han reducido las migraciones intrarregionales –de 19.000 a 16.000- que engordaban a los municipios del  área metropolitana a costa de los demás, que ahora aguantan mejor. Por todo ello, los grandes municipios también pierden población en 2012. Sobresale el caso de Gijón,  que parece perder “un Cimadevilla”, 2.200 habitantes.  ¿Causas? La comarca de Gijón presenta hace lustros un relativamente débil pulso demográfico: sumó 10.000 habitantes en los últimos 15 años, frente a los 35.000 del alfoz de Oviedo que, apoyado en su centralidad metropolitana y quizá en una vivienda más accesible, soporta mejor la inversión del flujo inmigratorio. </span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri"><span style="font-size: small">Por tanto, Asturias y sus principales concejos están en recesión demográfica. ¿Razones?  Archisabidas: economía renqueante, modelo basado en las transferencias de rentas: externas, desde España y Europa; internas,  de mayores a jóvenes. ¿Resultado? Esa Asturias de bajísima ocupación, pérdidas de empleo “mediterráneas”  emigración juvenil, décadas acumuladas de atonía demográfica y, en consecuencia,  demografía en viceversa de récord. Por cierto, ahora que salta la alarma, ¿no será el momento de plantearse otro modelo?     </span></span></p>
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		<title>Familias a la carta</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Dec 2013 17:35:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>

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		<description><![CDATA[Poco a poco, el INE va desgranando los resultados del Censo de 2011, dibujándonos el perfil de una España que, más allá de crisis económicas o de los confusos tejemanejes de algunos nacionalistas periféricos, sigue mudando su piel, pareciéndose, cada vez más, en lo bueno y en lo malo, y pese a la depresión económica, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">Poco a poco, el INE va desgranando los resultados del Censo de 2011, dibujándonos el perfil de una España que, más allá de crisis económicas o de los confusos tejemanejes de algunos nacionalistas periféricos, sigue mudando su piel, pareciéndose, cada vez más, en lo bueno y en lo malo, y pese a la depresión económica, a los países del centro y norte de Europa. Aunque, cuando los medios hablan de un “perfil europeo” parecen olvidar que España, Italia, Irlanda, Grecia, Polonia o Eslovaquia son tan europeas –o más- que Dinamarca, Suecia o Finlandia. No confundamos. Quizá los medios insistan excesivamente, además, en los fenómenos más novedosos que nos ofrece el censo, soslayando algunos que, no por conocidos, dejan de ser los más frecuentes.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small"><a href="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2013/12/nuevas-familias.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-229" src="/que-nos-pasa/wp-content/uploads/sites/37/2013/12/nuevas-familias.jpg" alt="" width="300" height="135" srcset="https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2013/12/nuevas-familias.jpg 400w, https://static-blogs.elcomercio.es/wp-content/uploads/sites/37/2013/12/nuevas-familias-300x135.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Con todo,  los hogares españoles, como la sociedad en su conjunto, avanzan  decididos hacia la diversidad y complejidad, tanta que los hace casi inabarcables. No sé si recuerdan aquella canción de comba –o goma- un tanto ñoña que cantaban las niñas de los años 60 y 70: “soltera, casada, viuda, monja, enamorada…”. Pue bien, hoy necesitarían una vigorosa preparación física para saltar tantas veces como la casuística familiar permite.  Unas pinceladas: el hogar “típico” –padre, madre e hijos- sigue siendo el más común, pero supone ya sólo un 35% del total. Y bajando. Los hogares unipersonales alcanzan el 23%, la mayoría de menores de 65 años, consolidándose una figura que, hasta hace algunos años era infrecuente en España: un varón o, sobre todo, mujer, relativamente joven, y por lo general soltero, que vive solo. Suponen ya un 8% aproximadamente, de los hogares españoles. Los mayores –sobre todo mujeres- que viven solas siguen creciendo, constituyendo otro 10%.  Los matrimonios sin hijos –pueden ser  hogares de “nido vacío”, esto es, con hijos ya emancipados- suponen otro 21%. El resultado es que el hogar medio ha menguado en 20 años de 3,3 miembros a 2,6. Una disminución del 21%, seguramente atemperada ahora por la crisis, pero que proseguirá: en algunas sociedades del norte de Europa andan por los dos miembros por hogar…Por cierto ¿qué demanda pasada y futura de vivienda implica?</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="font-family: Calibri;font-size: small">Pero lo que más llama la atención de los medios son dos fenómenos que sí pueden considerarse novedosos. El auge de las familias reconstituidas –que reúnen hijos de varias uniones previas, por ejemplo- que se duplican desde 2001, y las parejas de hecho, que se triplican. Más de la mitad de las parejas constituidas a lo largo de la década lo son, alcanzando ya un peso notable –un 10%- aunque las reconstituidas apenas llegan al 3% del total.  Más escasos son aún los hogares homosexuales: el 0,4% del total. Ahora combinen tipos de hogar con estado civil y las variantes se multiplicarán. Ya no podemos hablar de la familia media española. Porque no existe.  Todo parece hacerse fluido y cambiante, convirtiendo nuestras sociedades en complejos espacios líquidos, de vínculos –no solo familiares: profesionales, personales, territoriales, políticos…- cada vez más débiles, cambiantes  y fugaces. En este caso, familias a la carta.</span></p>
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		<title>Urgencias y ambiciones demográficas</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Nov 2013 16:16:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jacobo Blanco</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[economía]]></category>

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		<description><![CDATA[Se ha celebrado esta semana el I Encuentro Demográfico Interterritorial, que reunió a representantes de Galicia, Castila y León y, claro, Asturias. A nadie se le oculta ya que la demografía constituye un problema capital para regiones como la nuestra. Y no sólo por comprometer la supervivencia de Asturias –pese a que la pérdida de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Se ha celebrado esta semana el I Encuentro Demográfico Interterritorial, que reunió a representantes de Galicia, Castila y León y, claro, Asturias. A nadie se le oculta ya que la demografía constituye un problema capital para regiones como la nuestra. Y no sólo por comprometer la supervivencia de Asturias –pese a que la pérdida de población podría paliarse con inmigración- sino por sus consecuencias económicas y presupuestarias a corto, medio y largo plazo. Fíjense: la suma de pensiones  y del gasto en salud de los mayores de 65 años –la mitad del total- supone en torno al 16% del PIB. El gasto en educación supone menos de la tercera parte. Los mayores también consumen menos. Una sociedad envejecida es más cara que otra más joven.</p>
<p style="text-align: justify">Ahora bien, nuestra alicaída demografía es  trasunto de problemas más hondos. Y pienso, sobre todo, en la estrechez, tanto en cantidad como en calidad, del mercado laboral español y, no digamos, del asturiano.  Hay una clara correlación entre pujanza laboral y demográfica. Intervienen, por supuesto, más variables, culturales, gasto público, o algo tan intangible como la confianza en el futuro. Por eso Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Holanda o Suecia bordean la tasa de reemplazo. Una síntesis reveladora de esa combinación de envejecimiento y empleo escaso: en octubre,  las pensiones los jubilados asturianos supusieron ¡835€! por cada trabajador.</p>
<p style="text-align: justify">Sin duda, es razonable establecer ahora alianzas territoriales de urgencia con el objetivo en potenciar  variables como la dispersión demográfica o el envejecimiento al fijar la financiación regional. Pero, a largo plazo, seguramente deberían ser más ambiciosas, dibujando estrategias a largo para que se genere  empleo, abundante y de calidad, que siente bases para la regeneración  poblacional.</p>
<p style="text-align: justify">A modo de ejemplo: fijémonos en nuestro medio rural, con su potencial atrapado en una espiral que amenaza no ya con su envejecimiento, sino con su despoblación. Sin duda, es una tendencia compartida con buena parte del agro europeo y estadounidense. Pero no en tan alarmantes proporciones.  De seguir la tendencia actual, algunos municipios desaparecerán en dos generaciones, dejando paso a… ¿la silva? Superespecializado progresivamente en bovino, pastos y forrajes, nuestro agro quizá necesite una revolución. Girar 180º. Involucrando a propietarios e inversores en estrategias que, manteniendo la especialización, eviten el monocultivo. Estimulando la cooperación –¡ay!- entre productores, proporcionándoles músculo financiero y reduciendo su endeudamiento. Explorando productos que aporten valor añadido: dulces, quesos, orujos, mieles,… Lo orgánico y lo ecológico. Buscando marcas y acceso a canales de comercialización.  O apostando por la producción  científica de manzana, ligada a sidras de calidad y a otros derivados. Y la madera. Y también, sí, turismo rural de calidad. Y todo en el marco de una estrategia territorial y administrativa muy ceñida al territorio. Insuficiente quizá para detener el vaciamiento de nuestro medio rural, pero sí para ralentizarlo. Nada que no se haga en otros países.  O en Asturias. Porque supimos hacerlo: miremos, por ejemplo,  al plan de los Oscos hace 25 años. Sus benéficos efectos aún se sienten. <em>Aggiornando</em> esa experiencia, y a otra escala… ¿sabríamos ahora?</p>
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